Categoría: Sociología

Inteligencia artificial ética y al servicio de la Humanidad

CapturaLeo en el reporte anual de la revista WIRED, The World in 2018, un resumen sobre las tendencias tecnológicas y su impacto en la configuración de un futuro, tan próximo que ya casi es presente. Entre otras cuestiones señaladas, queda muy claro que la humanidad se enfrenta a una variedad de desafíos caracterizados por su gran complejidad e interdependencia: cambio climático; migraciones; desigualdad; alimentación, educación y asistencia sanitaria de una población mundial en constante expansión. Cada uno de ellos, por sí mismo, con potencial para desencadenar oleadas de conflictos, intra y supra estatales, a lo largo y ancho del globo capaces de provocar dinámicas de consecuencias catastróficas a una escala nunca antes conocida. La inteligencia artificial (AI) podría desempeñar un papel muy importante a la hora de ayudarnos a abordar estos problemas de forma objetiva y creativa. Aunque la propia integración de la inteligencia artificial es en sí misma un desafío sistémico para la humanidad con capacidad para agravar las consecuencias de todos los demás, convenientemente gestionada, la IA podría ayudar a solventarlos o paliar sus consecuencias. Por eso, los estudios relativos a los impactos éticos, sociales, políticos y en materia de seguridad de la inteligencia artificial, así como el diseño de estrategias de actuación, son una de las áreas de trabajo más apremiantes. Se trata de conseguir que la IA trabaje para las personas, el planeta y la justicia social.

Corremos el riesgo de imbuir a la IA de la misma miopía, parcialidad y sesgos que siempre han afectado a los humanos. Va a resultar necesario enseñar a la inteligencia artificial cómo aprender y trabajar sin los prejuicios deslizados inadvertidamente por sus programadores. La gestión de recursos humanos, la concesión o denegación crediticia y de aseguramiento o el acceso a determinadas ventajas, ayudas y subvenciones concedidas por las administraciones públicas, son determinados de modo algorítmico. Sin embargo, la mayoría de los algoritmos empleados por los sistemas inteligentes son cajas negras que solamente unos cuantos están capacitados para comprender e, incluso, como en el caso de la inteligencias artificiales más avanzadas, dotadas con deep learning y diseñadas a modo de redes neuronales convolutivas, ningún ser humano las comprende en su totalidad. Si la IA se va a utilizar cada vez en mayor medida para tomar decisiones trascendentes en relación a nuestras vidas, es imprescindible asegurarse de que sus algoritmos, complejos y dinámicos, no amplifiquen los prejuicios negativos de la sociedad que los ha creado.

El informe publicado por la Universidad de Stanford en 2016, One Hundred Year Study on Artificial Intelligence (AI100), hacía también hincapié en que las aplicaciones de IA y los datos en los que se basan pueden acabar reflejando los sesgos de sus diseñadores y usuarios, lo que amenaza con profundizar los prejuicios sociales existentes y concentrar los beneficios de la IA de manera desigual entre los distintos grupos y estratos de la sociedad.

En relación a ello, están las cuestiones sobre la privacidad y la vigilancia con sistemas de inteligencia artificial, especialmente en las ciudades que, cada vez en mayor medida, cuentan con un amplio despliegue de dispositivos, incluidos los artilugios portátiles personales que los propios individuos llevan encima. Dado que los puntos de vista sobre el sesgo y la privacidad se basan en juicios éticos y de valores personales y sociales, los debates sobre cómo abordar estas cuestiones no deben soslayarse aunque se resistan a una resolución rápida y a consensos amplios. Del mismo modo, dado que la IA está generando una riqueza significativa, debe abordarse la forma en que los frutos económicos de las tecnologías de IA deben ser compartidos, especialmente a medida que la experiencia en IA y los conjuntos de datos subyacentes que alimentan las aplicaciones se concentran aceleradamente en un pequeño número de grandes corporaciones.

El principal objetivo de la inteligencia artificial debe ser crear valor para la sociedad.

