Categoría: Estado Social

Inteligencia artificial ética y al servicio de la Humanidad

CapturaLeo en el reporte anual de la revista WIRED, The World in 2018, un resumen sobre las tendencias tecnológicas y su impacto en la configuración de un futuro, tan próximo que ya casi es presente. Entre otras cuestiones señaladas, queda muy claro que la humanidad se enfrenta a una variedad de desafíos caracterizados por su gran complejidad e interdependencia: cambio climático; migraciones; desigualdad; alimentación, educación y asistencia sanitaria de una población mundial en constante expansión. Cada uno de ellos, por sí mismo, con potencial para desencadenar oleadas de conflictos, intra y supra estatales, a lo largo y ancho del globo capaces de provocar dinámicas de consecuencias catastróficas a una escala nunca antes conocida. La inteligencia artificial (AI) podría desempeñar un papel muy importante a la hora de ayudarnos a abordar estos problemas de forma objetiva y creativa. Aunque la propia integración de la inteligencia artificial es en sí misma un desafío sistémico para la humanidad con capacidad para agravar las consecuencias de todos los demás, convenientemente gestionada, la IA podría ayudar a solventarlos o paliar sus consecuencias. Por eso, los estudios relativos a los impactos éticos, sociales, políticos y en materia de seguridad de la inteligencia artificial, así como el diseño de estrategias de actuación, son una de las áreas de trabajo más apremiantes. Se trata de conseguir que la IA trabaje para las personas, el planeta y la justicia social.

Corremos el riesgo de imbuir a la IA de la misma miopía, parcialidad y sesgos que siempre han afectado a los humanos. Va a resultar necesario enseñar a la inteligencia artificial cómo aprender y trabajar sin los prejuicios deslizados inadvertidamente por sus programadores. La gestión de recursos humanos, la concesión o denegación crediticia y de aseguramiento o el acceso a determinadas ventajas, ayudas y subvenciones concedidas por las administraciones públicas, son determinados de modo algorítmico. Sin embargo, la mayoría de los algoritmos empleados por los sistemas inteligentes son cajas negras que solamente unos cuantos están capacitados para comprender e, incluso, como en el caso de la inteligencias artificiales más avanzadas, dotadas con deep learning y diseñadas a modo de redes neuronales convolutivas, ningún ser humano las comprende en su totalidad. Si la IA se va a utilizar cada vez en mayor medida para tomar decisiones trascendentes en relación a nuestras vidas, es imprescindible asegurarse de que sus algoritmos, complejos y dinámicos, no amplifiquen los prejuicios negativos de la sociedad que los ha creado.

El informe publicado por la Universidad de Stanford en 2016, One Hundred Year Study on Artificial Intelligence (AI100), hacía también hincapié en que las aplicaciones de IA y los datos en los que se basan pueden acabar reflejando los sesgos de sus diseñadores y usuarios, lo que amenaza con profundizar los prejuicios sociales existentes y concentrar los beneficios de la IA de manera desigual entre los distintos grupos y estratos de la sociedad.

En relación a ello, están las cuestiones sobre la privacidad y la vigilancia con sistemas de inteligencia artificial, especialmente en las ciudades que, cada vez en mayor medida, cuentan con un amplio despliegue de dispositivos, incluidos los artilugios portátiles personales que los propios individuos llevan encima. Dado que los puntos de vista sobre el sesgo y la privacidad se basan en juicios éticos y de valores personales y sociales, los debates sobre cómo abordar estas cuestiones no deben soslayarse aunque se resistan a una resolución rápida y a consensos amplios. Del mismo modo, dado que la IA está generando una riqueza significativa, debe abordarse la forma en que los frutos económicos de las tecnologías de IA deben ser compartidos, especialmente a medida que la experiencia en IA y los conjuntos de datos subyacentes que alimentan las aplicaciones se concentran aceleradamente en un pequeño número de grandes corporaciones.

El principal objetivo de la inteligencia artificial debe ser crear valor para la sociedad.

Deben diseñarse estrategias que mejoren nuestra capacidad para interpretar los sistemas de IA y participar en su uso para ayudar a crear confianza y prevenir fallos dramáticos. Se debe tener especial cuidado en aumentar y mejorar las capacidades humanas y la interacción para evitar la discriminación de determinados segmentos de la sociedad. La IA permitirá la creación y acumulación de riqueza de forma acelerada por lo que es necesario con carácter de urgencia un debate social sobre cómo compartir los frutos de estas nuevas aplicaciones de la tecnología. La medida del éxito de las aplicaciones de la IA es el valor que crean para los seres humanos. En el futuro, la facilidad con la que las personas utilicen y se adapten a las aplicaciones de IA determinará en gran medida su éxito. Puesto que las aplicaciones de inteligencia artificial son susceptibles a errores y fallos, una muestra de su éxito será la forma en que los usuarios perciban y toleren sus deficiencias. A medida que la IA se incorpora en la vida cotidiana y se utiliza para tareas más críticas, los errores pueden conducir a reacciones de rechazo por parte de los usuarios y afectar negativamente a su confianza.

