Categoría: Estado Social

14 estrategias con las que los gobiernos manipulan a la opinión pública.

engranajesrotosHoy creo de interés enumerar y comentar aquí las estrategias y tretas más relevantes y evidentes, señaladas por Inés Calzada y Eloísa del Pino en el volumen compilado por esta última y Mª Josefa Rubio Lara Los Estados de Bienestar en la encrucijada, usadas por los distintos gobiernos para evitar por todos los medios ser culpados de las decisiones más impopulares o abiertamente contraproducentes para el común de la ciudadanía al tiempo que, habitualmente, favorables a los intereses de los lobbies que más generosos se muestran con la financiación en A y B de los partidos y/o determinados cargos y, por tanto, mayor poder ejercen en el seno de las organizaciones.

1-    Deja para mañana lo que puedas hacer hoy. Cuando los gobiernos preveen adoptar medidas impopulares respecto a determinados asuntos pueden tratar de retrasar la entrada del tema en la agenda el máximo de tiempo posible para no generar situaciones de culpa. En este sentido, parece resultar obvio que las decisiones impopulares castigan más en términos electorales a los gobiernos cuanto más cerca del periodo electoral se adoptan. Una variante de esta estrategia, posibilitada por la “mala memoria” de los votantes, consiste en diseñar la agenda de medidas impopulares y recortes de forma que el grueso de disposiciones más severas se tomen al principio de la legislatura para, el último año, ante la proximidad de las elecciones adoptar algunas medidas cosméticas de menor calado con el fin de congraciarse con el electorado. Dicho en términos más gráficos: quitan hoy 100 para devolver mañana 5 y parecer en el último momento como generosos y providentes ante la opinión pública con ayuda de los medios de comunicación de masas bajo su órbita de control. Esta parece ser una estrategia evidente adoptada por el gobierno de Mariano Rajoy en España y otros gobiernos autonómicos.

2-    No hay bien que por mal no venga. Si los políticos no pueden soslayar una situación en la que necesiten estrategias para evitar ser penalizados por los votantes; una posible maniobra es redefinir el tema de forma que las pérdidas se presenten como ganancias. Por ejemplo, recortes en pilares básicos del Estado de Bienestar como sanidad o pensiones se presentan como medidas positivas tendentes a garantizar la sostenibilidad del sistema. Paralelamente a este tipo de maniobras, suelen diseñarse campañas a varios niveles, desde el mediático al académico, de redefinición de marcos ya que, si la idea de bienestar está socialmente construida, también pueda construirse la necesidad de su reforma.

3-    Más vale tarde que nunca. Ante decisiones que impliquen pérdidas para los votantes que no pueden ni evitarse ni suavizarse, los gobiernos pueden tratar de comprar tiempo. Por ejemplo, retrasar la edad de jubilación para demorar el efecto de los recortes de forma que solo los que se jubilen dentro de unos años perciban que les ha costado más tiempo conseguir una pensión que, además, es menos generosa. El jubilado del futuro ve demasiado lejos su pensión como para castigar hoy sus recortes.

4-    Escurrir el bulto. Intentando que sea otro el que asuma la decisión impopular. Suele ser útil en estados multinivel donde el gobierno central puede “pasar la pelota” transfiriendo la responsabilidad de los recortes a los gobiernos subnacionales o viceversa.

5-    El chivo expiatorio. Se disminuyen sensiblemente los riesgos electorales cuando los gobiernos encuentran a alguien a quien culpar de las decisiones impopulares. Se puede acusar a los predecesores, la famosa “herencia recibida” pregonada a todos los niveles actualmente por el PP; o recurrir a chivos expiatorios diversos como el FMI, la UE, estados terceros como Alemania o Grecia, etc.