Deben diseñarse estrategias que mejoren nuestra capacidad para interpretar los sistemas de IA y participar en su uso para ayudar a crear confianza y prevenir fallos dramáticos. Se debe tener especial cuidado en aumentar y mejorar las capacidades humanas y la interacción para evitar la discriminación de determinados segmentos de la sociedad. La IA permitirá la creación y acumulación de riqueza de forma acelerada por lo que es necesario con carácter de urgencia un debate social sobre cómo compartir los frutos de estas nuevas aplicaciones de la tecnología. La medida del éxito de las aplicaciones de la IA es el valor que crean para los seres humanos. En el futuro, la facilidad con la que las personas utilicen y se adapten a las aplicaciones de IA determinará en gran medida su éxito. Puesto que las aplicaciones de inteligencia artificial son susceptibles a errores y fallos, una muestra de su éxito será la forma en que los usuarios perciban y toleren sus deficiencias. A medida que la IA se incorpora en la vida cotidiana y se utiliza para tareas más críticas, los errores pueden conducir a reacciones de rechazo por parte de los usuarios y afectar negativamente a su confianza.

Asimismo, la IA podría ampliar las desigualdades de oportunidad existentes si su acceso, (junto con la computación de alta capacidad y los datos a gran escala que alimentan a muchas de sus aplicaciones) se distribuye injustamente por toda la sociedad, ya que estas tecnologías potenciarán enormemente las capacidades y la eficacia de las personas, empresas y odministraciones públicas que tengan acceso a ellas, en detrimento de los excluidos.

Para ayudar a abordar estas inquietudes e incertidumbres acerca de las implicaciones individuales y sociales de las tecnologías de IA en rápida evolución, el Panel de Estudio de Stanford ha elaborado tres directrices generales para diseñar las políticas de actuación.

  • 1. Definir un itinerario para la adquisición de experiencia técnica en inteligencia artificial en todos los niveles de gobierno. La gobernanza eficaz requiere más expertos que comprendan y puedan analizar las interacciones entre las tecnologías de IA, los objetivos programáticos y los valores sociales generales.
  • 2. Eliminar los impedimentos percibidos y reales para la investigación sobre la equidad, seguridad, privacidad e impactos sociales de los sistemas de IA. Los sistemas de IA patentados deberían poder ser sometidos a ingeniería inversa y evaluados por académicos, periodistas y otros investigadores. Esta investigación es fundamental si los sistemas de inteligencia artificial con repercusiones en múltiples áreas fundamentales para el ser humano deben ser debidamente investigados y controlados.
  • 3. Aumentar la financiación pública y privada para estudios interdisciplinares de los impactos sociales de la IA.

En los próximos años, a medida que el común de la ciudadanía se encuentre con nuevas aplicaciones de IA en ámbitos como, por ejemplo, el transporte y la salud, éstas deben introducirse de manera que fomenten la confianza y la comprensión, respetando los derechos humanos y civiles. Al tiempo que fomentan la innovación, las políticas y los procesos deben abordar las implicaciones éticas, de privacidad, seguridad y justicia social, asegurando que los beneficios de las tecnologías de inteligencia artificial se difundan amplia y equitativamente.

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Big Data y Data Mining ¿Oportunidad o distopía? (y III)

La entrada se encuentra publicada en el siguiente enlace:

http://elperiscopi.com/big-data-y-data-mining-oportunidad-o-distopia-y-iii/

http://www.attac.es/2016/10/08/big-data-y-data-mining-oportunidad-o-distopia-y-iii/

http://www.attacmallorca.es/2016/10/08/big-data-y-data-mining-oportunidad-o-distopia-y-iii/

 

La bibliografía empleada en las tres partes del artículo es la siguiente.

BIBLIOGRAFÍA

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Albrecht, Karl. 2014. “The Information Revolution’s Broken Promises.” The Futurist. http://www.karlalbrecht.com/downloads/Albrecht-IR-BrokenPromises-WorldFutureSociety.pdf.

Batyko, Richard. 2016. “Ground-Up Expert: Everyday People and Blogs.” In Debates for the Digital Age: The Good, the Bad, and the Ugly of Our Online World, 176–89. Santa Barbara: Praeger.

Beckstead, Nick, Nick Bostrom, Niel Bowerman, Owen Cotton-Barratt, William MacAskill, Seán ÓhÉigeartaigh, y Toby Ord. 2014. “Unprecedented Technological Risks.” Global Priorities Project. http://globalprioritiesproject.org/2015/02/unprecedented-technological-risks/.