Asimismo, la IA podría ampliar las desigualdades de oportunidad existentes si su acceso, (junto con la computación de alta capacidad y los datos a gran escala que alimentan a muchas de sus aplicaciones) se distribuye injustamente por toda la sociedad, ya que estas tecnologías potenciarán enormemente las capacidades y la eficacia de las personas, empresas y odministraciones públicas que tengan acceso a ellas, en detrimento de los excluidos.

Para ayudar a abordar estas inquietudes e incertidumbres acerca de las implicaciones individuales y sociales de las tecnologías de IA en rápida evolución, el Panel de Estudio de Stanford ha elaborado tres directrices generales para diseñar las políticas de actuación.

  • 1. Definir un itinerario para la adquisición de experiencia técnica en inteligencia artificial en todos los niveles de gobierno. La gobernanza eficaz requiere más expertos que comprendan y puedan analizar las interacciones entre las tecnologías de IA, los objetivos programáticos y los valores sociales generales.
  • 2. Eliminar los impedimentos percibidos y reales para la investigación sobre la equidad, seguridad, privacidad e impactos sociales de los sistemas de IA. Los sistemas de IA patentados deberían poder ser sometidos a ingeniería inversa y evaluados por académicos, periodistas y otros investigadores. Esta investigación es fundamental si los sistemas de inteligencia artificial con repercusiones en múltiples áreas fundamentales para el ser humano deben ser debidamente investigados y controlados.
  • 3. Aumentar la financiación pública y privada para estudios interdisciplinares de los impactos sociales de la IA.

En los próximos años, a medida que el común de la ciudadanía se encuentre con nuevas aplicaciones de IA en ámbitos como, por ejemplo, el transporte y la salud, éstas deben introducirse de manera que fomenten la confianza y la comprensión, respetando los derechos humanos y civiles. Al tiempo que fomentan la innovación, las políticas y los procesos deben abordar las implicaciones éticas, de privacidad, seguridad y justicia social, asegurando que los beneficios de las tecnologías de inteligencia artificial se difundan amplia y equitativamente.

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Robótica, inteligencia artificial, impuestos y renta básica universal

stock-photo-metallic-reflective-digital-female-representation-android-robotics-ai-hacker-humanoid-11e0f893-0f70-4c61-bf9c-b236db083177Una de las entradas en el blog de Enrique Dans me ha dado la excusa para volver a dedicar un ratito a escribir en relación al debate sobre la imposición especial al uso de robótica e #IA, en función de la cantidad de horas de trabajo humano sustituidas.

Esta polémica resulta, cuanto menos, útil para captar la atención y enfocarla sobre la cuestión principal: el establecimiento de mecanismos redistributivos de renta, diseñados con criterios de igualación de oportunidades, justicia y cohesión social, que compensen la tendencia acelerada a la acumulación de riqueza en los individuos y corporaciones situados en la clave de la pirámide del sistema económico globalista. Riqueza generada, en términos agregados, a costa del progresivo empobrecimiento de los estratos menos favorecidos.

Como ya han indicado muchos académicos de distintas especialidades, los avances tecnológicos son uno de los principales motores de productividad, crecimiento económico y prosperidad. Sin embargo, la revolución informática, digital y robótica es también un importante generador de desigualdad en varios aspectos:

– favorece a en mayor medida a los trabajadores más cualificados frente a los de menor capacitación;

– incrementa aceleradamente el beneficio a los poseedores de capital frente a las rentas generadas por el trabajo humano;

– puede agravar algunos de los aspectos más preocupantes del globalismo, reduciendo el empleo y limitando el crecimiento salarial para los trabajadores de ingresos medios, particularmente en la industria manufacturera y los servicios comercializables;

– aumenta las ventajas, relativas y absolutas, de los más favorecidos económicamente y/o de los más afortunados, generando, además, rentas en mercados extremadamente imperfectos.

