Etiquetado: Política

¿Cuál es la influencia de las nuevas tecnologías en los movimientos sociales?

¿Hacia un nuevo totalitarismo global? (I)

Resultados electorales de Unidos Podemos el 26J y el cleavage centro-periferia.

Un importante factor a tener en cuenta a la hora de buscar el posible techo electoral de Podemos y sus confluencias en las Elecciones Generales, así como en el planteamiento estratégico de futuras campañas electorales, es la actitud de los españoles respecto a la organización territorial del Estado y sus posibles fórmulas alternativas.

La asunción de los issues propios del discurso nacionalista por parte de PODEMOS ha tenido como resultado afianzar el voto en Catalunya y Euskadi, donde debido al efecto global no proporcional del sistema electoral español, el coste en votos de un escaño es relativamente menor. Así en ambas comunidades PODEMOS ha conseguido ser la fuerza más votada. En Catalunya, EN COMÚ PODEM, con 848.526 votos, un 24,51 % del total, mientras que, en el País Vasco, PODEMOS/AHAL DUGU-IU-EQUO ha conseguido el apoyo del 29,05 % del electorado, 333.730 votos. Sin embargo, todo indica que el resto de la sociedad española no asume mayoritariamente las líneas argumentales y programáticas conducentes a una mayor descentralización de la organización territorial del Estado, que muy fácilmente se pueden asociar con el nacionalismo centrífugo y el independentismo debido a la creciente polarización, tanto de la agenda mediática como de la política.

resultado podemos26j

Fuente: Ministerio del Interior. http://resultados2016.infoelecciones.es/99CO/DCO99000CM.htm?lang=es

catalunya

PaisVasvo

Como puede comprobarse a lo largo de los sucesivos barómetros publicados por el CIS y más concretamente en el de mayo de 2016, solo un 23,6 %, de los españoles están a favor de que las comunidades autónomas tengan un mayor grado de autonomía que en la actualidad, incluyendo en la proporción al 10% que optaría por que se reconociese a las comunidades autónomas la posibilidad de convertirse en estados independientes. De este modo, un 64,5% de los ciudadanos serían partidarios de que el Estado de las Autonomías permaneciese como hasta ahora o aumentase el centralismo, con un casi 19% que se declara partidario de un gobierno central único sin Autonomías.

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CIS Barómetro de abril 2016

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CIS Barómetro de mayo 2016

Según los últimos barómetros del CIS, existen otras cuestiones que preocupan seriamente a los ciudadanos como el paro, la corrupción y el fraude, los problemas de índole económica, los partidos y la política, la sanidad y la educación, mientras que los nacionalismos aparentan en la encuesta una posición prácticamente residual como problema actualmente percibido en España. Aun así, la clásica línea divisoria centro-periferia definida por Lipset y Rokkan en su ensayo Cleavage Structures, Party Systems, and Voter Alignments, parece seguir teniendo gran importancia como subyacente factor explicativo del voto y del fallo en las previsiones de las encuestas en las elecciones generales celebradas el pasado 26 de junio.

El cleavage centro periferia implica una confrontación de las regiones en los polos exteriores del Estado con las élites y burócratas de ámbito nacional. Un conflicto entre una visión centralista y homogeneizadora del Estado bajo el control de la capital y los particularismos regionalistas, con fuerte componente identitario basado en aspectos políticos, culturales y lingüísticos, que una parte de la ciudadanía periférica teme que sean absorbidos y homogeneizados por la administración y las políticas del centro. El concepto de identidad colectiva, que tanto opera en los nacionalismos centrífugos como centrípetos, implica un contenido emocional tanto más relevante en el individuo cuanto mayor sea su contribución a su definición y diferenciación como persona o como actor social. Debido al intenso contenido emocional, se trata de una línea programática de aparente fácil comprensión e inmediata asimilación por parte de la mayoría de los votantes, sea cual sea su nivel de formación y susceptible de crear espirales de conflicto y debates de creciente polarización capaces de enmascarar problemas más complejos y de más difícil explicación o justificación por parte de las formaciones políticas. Así, podemos seguir esperando en el futuro que partidos que difícilmente pueden lograr articular con coherencia y credibilidad argumentos y programas en otras áreas de vital importancia para el Estado y la ciudadanía, seguirán apelando a las banderas como cortina de humo para ocultar vergüenzas y atraer por la vía emocional a prosélitos que, con un análisis más racional, seguramente no apoyarían, por ejemplo, a partidos afectados por incontables casos aislados de corrupción de apariencia sistémica o a otros que cuando acceden a las palancas de mando tienden a ejecutar políticas reales contrarias al programa que predican.