Cowen, Tyler. 2013. Average Is Over. Powering America Beyond The Age Of The Great Stagnation. New York: Penguin Books.

Fischer-Hübner, Simone, y Leonardo Martucci. 2014. “Privacy in Social Collective Intelligence Systems.” In Social Collective Intelligence. Combining the Powers of Humans and Machines to

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Greenfield, Susan. 2015. Mind Change: How Digital Technologies Are Leaving Their Mark on Our

Brains. New York: Random House.

Hareesh, Boinepelli. 2015. “Applications of Big Data.” In Big Data A Primer, 161–79. New Delhi: Springer.

Helbing, Dirk. 2015. Thinking Ahead – Essays on Big Data, Digital Revolution, and Participatory Market Society. Zürich: Springer.

Hrushikesha, Mohanty. 2015. “Big Data: An Introduction.” In Big Data. A Primer, 11:1–28. Studies in Big Data. New Delhi: Springer.

Kitchin, Rob. 2014. The Data Revolution. Big Data, Open Data, Data Infrastructures and Their

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Sola-Morales, Salomé. 2016. “Rethinking Digital Democracy in a Time of Crisis: The Case of Spain.” In Debates for the Digital Age: The Good, the Bad, and the Ugly of Our Online World, 129–46. Santa Barbara: Praeger.

Big Data y Data Mining ¿Oportunidad o distopía? (I)

¿Hacia un nuevo totalitarismo global? (I)

NEOPATRIMONIALISMO, un término para describir el funcionamiento político de España y sus 17 Comunidades Autónomas

CapturaEl concepto “Neopatrimonialismo” describe la coexistencia e interacción de instituciones formales e informales, o conductas y procedimientos informales generalizados dentro de un sistema político formal como un Estado moderno. Es un sistema en el que existen dos lógicas y patrones institucionales actuando a la vez y en paralelo: el sistema patrimonial de gobierno personalista, el clientelismo y el patronazgo, junto con el sistema legal-racional del Estado moderno. Además, las dos esferas tienden a fusionarse de modo que  el sistema patrimonial (de gobierno personal) penetra en el sistema legal-racional, tergiversa su lógica, sus funciones y sus actuaciones. Como las instituciones y los comportamientos formales e informales están íntimamente ligados entre sí de diversas maneras y en distintos grados y esta mezcla se institucionaliza. Los sistemas neopatrimonialistas se caracterizan por el clientelismo, que puede describirse como el procedimiento a través del cual los patrones mantienen su status de poder basado en la concesión de favores personales relacionados con la distribución de puestos de trabajo en el sector público o el reparto de los recursos públicos, a través de la concesión de licencias, contratos y proyectos. Así, el clientelismo es una forma de dependencia basada en el poder para distribuir de una forma desigual los recursos relacionados con la gestión de lo público que son usados en beneficio mutuo.Esto va unido a la concentración sistemática del poder político en manos de un pequeño número de individuos que actúan como mecenas. La privatización y la distribución de bienes públicos a sus clientes son factores esenciales para la estabilización y el mantenimiento de su poder.

Sin embargo, esto no impide que las redes de clientelismo puedan cambiar en parte a lo largo del tiempo. Con el Presidente en la parte superior, las redes neopatrimoniales a menudo tienen una estructura piramidal. Esto es debido a que los miembros de alto rango en el aparato estatal tienen la posibilidad de “privatizar” los cargos públicos a cuya designación  tienen acceso nombrando a amigos, socios o miembros de la familia. Con los subordinados en cada nivel reclutando sus propios clientes en los niveles por debajo de ellos, extensas redes emergen. Esto, sin embargo, no significa necesariamente que tales sistemas sean siempre totalmente centralizados. También podría ser que las diferentes redes de poder compitan por el poder, teniendo así capturadas para distintos clanes diferentes instituciones del Estado.