Diversos pronósticos indican que el 47% de los empleos en EEUU correrán peligro en los próximos 20 años. Por otro lado, un informe de McKinsey publicado en 2017 sugiere que la #AI podría eliminar la mitad de los puestos de trabajo actuales para 2035 ¿Cómo se ganará la vida el 50 por ciento de la humanidad si no tiene trabajo?
En el pasado, las innovaciones tecnológicas cambiaron los modos productivos de sectores económicos enteros (por ejemplo, la mecanización de la agricultura), aunque la tendencia general fue la de aumentar la productividad y el empleo. Históricamente, a medida que un sector debilitaba la demanda de empleados, otro sector absorbía, como mínimo, buena parte de la mano de obra desocupada.
Esta nueva fase de automatización será cualitativamente diferente. La era industrial introdujo nuevas maneras de extender la productividad del cuerpo humano. La era de la información y la
#AI está extendiendo ahora la productividad de la mente humana. Al hacerlo, esta nueva era de automatización afecta a todo el espectro de mano de obra. Una nueva generación de sofisticado software guía a los robots y desempeña otras funciones menos visibles de los procesos, no sólo en el área del trabajo “físico” y tangible.
A medida que el software mejora su capacidad de asumir más tareas cognitivas, las medidas orientadas a la recapacitación y educación de los trabajadores desplazados pierden eficacia. No habrá, probablemente, otros sectores económicos que estén disponibles como redes de seguridad para absorber a los desempleados desplazados. Para complicar aún más las cosas, algunos lugares del mundo y determinados estratos de la sociedad experimentarán el impacto de estas aplicaciones tecnológicas aceleradas a distintas velocidades.
Si no es una Renta Básica Universal sufragada con impuestos especiales al empleo de #robótica e #IA, tendrán que ser otras medidas las que solucionen el problema. Más vale diseñarlas ya para que puedan encuadrarse en el marco de las libertades y el respeto a la vida, la salud y la dignidad humanas.

14 estrategias con las que los gobiernos manipulan a la opinión pública.

engranajesrotosHoy creo de interés enumerar y comentar aquí las estrategias y tretas más relevantes y evidentes, señaladas por Inés Calzada y Eloísa del Pino en el volumen compilado por esta última y Mª Josefa Rubio Lara Los Estados de Bienestar en la encrucijada, usadas por los distintos gobiernos para evitar por todos los medios ser culpados de las decisiones más impopulares o abiertamente contraproducentes para el común de la ciudadanía al tiempo que, habitualmente, favorables a los intereses de los lobbies que más generosos se muestran con la financiación en A y B de los partidos y/o determinados cargos y, por tanto, mayor poder ejercen en el seno de las organizaciones.

1-    Deja para mañana lo que puedas hacer hoy. Cuando los gobiernos preveen adoptar medidas impopulares respecto a determinados asuntos pueden tratar de retrasar la entrada del tema en la agenda el máximo de tiempo posible para no generar situaciones de culpa. En este sentido, parece resultar obvio que las decisiones impopulares castigan más en términos electorales a los gobiernos cuanto más cerca del periodo electoral se adoptan. Una variante de esta estrategia, posibilitada por la “mala memoria” de los votantes, consiste en diseñar la agenda de medidas impopulares y recortes de forma que el grueso de disposiciones más severas se tomen al principio de la legislatura para, el último año, ante la proximidad de las elecciones adoptar algunas medidas cosméticas de menor calado con el fin de congraciarse con el electorado. Dicho en términos más gráficos: quitan hoy 100 para devolver mañana 5 y parecer en el último momento como generosos y providentes ante la opinión pública con ayuda de los medios de comunicación de masas bajo su órbita de control. Esta parece ser una estrategia evidente adoptada por el gobierno de Mariano Rajoy en España y otros gobiernos autonómicos.

2-    No hay bien que por mal no venga. Si los políticos no pueden soslayar una situación en la que necesiten estrategias para evitar ser penalizados por los votantes; una posible maniobra es redefinir el tema de forma que las pérdidas se presenten como ganancias. Por ejemplo, recortes en pilares básicos del Estado de Bienestar como sanidad o pensiones se presentan como medidas positivas tendentes a garantizar la sostenibilidad del sistema. Paralelamente a este tipo de maniobras, suelen diseñarse campañas a varios niveles, desde el mediático al académico, de redefinición de marcos ya que, si la idea de bienestar está socialmente construida, también pueda construirse la necesidad de su reforma.

3-    Más vale tarde que nunca. Ante decisiones que impliquen pérdidas para los votantes que no pueden ni evitarse ni suavizarse, los gobiernos pueden tratar de comprar tiempo. Por ejemplo, retrasar la edad de jubilación para demorar el efecto de los recortes de forma que solo los que se jubilen dentro de unos años perciban que les ha costado más tiempo conseguir una pensión que, además, es menos generosa. El jubilado del futuro ve demasiado lejos su pensión como para castigar hoy sus recortes.