AFILIACIÓN MASIVA A LOS PARTIDOS COMO MOVILIZACIÓN SOCIAL

Pienso que, efectivamente, las movilizaciones masivas y contundentes en la calle contra el expolio del Estado Social de Derecho y sus ciudadanos son necesarias. Sin embargo, mucho me temo que, visto lo acontecido ayer en España y en un pasado reciente en Grecia, de poco sirven realmente para cambiar la corrupta dictadura partitocrática de turnos que nos oprime, nos roba y nos mata por miseria, desesperanza y atención sanitaria deficiente. Cuando la cosa amenaza con ponerse calentita, el digitado de turno, ordena a los antidisturbios sin identificación propios de las dictaduras con policía política, disolver con la contundencia necesaria las manifestaciones y punto.

Lo que realmente LES DOLERÍA Y PROMOVERÍA UN VERDADERO CAMBIO es UNA AFILIACIÓN SIN ÁNIMO DE LUCRO MASIVA ( y a ser posible coordinada) A LOS PARTIDOS POLÍTICOS PARA TOMARLOS Y ECHAR DESDE DENTRO A LOS APARATOS CORROMPIDOS Y CÓMPLICES AL SERVICIO DE INTERESES DISTINTOS AL DEL COMÚN DE LOS CIUDADANOS. Ahora juegan con la ventaja de que la inmensa mayoría de los afiliados que acuden regularmente a las asambleas y congresos lo hacen por haber pillado cacho o con la esperanza de ser agraciados con un favor del patrón algún día y, en consecuencia, votan al dictado del que mayor capacidad tiene para proporcionarles sinecuras y regalías. La situación es tan insana que, basta con estar un poquito informado para darse cuenta de que cualquier confrontación interna en los partidos, lejos de ser por motivos ideológicos, suele serlo por cuestiones de posicionamiento y reparto de cargos y poder. Hasta que no se cambie desde dentro de los partidos esa selección enferma y corrupta de los líderes políticos, iremos de mal en peor.

El cambio hacia el progreso es un trabajo en equipo de las personas de bien aunque nos veamos obligados a jugar en el terreno del adversario.

REDES CLIENTELARES Y FUNCIONAMIENTO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Me apetece poner hoy el foco en las redes clientelares uno de los cánceres que junto con el de la financiación opaca de los partidos, corrompe la calidad y legitimidad de nuestro sistema representativo, convirtiendo a los partidos políticos cuya función, entre otras, debiera ser articular la voluntad de la ciudadanía en la dirección de una determinada concepción del Interés General, en una suerte de zoco de intereses particulares o de camarillas, las más de las veces, poco confesables.

Las redes de patrón-cliente están formadas por individuos de diferente estatus social con el objetivo de obtener un provecho mutuo. Los lazos patrón-cliente involucran, en un enfoque simplificado, a dos personas, en relaciones relativamente cercanas, en las que los individuos de mayor estatus social o poder político (los patrones) utilizan sus recursos y poder para otorgar beneficios materiales, cargos relativamente bien remunerados o proporcionar cierto tipo de seguridad a los individuos de menor estatus social o influencia (los clientes). En compensación, los clientes ofrecen apoyo político, votos y servicios de distinta índole además de ciertos trabajos no remunerados  a su patrón.