O´Neil distingue cuatro elementos fundamentales (que podríamos resumir en tres) en los estados neopatrimoniales:

  • Hibridación institucional. Las instituciones informales son una característica de todas las sociedades humanas, por lo tanto existen junto a instituciones formales en todos los Estados. Los estados neopatrimoniales se distinguen por la existencia y habitual prevalencia de normas y prácticas patrimoniales informales junto a las normas o instituciones jurídico-racionales formales.
  • Existencia a un tiempo de instituciones patrimoniales y legales-racionales. En los regímenes puramente patrimoniales al estilo de las monarquías absolutas, la cuestión de la legitimidad de las prácticas patrimoniales no se plantea porque no existe ninguna distinción entre la esfera pública y la privada. En los estados neopatrimoniales, sin embargo, las prácticas patrimoniales utilizan e instrumentalizan las instituciones jurídico-racionales propias de las democracias liberales. Por lo tanto, los estados neopatrimoniales se distinguen por la existencia de instituciones racionales-legales formales disfuncionales junto a las normas patrimoniales informales y el compromiso retórico de las élites para la separación de las esferas pública y privada.
  • Importancia relativa de las instituciones formales e informales: Todos los estados modernos muestran prácticas que pueden caracterizarse como patrimoniales. Los estados neopatrimoniales se distinguen por una lógica patrimonial generalizada y, a menudo, predominante sobre la jurídico-racional.
  • Incompatibilidad institucional: En sistemas políticos estables, las instituciones formales e informales rigen generalmente las reglas del juego político de forma complementaria. En los estados neopatrimoniales no sólo se carece de un conjunto común de reglas predecibles, sino que las reglas formales e informales son frecuentemente contradictorias. Esto permite la impugnación de las reglas legítimas del juego y produce incertidumbre acerca de las reglas que prevalecerán y se harán cumplir. En lugar de venir definidos por la ausencia de normas, los estados neopatrimoniales se distinguen por la presencia de múltiples y contradictorias normas o instituciones.

De este modo, el patrimonialismo y la informalidad propias de los estados neopatrimoniales se expresa a través de tres características básicas fundamentales para la comprensión de otros funcionamientos y dinámicas en su seno.

  • Escasa o nula separación de las esferas pública y privada: Esto da lugar a la apropiación privada de lo público y el uso de recursos públicos para, entre otras cosas, la legitimación política. También está íntimamente relacionada con otras prácticas como el clientelismo, el nepotismo, las relaciones de intercambio horizontales y la corrupción.
  • Primacía de los vínculos verticales sobre los horizontales: Combinando la débil separación de las esferas pública y privada con la primacía de la jerarquía vertical se obtiene como resultado el clientelismo sistémico que se ve reforzado también por la naturaleza de suma cero propia de la competencia neopatrimonial por el poder en el Estado. Esto hace que sea imperativo para los patrones y la clientela mantener sus relaciones y la estructura: para los patrones, debido a su necesidad de mantener su posición y su apoyo por parte de las bases; para los clientes, debido a la ausencia de servicios públicos confiables y universales así como mecanismos que actúen como redes de seguridad
  • Personalismo: El personalismo impregna a los estados neopatrimoniales y se expresa tanto en la forma de liderazgo (“presidencialismo”) y en la naturaleza del poder y las relaciones en toda la sociedad. Los estados neopatrimoniales tienden a ser presidencialistas. Esto no se refiere solo al sistema político formal, sino al hecho de que el poder tiende a concentrarse en una sola persona que domina el aparato del Estado y está por encima de sus leyes. Algunos autores se refieren a este fenómeno como el “liderazgo del hombre grande o fuerte” cuyas características tinden a replicarse en todos los niveles y aspectos de la sociedad.

Todo ello da lugar a una lógica política particular: los líderes y sus oponentes utilizan instituciones formales (el Estado) y reglas, normas y prácticas informales, (como el personalismo, el clientelismo, el control centralizado de facto de los recursos del Estado, etc.) para obtener legitimidad y ventaja en una competición de tipo winner-takes-all por el control del Estado.

