Thomas Piketty, desigualdad e impuesto global sobre el capital.

desigualdadEn su estudio, El capital en el siglo XXI, publicado en 2013, el economista francés Thomas Piketty, buscó desenmascarar la clásica falacia de la economía ortodoxa basada en la imagen, popularizada por el economista Simon Kuznets, de que “la marea creciente hace flotar a todos los barcos”. De hecho, argumenta, esto fue cierto sólo en un período relativamente corto de la historia humana, la “Treintena Gloriosa” (treinta y tantos años después de la Segunda Guerra Mundial), cuando la política nacional favoreció al trabajo por encima del capital.
La pregunta fundamental de Piketty es si el capitalismo conduce inevitablemente a una mayor desigualdad ¿O acaso la competencia, el crecimiento y el avance tecnológico traen consigo una mayor igualdad de ingresos a largo plazo?

El ensayo publicado en 1955 por Kuznets “ Crecimiento económico y desigualdad de ingresos” , fue el origen del desarrollo de la conocida como “Curva de Kuznets”, es decir, la observación de que en las primeras etapas de la industrialización, es el capital en lugar del trabajo el que proporciona los mayores beneficios debido a que el capital puede aprovechar mejor las nuevas tecnologías. Sin embargo, a medida que la industrialización avanza, una mayor proporción de la sociedad puede participar de sus frutos en términos de mayores salarios reales: “Una marea creciente levanta todos los barcos”.
Piketty argumenta que la curva de Kuznets no es una ley inexorable, sino que se trataba de un concepto ideológicamente dirigido  para promover los beneficios del capitalismo a los países pobres durante la Guerra Fría. Pero si la curva de Kuznets no es real, ¿Dónde deja a nuestra sociedad?
Las tendencias de nuestra época no son buenas; las nuevas tecnologías de la información, incluida Internet, han generado enormes fortunas para unos cuantos, mientras que los salarios de la mayoría han aumentado muy poco. La proporción del peso del factor trabajo en los ingresos nacionales no ha mostrado signos de aumentar, ni siquiera con el avance de la tecnología (de hecho, algunos empleos han desaparecido por completo). El verdadero problema es que la creciente desigualdad puede producirse incluso en un entorno de educación, habilidades y capacitación adecuadas y mercados eficientes. Piketty destaca el incómodo hecho matemático de que, en períodos de lento crecimiento económico (como el del mundo desarrollado), la participación del capital en la riqueza nacional crece más rápidamente. En lugar de realizar el arduo trabajo de crear una empresa e invertir en las personas, es más rentable para los más adinerados convertirse en rentistas, recaudando dividendos sobre bienes raíces, acciones y otros capitales. Además, si no se crea nueva riqueza en abundancia, la existente adquiere mayor importancia. Cuando el rendimiento del capital supera la tasa nacional de crecimiento económico, es muy fácil para los ricos aumentar su riqueza, incluso cuando los salarios de los pobres o de la clase media se estancan o caen. Los mayores derechos de propiedad, los mercados más libres o la mayor competencia no mejorarán la situación porque los mercados más perfectos tienden a favorecer al capital más que al factor trabajo.