6-    Subirse (o bajarse) del carro a tiempo. Un partido en la oposición debe plantearse si es conveniente apoyar al gobierno cuando este pretende realizar recortes impopulares incluso estando de acuerdo con tales recortes, si, de todos modos, el gobierno logrará aprobarlo, por ejemplo, al disponer de mayoría absoluta en el parlamento. En estos casos, un partido de la oposición con expectativas reales de ganar las elecciones puede preservar sus apoyos entre lobbies y votantes (dependiendo de lo que se valore más atendiendo a diversos criterios) y/o ganar nuevos, subiéndose al carro o no de tales medidas. El único requisito clave es que la postura inicial no haya resultado demasiado evidente a fin de no ser tachado de oportunista. Una variante encubierta que implica un apoyo tácito a la política de recortes y otras decisiones, poco confesables fuera de ciertos conciliábulos en los que las oligarquías financieras mueven sus hilos, del gobierno Rajoy puede ser ejemplificada a través del ofrecimiento del líder oficial del PSOE, Rubalcaba, de establecer un pacto sobre la UE. Pacto que también puede servir para ejemplificar el siguiente punto.

7-    Cerrar filas. El gobierno suele tratar de conseguir apoyo a la hora de afrontar decisiones complicadas, arriesgadas, prevaricantes o claramente dolosas con la esperanza de que el consenso y la multiplicidad de cómplices difumine la culpa. Los partidos de derechas como el PP suelen ser más propensos a desear liquidar al Estado de Bienestar, pero si logran el apoyo de partidos de la teórica izquierda o de los sindicatos, la ciudadanía tenderá a pensar que los recortes eran imprescindibles. La estrategia será especialmente necesaria si el partido que propone los recortes tiene enfrente a otro, al que los ciudadanos consideren más garante y defensor del Estado de Bienestar, con posibilidades de ganar las elecciones. La maniobra será más importante aún si se gobierna por mayoría absoluta ya que si las decisiones impopulares se asumen en soledad, el partido en el gobierno será percibido como el único culpable.

8-    Sujétame que no respondo de mí. Magnífico ejemplo de esta estrategia es la modificación con agosticidad y alevosía por parte del PP y del PSOE del artículo 135 de la Constitución Española introduciendo el principio de equilibrio presupuestario que impide un déficit estructural mayor que el 0,4% salvo causas muy excepcionales. Este principio ata las manos a los políticos sobre el déficit y siempre podrá ser invocado para justificar recortes o no gastar en determinadas partidas que, “casualmente”, suelen estar siempre relacionadas en mayor o menor medida con el Estado de Bienestar o las funciones redistributivas del Estado.

9-    Yo no quiero per los datos no me dejan margen. Se puede emplear la contabilidad creativa e incluso mentiras empleando los datos de forma asimétrica, espuria o recurriendo a la parte de ellos que más conviene. Para justificar recortes en el gasto relacionado con el Estado provisor y de Bienestar, suele recurrirse a presentar datos de fraudes o abusos del sistema así como datos sobre los costes de las prestaciones y servicios sin mencionar los beneficios que producen a gran escala y largo plazo.

10-  De todas formas habrá que hacerlo. Sea quien sea el que gobierne y será peor si no se hace. Un gobierno de teórica izquierda como el del PSOE puede aducir que los recortes serán peores si llega al poder una derecha neoliberal declarada como la del PP. Desde el estallido de la crisis financiera de 2008, los gobiernos del sur de Europa amenazaban con que si no hacían los recortes, llegarían los hombres de negro, en alusión a los funcionarios de la UE, con medidas peores.

11-  Agosticidad y alevosía. Cuando los gobiernos tratan de disimular los recortes, por ejemplo, adoptándolos en periodos vacacionales, tratando así de evitar la movilización social. De nuevo, el ejemplo de la modificación del artículo 135 de la Constitución perpetrada por PSOE y PP nos sirve para ilustrar una estrategia.

12-  Divide y vencerás. Fragmentar a la ciudadanía con los recortes, enfrentando, por ejemplo, a los trabajadores del sector público con los del sector privado, a las escuelas públicas con las concertadas, a los ricos con los pobres, etc. Tratando de que todos olviden de que el Estado de Bienestar proporciona beneficios al común de la ciudadanía en su conjunto.

13-  Los niños y las minorías primero… Consiste en recortar primero prestaciones y servicios a los más desfavorecidos y a las minorías (por ejemplo los pobres y los discapacitados) que no son respaldados por ningún grupo de presión o, si lo tienen, carecen de capacidad de movilización o de los recursos financieros necesarios para engrasar las maquinarias de eso en lo que han degenerado los, otrora, dignos de ser llamados partidos políticos.