CONSULTAS:

Anastasios Karasavvoglou • Serdar Ongan •Persefoni Polychronidou Editors.  EU Crisis and the Role of the Periphery

O’Neil,Tam Neopatrimonialism and public sector performance and reform http://www.odi.org/sites/odi.org.uk/files/odi-assets/publications-opinion-files/4393.pdf

LAS CUATRO ETAPAS DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

CapturaPara abordar este tema me basaré principalmente en el patrón seguido en el texto de Jonathan Christiansen en Theories of Social Movements (The Editors of Salem Press 2011). Definir con exactitud qué es un movimiento social puede ser complicado. Tal y como afirman (Freeman, J. & Johnson, V. 1999), no se trata ni de un partido político ni de un grupo de interés ya que estos suelen ser entidades políticas estables que pueden tener un acceso regular al poder y a las élites políticas; tampoco es una moda pasajera o tendencia de masas desorganizadas, fugaces y sin objetivos; sin embargo, los movimientos sociales pueden ser encuadrados en algún punto intermedio entre ambos. Algunas de las características principales de los movimientos sociales según (DELLA PORTA y DIANI 2006) son que suelen estar involucrados en relaciones conflictivas con unos oponentes claramente definidos e identificados ya sean de carácter político, económico o cultural; crean interacciones en red a través de densos vínculos de carácter principalmente informal que involucran intercambio de recursos mantenidos en el tiempo en aras de la consecución de determinados objetivos comunes y comparten una identidad colectiva distintiva fuertemente asociada con el reconocimiento del individuo dentro del grupo y la promoción de la interconectividad lo que refuerza el sentido del propósito común y el compromiso compartido por una determinada causa. Según Claus Offe, los nuevos movimientos sociales, desarrollan una fundamental crítica metapolítica al orden social y a la democracia representativa, desafiando las tradiciones institucionalmente asumidas en relación a las maneras convencionales de “hacer política”. En contraste con los clásicos movimientos obreros, las principales innovaciones de los nuevos movimientos son una ideología crítica en relación al modernismo y al progreso; unas estructuras organizacionales descentralizadas y participativas; la defensa de la solidaridad interpersonal contra las grandes burocracias y la demanda de espacios autónomos incluso en mayor medida que meras ventajas materiales. Los movimientos sociales pueden ser considerados como entidades sociales organizadas, aunque todavía de manera informal, involucradas en conflictos extra institucionales y orientadas hacia uno o varios objetivos que pueden estar dirigidos tanto hacia unas políticas específicas y cercanas o, de manera más amplia, hacia cambios culturales. Smelser (Smelser 1962) estableció la distinción entre movimientos orientados hacia las normas y movimientos orientados hacia los valores. Los primeros tratan de promover cambios específicos, aunque relativamente limitados, principalmente en lo tocante a derechos, normas y reglas de acceso y participación en las distintas instituciones sociales. Mientras que los movimientos orientados hacia los valores buscan cambios más profundos y fundamentales en los valores culturales así como en las estructuras y prácticas institucionales.
Uno de los primeros académicos en estudiar la dinámica de los movimientos sociales fue Herbert Blumer que identificó cuatro etapas o estadios en el ciclo de vida de estos movimientos a las que describió como fermento social, etapa caracterizada por una agitación desorganizada y desenfocada durante la cual se presta gran atención a la propaganda de los “agitadores”; entusiasmo social, en la que las causas subyacentes del descontento y los objetivos de la acción se definen más claramente; formalización, etapa en la que la participación disciplinada y la coordinación de las estrategias para el logro de los objetivos del movimiento son alcanzadas por la creación de una organización formal, e institucionalización, cuando el movimiento se convierte en una parte orgánica de la sociedad y cristaliza en una estructura profesionalizada. Desde este temprano enfoque, los académicos han profundizado y renombrado estas etapas pero la temática subyacente ha permanecido relativamente constante. A día de hoy, las cuatro etapas de los movimientos sociales son conocidas como: Emergencia; coalescencia; burocratización, y declive. Aunque el término declive puede parecer negativo, no necesariamente debe ser entendido siempre en esos términos. Los movimientos sociales pueden entrar en declive por varias razones y se han identificado cinco causas principales: éxito del movimiento en sus demandas; fracaso de la organización; cooptación; represión, o integración con la corriente principal de la sociedad en general.