La estructura de la desigualdad

Piketty enfatiza dos aspectos generadores de desigualdad. Por un lado, puede observarse una “sociedad de rentistas”, compuesta por individuos que, en esencia, viven de la riqueza acumulada y heredada, con una clase alta que contrata a personas con salarios muy bajos. Por el otro, una “sociedad hipermeritocrática” o sociedad de “supermanagers”, con un pequeño porcentaje de personas que ganan enormes sumas de dinero fruto de su trabajo. Desde 1980, tres cuartas partes de las ganancias de ingresos en los EE. UU. han sido para el 1 por ciento en la cima de la pirámide, que incluye a las personas que ganan más de 1,5 millones de dólares al año. El resultado ha sido una mayor desigualdad en los ingresos provenientes del trabajo que en ningún otro momento de la historia de la humanidad. Los ingresos de la clase hipermeritocrática los transforman en una nueva clase rentista, o la complementan. Esto significaría que a menos que se herede riqueza, o un individuo sea una especie de superestrella en su dominio, su perspectiva económica es modesta en el mejor de los casos. Piketty considera que la creciente desigualdad fue la causa de la crisis financiera de 2008, por la sencilla razón de que los salarios de las clases media y baja se habían estancado y para mantener su nivel de vida las personas tuvieron que endeudarse más.
Robert M. Solow en Thomas Piketty Is Right, publicado en After Piketty: The Agenda for Economics and Inequality, identifica una serie de factores causales que contribuyen al incremento de la desigualdad:  la erosión del salario mínimo real; la decadencia de los sindicatos y la negociación colectiva; la globalización y la intensificación de la competencia de los trabajadores de bajos ingresos en los países pobres; los cambios tecnológicos y los cambios en la demanda que eliminan los empleos de nivel medio y dejan al mercado laboral polarizado entre los trabajadores altamente educados y calificados en la parte superior y la masa de trabajadores pobres y no calificados en la parte inferior.

Para 2020, Piketty señala que la parte de la riqueza heredada en Francia será del 70 por ciento de la riqueza total, con sólo un tercio procedente del ahorro, de los salarios o de la plusvalía. En otras palabras, la riqueza heredada es cada vez más importante que las rentas salariales para determinar quién tiene buenos ingresos y quién no.
Piketty asume que la tasa de crecimiento a nivel mundial disminuirá a poco más del 3 por ciento hasta 2050, luego de 2050 a 2100 disminuirá a 1,5 por ciento, que fue la tasa de crecimiento global en el siglo XIX. Mientras tanto, la tasa de retorno del capital se mantendrá estable entre el 4 y el 5 por ciento, como lo ha hecho a lo largo de la historia. La única forma de detener la dominación del capital sobre el trabajo sería un impuesto global sobre el capital: un impuesto anual progresivo sobre la riqueza individual, o el valor neto de los activos que una persona tiene menos cualquier deuda. Tal impuesto, que necesitaría conjugarse con nuevas leyes, el acatamiento de la transparencia bancaria y medidas represivas contra los paraísos fiscales, detendría la “interminable espiral de desigualdad” que enfrenta el mundo.
Piketty admite que la idea es utópica, pero no imposible de implementar. Si los gobiernos eluden su responsabilidad, se verán obligados a hacer frente a la desigualdad creciente y a shocks políticos y sociales. La alternativa es el surgimiento del nacionalismo y los populismos de extrema derecha que, entre otras cosas mucho menos deseables, pueden traen consigo políticas proteccionistas y controles sobre capital. Un impuesto sobre el capital no reemplazaría a los impuestos progresivos sobre la renta o a los impuestos a la propiedad, sino que serviría para obtener más impuestos de personas muy ricas, que en este momento están gravadas principalmente con impuestos sobre la renta, fácilmente susceptibles de ser minimizados con el adecuado asesoramiento.
Piketty concluye que si se cuenta con el libre comercio y la libre circulación de capitales y personas, pero se destruye el estado social y todas las formas de tributación progresiva, las tentaciones del nacionalismo defensivo y las políticas identitarias se harán más fuertes que nunca, tanto en Europa como en Estados Unidos. Las políticas económicas extremas conducen a resultados políticos extremos.
El mundo venidero puede combinar lo peor de dos mundos pasados: enorme desigualdad  de riqueza heredada y desigualdades salariales extremadamente elevadas justificadas en términos de mérito y productividad (reclamaciones con muy poca base objetiva).

 

 

Bibliografía consultada.

Boushey, Heater, Bradford DeLong, y Marshall Steinbaum, eds. 2017. AFTER PIKETTY The Agenda for Economics and Inequality. Harvard University Press.

Butler-Bowdon, Tom. 2017. 50 Economics Classics. Nicholas Brealey Publishing.

Piketty, Thomas. 2014. Capital in the Twenty-First Century. The Belknap Press of Harvard University Press.

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