El reclutamiento y la movilidad ascendente dentro de los partidos políticos suelen llevarse a cabo a través de estas redes jerárquicas de relaciones patrón-cliente, en la que los aspirantes a cargo o sinecura en los diversos niveles organizativos, desde la base hasta la clave de la pirámide jerárquica, rinden servicio como clientela de políticos o cargos con más poder y mejor establecidos, gracias a su vez a prestar y haber prestado apoyos, no siempre confesables, a otros más altos en la jerarquía de la organización partitocrática.

Los lazos patrón-cliente están construidos tanto por motivos instrumentales como, en algunos casos, por motivos emocionales. Cabe debatir la extensión en la que estos lazos están constituidos en base a cierta norma de reciprocidad en la que los clientes valoran el carácter personal y permanente de la relación y expresan profundos sentimientos de lealtad hacia el patrón o, más bien, basados en el miedo de los clientes a que los beneficios distribuidos por el patrón sean interrumpidos al dejar de bendecir al cliente con su apoyo. Podemos observar, por tanto, que las relaciones entre el patrón y el cliente son a la vez voluntarias y de explotación a causa del carácter asimétrico del nexo de unión y la distribución de información y poder entre ellos.

En contraste con las normas formales de ciudadanía en los regímenes políticos más modernos que subrayan el universalismo y la igualdad en el acceso a la información y los recursos públicos, los lazos entre el patrón y su clientela son altamente personales y particularistas; de hecho, estas relaciones clientelares tienen valor para ellos porque les permiten eludir las normas universalistas de las sociedades modernas permitiéndoles acceder a los recursos públicos de forma ventajosa y opaca.

Estas redes clientelares operan de forma más efectiva allí donde el patrón -sea éste un individuo, una organización o un partido político- puede comprobar que su cliente ha cumplido con su parte del quid pro quo, ya sea votando al candidato pre cocinado y designado por el líder, apoyando a la facción del patrón en las luchas internas de poder o trabajando de diversas formas para su campaña.

El voto secreto, si es realmente confidencial, puede socavar las relaciones clientelares, sin embargo, dado que los patrones suelen tener múltiples clientes – frecuentemente desconocidos unos para otros ya que las relaciones tienden a ser de carácter vertical y diádico- pueden tener modos de comprobar qué clientes en concreto han proporcionado el apoyo requerido.

Las existencia de redes clientelares implican que el apoyo del cliente puede ser comprado de uno u otro modo lo que sugiere que los clientes son relativamente más pobres (ya sea económica, intelectual o jerárquicamente) que sus patrones. Paralelamente, los patrones o los partidos políticos que como tales actúan deben tener acceso a recursos significativos y divisibles para poder distribuir selectivamente según su arbitrio.

Como cualquier conocedor medio de la realidad interna de los partidos políticos puede comprobar, los cargos de designación política que ejercen como patrones en su nivel de influencia, prefieren rodearse de clientelas fácilmente controlables y manipulables ya sea debido a unas capacidades intelectuales y morales reducidas en relación a su patrón o debido a su implicación en casos de corrupción, ilegalidades, fraudes o irregularidades (muchas veces relacionadas con la financiación del partido o encubiertas tras ella) cuya salida a la luz pudiese ocasionarles inconvenientes de diverso tipo y gravedad.

La alta discreccionalidad en la contratación, directa o indirecta a través de empresas ad hoc, de personal laboral o eventual por parte de las distintas administraciones públicas permite a los partidos utilizar estos  empleos públicos  como parte del botín a distribuir entre la clientela en función de los servicios prestados.

Los partidos políticos que se comportan de facto como poco más que un tejido de relaciones clientelares tienden a ser ideológicamente inconsistentes más allá de los clichés genéricos de argumentario, políticamente incoherentes, y dotados de cierto grado de debate interno únicamente cuando al estar en la oposición el botín a repartir entre las diversas clientelas deviene escaso y disputado. Otro mecanismo muy empleado por los partidos políticos que funcionan con un alto grado de clientelismo es la creación de diversos tipos de fundaciones controladas por ellos para producir, distribuir o prestar a través de estas redes ciertos bienes o servicios para poder instrumentalizarlos en lugar de optar por una provisión pública y transparente de estos bienes y servicios.