En la etapa emergente, o, en terminología de Blumer, de “fermento social” los movimientos sociales se encuentran en los preliminares y apenas existe organización. Esta etapa puede ser descrita como de un descontento generalizado en relación a unas determinadas políticas o condición social pero sin tomar medida alguna para conseguir sus reivindicaciones o, si lo hacen, es más probable que opten por la acción individual en lugar de la colectiva. El ciudadano puede comentar con amigos y familiares su descontento o puede escribir cartas a los medios de comunicación o representantes locales pero estas acciones no tienen un carácter estratégico ni colectivo.

La etapa de coalescencia o “etapa popular” está caracterizada por un más claro y definido sentimiento de descontento. Ya no se trata tan solo de una sensación de malestar sino que ya existe un diagnóstico del malestar y de qué o quiénes son los responsables. El malestar se va haciendo progresivamente más evidente y el descontento ya no es individual y descoordinado sino que tiende a focalizarse y a expresarse colectivamente, es en este momento en el que empiezan a establecerse los liderazgos y a diseñarse las estrategias para el éxito. También en esta etapa, pueden convocarse manifestaciones masivas con el objetivo de mostrar el poder del movimiento social y de realizar demandas claras. El movimiento se transforma en algo más que individuos molestos que actúan de forma más o menos aleatoria para pasar a organizarse y actuar con perspectiva estratégica.

La etapa de la burocratización es la que Blumer define como “formalización” estando caracterizada por niveles más altos de organización y estrategias basadas en el establecimiento de coaliciones. Los movimientos han obtenido algunos éxitos surgiendo la conciencia de que es necesario un cierto grado de estrategia coordinada en los movimientos. Asimismo, los componentes de los movimientos comienzan a confiar en un staff directivo compuesto por personas dotadas de conocimientos especializados capaces de ejecutar las operaciones en el día a día de la organización y llevar a cabo los objetivos del movimiento. En esta etapa los movimientos sociales ya no pueden confiar solo en las concentraciones masivas o en sus líderes inspiradores para avanzar hacia sus metas sino que se ven obligados a depositar su confianza en un staff capacitado para llevar a cabo las funciones de la organización. Muchos movimientos fracasan en esta etapa de burocratización y pueden terminar disolviéndose debido a la dificultad de sus miembros a la hora de mantener la excitación e implicación emocional necesaria así como para asumir los distintos costes y esfuerzos que la movilización continuada en el tiempo exige de los participantes. En muchas ocasiones, la formalización de la organización significa que el personal especialista remunerado puede cubrir los huecos cuando no se encuentran disponibles voluntarios altamente entusiastas.

Finalmente, la cuarta y última etapa del ciclo de vida de los movimientos sociales es el declive o institucionalización. El término declive no necesariamente ha de significar fracaso sino que existen otros modos en los que los movimientos sociales pueden finalizar: Represión, cooptación, éxito, fracaso y, según señala (Macionis 2011), sintonía e integración con la corriente mayoritaria del entorno.

La represión se produce cuando las autoridades o los agentes que actúan en su nombre, utilizan medidas (a veces violentas) para controlar, desactivar o desmantelar un movimiento social. Así, aunque las acciones represivas puedan definirse como legítimas por parte del Estado que las aplica, nunca serán consideradas como tales desde el punto de vista del movimiento reprimido. Es frecuente que los gobiernos aprueben, o apliquen con toda la dureza posible, leyes o reglamentos que prohíban o repriman las actividades o a las organizaciones de movimientos específicos o justifiquen, cuando no promuevan de forma más o menos tácita, ataques contra ellos al declarar al movimiento y/o su organización como, de algún modo, peligrosos para el orden público. Este tipo de represión hace que sea extremadamente difícil para los movimientos sociales llevar a cabo sus actividades y reclutar nuevos miembros.

Los movimientos sociales también pueden entrar en declive si sus organizaciones son muy dependientes de una autoridad centralizada o de un fuerte liderazgo carismático. Se produce la cooptación cuando los líderes del movimiento se asocian de algún modo con las autoridades o actúan en connivencia directa o indirecta con ellas una vez alcanzado algún tipo de poder institucional, en lugar de con los miembros del movimiento social. Por ejemplo, un determinado líder podría ser llamado a colaborar en una determinada institución objetivo de las protestas con el teórico fin de contribuir a cambiar las cosas desde dentro. Sin embargo, incurriría en cooptación cuando, en lugar de eso, ellos mismos se integran en la institución u organización y asumen su código de valores y objetivos en lugar de los del movimiento social.