14-  Diversifica los riesgos. En los estados de tipo multinivel como el español, el gobierno puede aliarse con los gobiernos subnacionales de su mismo color para hacer las reformas en distintos periodos de modo que las posibles movilizaciones no se produzcan al tiempo.

A buen seguro que todos los lectores podréis encontrar múltiples y variados ejemplos de actualidad que ilustren cada una de la estrategias mencionadas. Os invito a que los compartáis con nosotros.

Por qué la sanidad debe ser pública y universal

Apuntes a trazo grueso:

Resulta evidente que el ámbito sanitario posee rasgos específicos que lo diferencian de otros sectores económicos ya que atención sanitaria es un derecho humano básico del mismo modo que lo es el derecho a la salud. El recrudecimiento, aprovechando la ventana de oportunidad abierta por la crisis financiera global convertida en crisis fiscal, de las agresiones contra el Estado Social de Derecho y Bienestar, por parte de la ideología neoliberal imperante en las instituciones que instrumentalizan el poder político en la Unión Europea y en España, ha promovido una campaña multimediática a favor de la privatización, más o menos evidente, de los servicios sanitarios como medio para introducir la eficiencia de los mecanismos de mercado en su gestión. Dicha campaña está diseñada con el objetivo de que la opinión pública olvide que “el mercado” incumple de manera sistemática las condiciones básicas necesarias para ejercer como adjudicador eficiente de recursos y proveedor eficaz de servicios sanitarios.

Por un lado, en el sector sanitario existe una fuerte asimetría de la información relacionada con la naturaleza especializada, cuyo dominio está solo al alcance de la oferta, de los conocimientos médicos y tratamientos lo que supone, entre otras, una clara violación de la condición de información perfecta y su libre flujo imprescindible para el funcionamiento de un determinado mercado y que fácilmente puede derivar en prácticas tendentes a potenciar una demanda inducida por la oferta. Por otro lado, resulta más que discutible la existencia de una competencia perfecta en el sector sanitario cuando la oferta puede ser muy fácilmente controlada a través de acuerdos oligopolísticos tanto entre las empresas aseguradoras como entre las empresas sanitarias, por no mencionar ya concentraciones similares a las Healt Maintenance Organisations que aúnan las funciones de financiación y provisión de servicios sanitarios. Por último, tampoco se cumple la premisa relativa a la inexistencia de externalidades negativas puesto que, por ejemplo, la falta de acceso de un individuo o colectivo al servicio de salud puede suponer una amenaza para el resto de la población en el caso de las enfermedades infecto contagiosas.

El modelo sanitario privado se caracteriza por el importante papel jugado por el mercado tanto desde el lado de la financiación como en el de la prestación de servicios sanitarios. Este modelo destaca por dejar de facto sin cobertura a importantes segmentos de la población que no pueden permitirse el aseguramiento sanitario; por su alto coste tanto en términos de porcentaje de riqueza nacional destinada como de proporción de gasto público dedicado a los programas de aseguramiento público (debido a la estructura de incentivos que incrementan los costes), y por la notable segmentación de los niveles de cobertura y calidad de atención sanitaria en función de la renta de los pacientes.

Por el contrario, los modelos sanitarios de carácter universalista incluyen a la práctica totalidad de la población bajo el paraguas del sistema sanitario público con lo que se evita la exclusión de determinados colectivos con menor capacidad económica al tiempo que sus estructuras de incentivos básicas se comportan de forma más eficiente a la hora de contener los costes y se reduce sensiblemente la segmentación de la atención sanitaria en función de la renta o el status de los pacientes. En general, los sistemas sanitarios universalistas responden de forma adecuada a los fallos del mercado limitando la actuación del mismo a aquellos ámbitos en los que, supervisado por las administraciones sanitarias, puede contribuir a mejorar la eficiencia en la prestación del servicio.

FUENTE: OCDE 2012

FUENTE: OCDE 2012