Os propongo el pasatiempo de encontrar ejemplos que ilustren el contenido de esta entrada en nuestros principales partidos políticos. Con PP, PSOE y CiU (evidentemente no en exclusiva), hay un material inabarcable y bochornoso tanto a nivel local como provincial, autonómico o estatal. Particularmente, en mi caso, no daría a basto para reseñar los ejemplos derivados del conocimiento de algunas de las realidades políticas en Calviá, Baleares, el Consell Insular de Mallorca y el resto del Estado.

¿Y vosotros?

SOBRE CHARLES TILLY Y “LA DEMOCRACIA”

CHARLES TILLY fué un sociólogo histórico que modificó, proporcionándoles profundidad y dinamismo, la metodología macrosociológica y la historia comparada; el estudio de la acción colectiva y los movimientos sociales; la apertura de una forma innovadora de mirar (y analizar) el conflicto social; la forma de contemplar las revoluciones, los movimientos sociales y el cambio social por parte de la sociología. Tilly ha suministrado el marco metateórico e histórico para las teorías de las movilizaciones y los procesos políticos de la acción colectiva, los movimientos sociales y el cambio social. Incorporó elementos del utilitarismo de John Stuart Mill así como de Max Weber y Karl Marx. Ofreciendo además una teoría sintética basada en los intereses de Marx, las oportunidades de Stuart Mill y la organización de Weber. Tilly aplica este modelo en el análisis histórico de formación del Estado y la acumulación de capital ya que estos afectan y son afectados por cambios en las formas de la protesta política.

Así vemos como para Tilly existen tres caminos viables para la formación del Estado Europeo que han tenido diversas consecuencias para los diferentes sistemas de gobierno. En las regiones “intensivas en capital” (zonas de varias ciudades con un  predominio  de las relaciones comerciales, orientadas a la producción, a los mercados, y el intercambio) como Génova o la república de Holanda, los gobernantes se basaron en pactos con los capitalistas para alquilar o comprar la fuerza militar necesaria en cada momento pudiendo hacer la guerra sin construir grandes estructuras militares y estatales permanentes, ni ejércitos a los que mantener tras las batallas. La presencia de una burguesía capitalista, los intercambios comerciales y una importante estructura y organización municipal establecieron serios límites al ejercicio por parte del Estado de un control directo sobre los individuos y sus haciendas, facilitando, en cambio, el empleo de impuestos eficientes y relativamente sostenibles por parte de la población como fuente de ingresos públicos. En las regiones “Intensivas en coerción”  (áreas con pocas ciudades y predominio agrícola, donde la coerción directa jugó un papel importante en la producción) como Brandenburgo, Rusia, Polonia o Hungría, los aranceles y los impuestos especiales proporcionaban escasos ingresos en unas economías relativamente poco desarrolladas e interconectadas y los gobernantes tendieron a crear poderosas maquinarias fiscales para extraer los costes de la guerra de sus poblaciones. En estas condiciones, con gran poder acumulado en manos de los terratenientes armados, la nobleza, aristocracia, los jefes de aldea y otros que ejercían el control sobre los recursos intermedios esenciales y siendo además escaso el trabajo asalariado, los campesinos encontraron difícil escapar de la autoridad patriarcal. Por último, en las regiones de “coerción capitalizada“, los titulares de la coerción y el capital (los nobles y los financieros) interactuaban en condiciones de igualdad relativa. Los gobernantes construyeron burocracias y dependían de los impuestos sobre el comercio pero invirtieron un mayor esfuerzo en integrar a los capitalistas y los recursos del capital directamente en la estructura de sus estados. Así, el capitalismo imbricado en la propia estructura tiende a debilitar la ordenación patriarcal tanto de las familas campesinas en la base de la pirámide como del Estado en general. Tilly sostiene que era este camino fue el seguido por países como Francia, Inglaterra y España, que tuvo como consecuencia la formación de estos estados que fueron los primeros estados nacionales, y que finalmente resultó ser la más exitosa forma de afrontar las guerras. A lo largo de los siglos XVII y  XVIII, otras unidades territoriales  se vieron sometidas a una creciente presión para adoptar una forma similar de gobierno estatal o sufrir una derrota militar tras otra.