En otros casos, el declive en los movimientos sociales se produce debido a su éxito ya que, una vez alcanzadas sus metas, pueden desaparecer las razones para mantener la presión y la organización. Los movimientos pequeños y localizados con objetivos muy específicos suelen tener, con frecuencia, mejores oportunidades para conseguir un éxito total en sus reivindicaciones que aquellos con objetivos definidos con mucha menor claridad. Una vez alcanzado el éxito, algunos movimientos organizan nuevas campañas reivindicativas en sintonía con los valores asumidos por el grupo pudiendo ser también estudiados desde el marco de la teoría neo institucionalista según el cual estas nuevas reivindicaciones podrían no ser más que producto de las necesidades de una organización ya creada que necesita justificar su razón de ser y permanecer.

El fracaso de un movimiento social puede deberse a la incapacidad de la organización para gestionar una rápida expansión, lo que conlleva unos elevados niveles de estrés organizacional y pueden conducir a la ruptura en distintas facciones. El fracaso de los movimientos sociales debidos a errores organizacionales o estratégicos es común en muchos tipos de organizaciones. Cuando el fracaso ocurre a nivel organizacional suele ser debido a dos razones principales: el faccionalismo y la encapsulación.
Con el estudio de caso del Students For a Democratic Society, (Miller 1999), ilustra el caso de un movimiento de rápido crecimiento que debido a su estructura abierta en la que todo el mundo era animado a tomar parte en el proceso de toma de decisiones, la organización comenzó a ser controlada por diferentes facciones que operando desde dentro trabajaban, realmente, en beneficio de otras organizaciones externas. Este es uno de los peligros que corre el movimiento PODEMOS en España que, precisamente, debido a su apertura y al fomento de la participación ciudadana resulta especialmente vulnerable a la llagada de arribistas y “submarinos” de diversa índole para instrumentalizar la organización con distintos fines ajenos a alguna concepción de Bien Común o Interés General. Al aumentar el grado de faccionalización y al estar sometido el movimiento a presiones exteriores o represión, los distintos grupos tienden a aislarse más en sí mismos lo que conduce al encapsulamiento. Este es el proceso a través del cual un determinado grupo de activistas va aislándose de la corriente más amplia del movimiento al compartir una serie de rasgos más pronunciados relativos a hábitos, cultura e ideología lo que les convierte en más parecidos unos a otros y, al mismo tiempo, más rígidos. Puede ocurrir que su dedicación intensiva al movimiento en recursos, tiempo y esfuerzo les conduzca a no simpatizar con aquellos componentes o activistas del mismo que no hacen de la causa el aspecto dominante de sus vidas lo que lleva que estos miembros a dedicación parcial o los nuevos integrantes tengan cada vez mayores dificultades para penetrar en el grupo oligárquico de la cúpula que paulatinamente va a ir imponiendo sus leyes de hierro descritas por Michels.

En último lugar, señalar que el declive de un movimiento social puede producirse también cuando consigue la sintonía con la corriente principal del entorno político social que pretendía modificar, bien por cambios en los valores del movimiento o por consecución del éxito a la hora de implantar sus valores e iniciativas en la sociedad por lo que ya no existe ninguna necesidad del movimiento en el sentido primigenio.

Bibliografía 
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Freeman, J, and V Johnson. Waves of protest: Social movements since the Sixties. Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield Publishers, 1999.
Freeman, J. & Johnson, V. Waves of protest: Social movements since the sixties. Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield, 1999.
Macionis, J.J. Sociology (14th ed.). New Jersey: Prentice Hall, 2011.
Miller, F.D. “The end of SDS and the emergence of weatherman: Demise through success.” In Waves of protest: Social movements since the Sixties, by J. Freeman & V. Johnson, 303-324. Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield Publishers, 1999.
Smelser, N. Theory of Collective Behavior. New York: Free Press, 1962.
The Editors of Salem Press. THEORIES OF SOCIAL MOVEMENTS. Pasadena: Salem Press, 2011.