4-    Escurrir el bulto. Intentando que sea otro el que asuma la decisión impopular. Suele ser útil en estados multinivel donde el gobierno central puede “pasar la pelota” transfiriendo la responsabilidad de los recortes a los gobiernos subnacionales o viceversa.

5-    El chivo expiatorio. Se disminuyen sensiblemente los riesgos electorales cuando los gobiernos encuentran a alguien a quien culpar de las decisiones impopulares. Se puede acusar a los predecesores, la famosa “herencia recibida” pregonada a todos los niveles actualmente por el PP; o recurrir a chivos expiatorios diversos como el FMI, la UE, estados terceros como Alemania o Grecia, etc.

6-    Subirse (o bajarse) del carro a tiempo. Un partido en la oposición debe plantearse si es conveniente apoyar al gobierno cuando este pretende realizar recortes impopulares incluso estando de acuerdo con tales recortes, si, de todos modos, el gobierno logrará aprobarlo, por ejemplo, al disponer de mayoría absoluta en el parlamento. En estos casos, un partido de la oposición con expectativas reales de ganar las elecciones puede preservar sus apoyos entre lobbies y votantes (dependiendo de lo que se valore más atendiendo a diversos criterios) y/o ganar nuevos, subiéndose al carro o no de tales medidas. El único requisito clave es que la postura inicial no haya resultado demasiado evidente a fin de no ser tachado de oportunista. Una variante encubierta que implica un apoyo tácito a la política de recortes y otras decisiones, poco confesables fuera de ciertos conciliábulos en los que las oligarquías financieras mueven sus hilos, del gobierno Rajoy puede ser ejemplificada a través del ofrecimiento del líder oficial del PSOE, Rubalcaba, de establecer un pacto sobre la UE. Pacto que también puede servir para ejemplificar el siguiente punto.

7-    Cerrar filas. El gobierno suele tratar de conseguir apoyo a la hora de afrontar decisiones complicadas, arriesgadas, prevaricantes o claramente dolosas con la esperanza de que el consenso y la multiplicidad de cómplices difumine la culpa. Los partidos de derechas como el PP suelen ser más propensos a desear liquidar al Estado de Bienestar, pero si logran el apoyo de partidos de la teórica izquierda o de los sindicatos, la ciudadanía tenderá a pensar que los recortes eran imprescindibles. La estrategia será especialmente necesaria si el partido que propone los recortes tiene enfrente a otro, al que los ciudadanos consideren más garante y defensor del Estado de Bienestar, con posibilidades de ganar las elecciones. La maniobra será más importante aún si se gobierna por mayoría absoluta ya que si las decisiones impopulares se asumen en soledad, el partido en el gobierno será percibido como el único culpable.

8-    Sujétame que no respondo de mí. Magnífico ejemplo de esta estrategia es la modificación con agosticidad y alevosía por parte del PP y del PSOE del artículo 135 de la Constitución Española introduciendo el principio de equilibrio presupuestario que impide un déficit estructural mayor que el 0,4% salvo causas muy excepcionales. Este principio ata las manos a los políticos sobre el déficit y siempre podrá ser invocado para justificar recortes o no gastar en determinadas partidas que, “casualmente”, suelen estar siempre relacionadas en mayor o menor medida con el Estado de Bienestar o las funciones redistributivas del Estado.

9-    Yo no quiero per los datos no me dejan margen. Se puede emplear la contabilidad creativa e incluso mentiras empleando los datos de forma asimétrica, espuria o recurriendo a la parte de ellos que más conviene. Para justificar recortes en el gasto relacionado con el Estado provisor y de Bienestar, suele recurrirse a presentar datos de fraudes o abusos del sistema así como datos sobre los costes de las prestaciones y servicios sin mencionar los beneficios que producen a gran escala y largo plazo.

10-  De todas formas habrá que hacerlo. Sea quien sea el que gobierne y será peor si no se hace. Un gobierno de teórica izquierda como el del PSOE puede aducir que los recortes serán peores si llega al poder una derecha neoliberal declarada como la del PP. Desde el estallido de la crisis financiera de 2008, los gobiernos del sur de Europa amenazaban con que si no hacían los recortes, llegarían los hombres de negro, en alusión a los funcionarios de la UE, con medidas peores.

11-  Agosticidad y alevosía. Cuando los gobiernos tratan de disimular los recortes, por ejemplo, adoptándolos en periodos vacacionales, tratando así de evitar la movilización social. De nuevo, el ejemplo de la modificación del artículo 135 de la Constitución perpetrada por PSOE y PP nos sirve para ilustrar una estrategia.