En su obra más tardía, sostiene que hemos de estar abiertos a la variabilidad de los patrones de formación del Estado nacional, que finalmente se imponen a las formas anteriores de comunidad política, y que la convergencia hacia la forma del estado nacional se produjo tanto por una divergencia original ( bien imperios, bien ciudades-estado) como por las diferentes estructuras de clase que significaron una diferencia para la formación de los Estados. Tilly enfatiza que la “ventaja competitiva de hacer la guerra” recae en los estados que pueden permitirse sostener grandes ejércitos permanentes puesto que tienen una combinación de gran población rural,, capitalismo burgués y una economía relativamente comercial. Se refiere a los estados nacionales en lugar de los estados-nación para subrayar el mito de que los estados se componen de una sola nación. Emplea la idea de la nacionalización para demostrar que el estado nacional moderno es el resultado de una combinación de diferentes “nacionalidades” originarias, y para referirse a las acciones por medio de las cuales los estados trataron de homogeneizar sus poblaciones.

Gran parte de la investigación de Tilly está enfocada en la organización y las oportunidades para la protesta política pero sus trabajos más recientes incluyen un retorno al tema de los intereses basados en el aprovechamiento y acaparamiento de oportunidades y reproducidos e institucionalizados a través de procesos de emulación. Por lo tanto, Tilly, completa la la síntesis entre Marx y Weber sin entrar en profundidad en la utilidad o racionalidad de las elecciones individuales y sus relaciones con los procesos organizativos a través de los cuales la formación del estado y el capitalismo han transformado y sido transformados por los desafíos políticos (basados en los  intereses, las oportunidades y las organizaciones). Tilly construyó  un modelo de movilización en el cual, interés, organización y oportunidades determinan la acción colectiva, afectando también el cálculo de los intereses a las oportunidades (o amenazas) políticas para obtener ventajas (o pérdidas) fruto de una determinada acción colectiva.

De acuerdo con éste modelo. Tilly predice la acción colectiva basada en la movilización, oportunidades o amenazas y el poder. Por tanto, para él, la acción colectiva tiene, al menos a nivel organizativo, un propósito racional antes que afectivo o expresivo sin descartar la importancia de las emociones a nivel individual aun cuando considere que los intereses están enraizados en las relaciones sociales antes que en predisposiciones personales.

Tilly presenta a la historia como la causa y el efecto de la acción colectiva. La acción colectiva en un determinado lugar y momento está enraizada en las formas habituales en las que el pueblo protesta contra la injusticia, pero estos repertorios cambian sustancialmente en forma y contenido a lo largo del tiempo. Considera que los actores organizados no disponen de un arsenal ilimitado de recursos para la protesta y que dependen de las  tradiciones culturales heredadas desde dentro  del conflicto, lo que denomina “repertorios de acción colectiva”

No contempla Tilly a la sociedad como reificada en una totalidad diferenciada sino como un fluido en permanente cambio causa y efecto de relaciones y dinámicas complejas imbricadas en distintas escalas tanto a nivel macro como a escala micro. En el campo de esa realidad compleja es posible focalizar los análisis en nudos particulares de entre los intersticios del tejido social para su estudio histórico o sociológico siendo denominados entonces como Estados, organizaciones o grupos sociales que adquieren consistencia diferenciada  por conveniencia analítica siendo sus factores determinantes interacciones y relaciones entre los distintos miembros, individuales y colectivos, de la sociedad.

El cambio social es, más que un proceso, una tendencia única, el fruto de numerosos procesos fragmentarios, magistralmente expuestos y ejemplificados por Tilly a lo largo de los capítulos de su obra “Democracia”, actuando en paralelo, o en direcciones opuestas, convergentes o divergentes, como vectores con fuerza y dirección que actúan sobre la abstracción del campo social, agregando y acumulando sus efectos. Así, si abordamos el análisis de los hechos históricos no nos permiten postular estadios distinguibles de corte determinista en un determinado proceso histórico del mismo modo que pone de relieve que la diferenciación en las sociedaes no puede considerarse como un proceso arquetípico de cambio puesto que lo mismo ocurren procesos de evolución como de involución a nivel organizativo. Un determinado orden social puede surgir a través de mecanismos distintos a los de integración puesto que, en algunos casos, determinadas formas de protesta y/o violencia colectiva son las únicas formas racionales de perseguir los intereses colectivos, del mismo modo que la coerción al servicio del Estado y de la ley puede ser en ocasiones indistinguible del crimen y la delincuencia.

Según Tilly, existen variados procesos de cambio a gran escala como la urbanización, la proletarización, la capitalización, la industrialización o la burocratización, entre otros, que acontecen de forma específica y diferenciada. A lo largo de su obra, ha intentado dar respuesta a la cuestión de cómo el nacimiento del capitalismo y la concentración del poder en el Estado-Nación han influenciado en las formas y el grado de éxito con los que los pueblos luchaban a favor de sus intereses comunes. Ha abordado esta cuestión a través de la inferencia y descripción en cada caso de las grandes transformaciones estructurales promovidas por el desarrollo del capitalismo y la construcción del Estado, el modo en que modifican los intereses, las oportunidades y las organizaciones de distintos grupos sociales lo que a su vez altera los modos de lucha de clases.

A lo largo de su trayectoria académica, el estudio sobre los procesos de democratización, democracia y desdemocratización se ha ido convirtiendo en uno de sus principales ejes analíticos sobre las acciones colectivas. A lo largo de la historia, las democracias han evolucionado a través de intensas luchas sociales siendo, con frecuencia, sacrificada en muchas de ellas.

Tilly puso en evidencia las deficiencias de la sociología clásica del siglo XIX en lo relativo al estudio del cambio social a través de lo que denominó los “ocho postulados perniciosos” que se resumen en la necesidad de abandonar el enfoque evolucionista y determinista, y en la forma de enfocar metodológica y escrupulosamente el estudio del cambio social concluyendo que “no existe cambio social en general” tal y como demuestran las disciplinas complementarias que son la sociología y la historia.

El cambio general de las protestas locales de la Edad Media a las modernas manifestaciones fue en gran medida debido y posibilitado por la formación del estado y el capitalismo que alteraron significativamente intereses, organizaciones las oportunidades para la acción colectiva. Dos puntos muy importantes clarificados por Tilly son, por un lado, que el repertorio de cambios difiere entre los países tanto como el estado de formación y consolidación del capitalismo, y por el otro, que el repertorio de cambios no está determinado por modificaciones en las instituciones políticas. La acción colectiva no es un simple efecto del cambio institucional aunque éste sea una causa que a él contribuye.

Tilly argumenta en su obra “Carreteras del pasado hacia el futuro” que los cambios políticos son condición necesaria si no suficiente para las situaciones revolucionarias de las cuales emergen el estado y el capitalismo modernos.

Distingue entre “situaciones revolucionarias” donde el control del estado es simplemente cuestionado de los “resultados revolucionarios” que conllevan una transferencia de la autoridad del gobierno a los que cuestionan total o parcialmente el poder del estado. Aunque en su obra Revoluciones Europeas 1492-1992  reconoce que hay una considerable variación entre los distintos episodios revolucionarios según tiempo y lugar argumenta que estas son explicables desde el marco general de su modelo de movilización social.