12-  Divide y vencerás. Fragmentar a la ciudadanía con los recortes, enfrentando, por ejemplo, a los trabajadores del sector público con los del sector privado, a las escuelas públicas con las concertadas, a los ricos con los pobres, etc. Tratando de que todos olviden de que el Estado de Bienestar proporciona beneficios al común de la ciudadanía en su conjunto.

13-  Los niños y las minorías primero… Consiste en recortar primero prestaciones y servicios a los más desfavorecidos y a las minorías (por ejemplo los pobres y los discapacitados) que no son respaldados por ningún grupo de presión o, si lo tienen, carecen de capacidad de movilización o de los recursos financieros necesarios para engrasar las maquinarias de eso en lo que han degenerado los, otrora, dignos de ser llamados partidos políticos.

14-  Diversifica los riesgos. En los estados de tipo multinivel como el español, el gobierno puede aliarse con los gobiernos subnacionales de su mismo color para hacer las reformas en distintos periodos de modo que las posibles movilizaciones no se produzcan al tiempo.

A buen seguro que todos los lectores podréis encontrar múltiples y variados ejemplos de actualidad que ilustren cada una de la estrategias mencionadas. Os invito a que los compartáis con nosotros.

Por qué la sanidad debe ser pública y universal

Apuntes a trazo grueso:

Resulta evidente que el ámbito sanitario posee rasgos específicos que lo diferencian de otros sectores económicos ya que atención sanitaria es un derecho humano básico del mismo modo que lo es el derecho a la salud. El recrudecimiento, aprovechando la ventana de oportunidad abierta por la crisis financiera global convertida en crisis fiscal, de las agresiones contra el Estado Social de Derecho y Bienestar, por parte de la ideología neoliberal imperante en las instituciones que instrumentalizan el poder político en la Unión Europea y en España, ha promovido una campaña multimediática a favor de la privatización, más o menos evidente, de los servicios sanitarios como medio para introducir la eficiencia de los mecanismos de mercado en su gestión. Dicha campaña está diseñada con el objetivo de que la opinión pública olvide que “el mercado” incumple de manera sistemática las condiciones básicas necesarias para ejercer como adjudicador eficiente de recursos y proveedor eficaz de servicios sanitarios.

Por un lado, en el sector sanitario existe una fuerte asimetría de la información relacionada con la naturaleza especializada, cuyo dominio está solo al alcance de la oferta, de los conocimientos médicos y tratamientos lo que supone, entre otras, una clara violación de la condición de información perfecta y su libre flujo imprescindible para el funcionamiento de un determinado mercado y que fácilmente puede derivar en prácticas tendentes a potenciar una demanda inducida por la oferta. Por otro lado, resulta más que discutible la existencia de una competencia perfecta en el sector sanitario cuando la oferta puede ser muy fácilmente controlada a través de acuerdos oligopolísticos tanto entre las empresas aseguradoras como entre las empresas sanitarias, por no mencionar ya concentraciones similares a las Healt Maintenance Organisations que aúnan las funciones de financiación y provisión de servicios sanitarios. Por último, tampoco se cumple la premisa relativa a la inexistencia de externalidades negativas puesto que, por ejemplo, la falta de acceso de un individuo o colectivo al servicio de salud puede suponer una amenaza para el resto de la población en el caso de las enfermedades infecto contagiosas.

El modelo sanitario privado se caracteriza por el importante papel jugado por el mercado tanto desde el lado de la financiación como en el de la prestación de servicios sanitarios. Este modelo destaca por dejar de facto sin cobertura a importantes segmentos de la población que no pueden permitirse el aseguramiento sanitario; por su alto coste tanto en términos de porcentaje de riqueza nacional destinada como de proporción de gasto público dedicado a los programas de aseguramiento público (debido a la estructura de incentivos que incrementan los costes), y por la notable segmentación de los niveles de cobertura y calidad de atención sanitaria en función de la renta de los pacientes.

Por el contrario, los modelos sanitarios de carácter universalista incluyen a la práctica totalidad de la población bajo el paraguas del sistema sanitario público con lo que se evita la exclusión de determinados colectivos con menor capacidad económica al tiempo que sus estructuras de incentivos básicas se comportan de forma más eficiente a la hora de contener los costes y se reduce sensiblemente la segmentación de la atención sanitaria en función de la renta o el status de los pacientes. En general, los sistemas sanitarios universalistas responden de forma adecuada a los fallos del mercado limitando la actuación del mismo a aquellos ámbitos en los que, supervisado por las administraciones sanitarias, puede contribuir a mejorar la eficiencia en la prestación del servicio.

FUENTE: OCDE 2012

FUENTE: OCDE 2012