Tilly define los procesos de movilización como la forma en que los grupos contendientes tienen de reclamar el control y de activar los recursos necesarios para actuar, no la acción misma. La movilización, de acuerdo a su modelo, no es sino uno de los cinco componentes necesarios para que un movimiento social o una campaña de protesta  se produzca: el interés común, organización, movilización, oportunidades , y entonces, la acción colectiva, que se define como la búsqueda común de objetivos comunes y intereses. Hizo especial hincapié en que la capacidad de movilización es una función de la organización e introdujo a otras organizaciones en la ecuación, muy especialmente al Estado y a los grupos de presión, a través de la “oportunidad para actuar juntos”. Concretamente, el Estado y los grupos de oposición encuentran distintas vías en función de cómo sus acciones afectan a la percepción de costes de los actores movilizados o movilizables. Si los costes son muy altos, por ejemplo si los grupos de oposición están inmersos en un Estado con una fuerte tendencia a la represión, la acción colectiva no ocurrirá.

 

Podemos afirmar que el tema principal a lo largo de la obra de Charles Tilly es el cambio social y su relación con la política popular y la formación del Estado. Un sello distintivo de su enfoque, como ya hemos apuntado, es la capacidad de hacer grandes preguntas analíticas, y para generar nuevas fuentes de datos empíricos con los cuales explorar, dando lugar a interpretaciones originales e innovadoras. Este amplio enfoque ha sido utilizado para hacer frente a cuestiones que van desde las razones de los marcados contrastes en las formas de constitución de los Estados europeos, a la explicación de los patrones duraderos de la desigualdad social a través del tiempo. Su trabajo aborda la relación entre estructura social y acción humana como un dinámico, fluidos y complejo conjunto de procesos.

La aproximación de Tilly al concepto de agencia es a través de la sociología política en lugar de la cultural. Las instituciones y la acción organizada importan más que los significados que los individuos y colectivos otorgan a sus acciones.

En su obra, Democracia, Tilly nos ofrece una importante reinterpretación, basada en una amplia comparativa diacrónica y sincrónica de datos históricos,  de los avances y retrocesos de la democracia a nivel mundial. Sobre la base de varias décadas de trabajo e investigación sobre la acción colectiva en las sociedades modernas, Tilly diseña un innovador marco para realizar un seguimiento de los procesos de democratización y des-democratización, a través de los siglos.Pretende explicar no los mecanismos dicotómicos, a modo de lista de comprobación, entre los regímenes democráticos y no democráticos, sino los procesos de cambio a través del tiempo, centrándose en los procesos políticos que alteran las relaciones entre los ciudadanos y el Estado. Su tesis es que las perspectivas de la democracia se articulan en tres procesos a gran escala dentro de un país: la integración de “redes de confianza interpersonal en la política, el aislamiento de la política de las desigualdades económicas y sociales,y la eliminación o neutralización del poder coercitivo de los centros autónomos de poder, como los clanes, los señores de la guerra, o las élites militares. Tilly  ilustra en esta obra la teoría abstracta con la macrohistoria y con  debates empíricos basados en  casos de países tan diversos como Francia, India, Jamaica, Kazajstán y Venezuela – ilustrando las diversas formas y variaciones de la democracia, sus avances y sus retrocesos. En el libro podemos apreciar una descripción de los regímenes estatales en torno a dimensiones como: la capacidad del Estado para dar forma a los recursos y la acción dentro de su ámbito social, la amplitud de la representación en la política, la igualdad de representación a través de la política, la fuerza de la consulta entre los miembros del Estado y la sociedad y la protección de los miembros del sistema político. También se sugieren preguntas sobre el funcionamiento de un régimen y su manera de afectar a la forma y la dinámica de la acción política, Sobre cómo los cambios en el carácter de un régimen influyen en las formas y dinámicas de la acción, o sobre cómo los cambios en los repertorios de acción, tipos de protestas, y partidos opositores afectarán a las trayectorias de los regímenes.

Tilly sostiene que para comprender las diferencias a largo plazo entre los sistemas de partidos es necesario focalizarse en los “constructores de la nación”, las situaciones y crisis que afrontaron y las decisiones que tomaron. Los constructores de la nación pueden convertirse en “constructores del Estado” cuando sus proyectos son más institucionales que culturales.

Para concluir diré que, en mi opinión, Democracia de Charles Tilly es una de esas obras monumentales cuya lectura y análisis son imprescindibles para un sociólogo o un politólogo.