Categoría: Política

¿Hacia un nuevo totalitarismo global? (I)

El artículo se encuentra publicado en los siguientes enlaces:

http://elperiscopi.com/hacia-un-nuevo-totalitarismo-global-i/

http://www.attacmallorca.es/2016/09/19/hacia-un-nuevo-totalitarismo-global-i/

http://www.attac.es/2016/09/21/hacia-un-nuevo-totalitarismo-global-i/

 

Anuncios

Resultados electorales de Unidos Podemos el 26J y el cleavage centro-periferia.

Un importante factor a tener en cuenta a la hora de buscar el posible techo electoral de Podemos y sus confluencias en las Elecciones Generales, así como en el planteamiento estratégico de futuras campañas electorales, es la actitud de los españoles respecto a la organización territorial del Estado y sus posibles fórmulas alternativas.

La asunción de los issues propios del discurso nacionalista por parte de PODEMOS ha tenido como resultado afianzar el voto en Catalunya y Euskadi, donde debido al efecto global no proporcional del sistema electoral español, el coste en votos de un escaño es relativamente menor. Así en ambas comunidades PODEMOS ha conseguido ser la fuerza más votada. En Catalunya, EN COMÚ PODEM, con 848.526 votos, un 24,51 % del total, mientras que, en el País Vasco, PODEMOS/AHAL DUGU-IU-EQUO ha conseguido el apoyo del 29,05 % del electorado, 333.730 votos. Sin embargo, todo indica que el resto de la sociedad española no asume mayoritariamente las líneas argumentales y programáticas conducentes a una mayor descentralización de la organización territorial del Estado, que muy fácilmente se pueden asociar con el nacionalismo centrífugo y el independentismo debido a la creciente polarización, tanto de la agenda mediática como de la política.

resultado podemos26j

Fuente: Ministerio del Interior. http://resultados2016.infoelecciones.es/99CO/DCO99000CM.htm?lang=es

catalunya

PaisVasvo

Como puede comprobarse a lo largo de los sucesivos barómetros publicados por el CIS y más concretamente en el de mayo de 2016, solo un 23,6 %, de los españoles están a favor de que las comunidades autónomas tengan un mayor grado de autonomía que en la actualidad, incluyendo en la proporción al 10% que optaría por que se reconociese a las comunidades autónomas la posibilidad de convertirse en estados independientes. De este modo, un 64,5% de los ciudadanos serían partidarios de que el Estado de las Autonomías permaneciese como hasta ahora o aumentase el centralismo, con un casi 19% que se declara partidario de un gobierno central único sin Autonomías.

cis042006

CIS Barómetro de abril 2016

cis052016

CIS Barómetro de mayo 2016

Según los últimos barómetros del CIS, existen otras cuestiones que preocupan seriamente a los ciudadanos como el paro, la corrupción y el fraude, los problemas de índole económica, los partidos y la política, la sanidad y la educación, mientras que los nacionalismos aparentan en la encuesta una posición prácticamente residual como problema actualmente percibido en España. Aun así, la clásica línea divisoria centro-periferia definida por Lipset y Rokkan en su ensayo Cleavage Structures, Party Systems, and Voter Alignments, parece seguir teniendo gran importancia como subyacente factor explicativo del voto y del fallo en las previsiones de las encuestas en las elecciones generales celebradas el pasado 26 de junio.

El cleavage centro periferia implica una confrontación de las regiones en los polos exteriores del Estado con las élites y burócratas de ámbito nacional. Un conflicto entre una visión centralista y homogeneizadora del Estado bajo el control de la capital y los particularismos regionalistas, con fuerte componente identitario basado en aspectos políticos, culturales y lingüísticos, que una parte de la ciudadanía periférica teme que sean absorbidos y homogeneizados por la administración y las políticas del centro. El concepto de identidad colectiva, que tanto opera en los nacionalismos centrífugos como centrípetos, implica un contenido emocional tanto más relevante en el individuo cuanto mayor sea su contribución a su definición y diferenciación como persona o como actor social. Debido al intenso contenido emocional, se trata de una línea programática de aparente fácil comprensión e inmediata asimilación por parte de la mayoría de los votantes, sea cual sea su nivel de formación y susceptible de crear espirales de conflicto y debates de creciente polarización capaces de enmascarar problemas más complejos y de más difícil explicación o justificación por parte de las formaciones políticas. Así, podemos seguir esperando en el futuro que partidos que difícilmente pueden lograr articular con coherencia y credibilidad argumentos y programas en otras áreas de vital importancia para el Estado y la ciudadanía, seguirán apelando a las banderas como cortina de humo para ocultar vergüenzas y atraer por la vía emocional a prosélitos que, con un análisis más racional, seguramente no apoyarían, por ejemplo, a partidos afectados por incontables casos aislados de corrupción de apariencia sistémica o a otros que cuando acceden a las palancas de mando tienden a ejecutar políticas reales contrarias al programa que predican.

NEOPATRIMONIALISMO, un término para describir el funcionamiento político de España y sus 17 Comunidades Autónomas

CapturaEl concepto “Neopatrimonialismo” describe la coexistencia e interacción de instituciones formales e informales, o conductas y procedimientos informales generalizados dentro de un sistema político formal como un Estado moderno. Es un sistema en el que existen dos lógicas y patrones institucionales actuando a la vez y en paralelo: el sistema patrimonial de gobierno personalista, el clientelismo y el patronazgo, junto con el sistema legal-racional del Estado moderno. Además, las dos esferas tienden a fusionarse de modo que  el sistema patrimonial (de gobierno personal) penetra en el sistema legal-racional, tergiversa su lógica, sus funciones y sus actuaciones. Como las instituciones y los comportamientos formales e informales están íntimamente ligados entre sí de diversas maneras y en distintos grados y esta mezcla se institucionaliza. Los sistemas neopatrimonialistas se caracterizan por el clientelismo, que puede describirse como el procedimiento a través del cual los patrones mantienen su status de poder basado en la concesión de favores personales relacionados con la distribución de puestos de trabajo en el sector público o el reparto de los recursos públicos, a través de la concesión de licencias, contratos y proyectos. Así, el clientelismo es una forma de dependencia basada en el poder para distribuir de una forma desigual los recursos relacionados con la gestión de lo público que son usados en beneficio mutuo.Esto va unido a la concentración sistemática del poder político en manos de un pequeño número de individuos que actúan como mecenas. La privatización y la distribución de bienes públicos a sus clientes son factores esenciales para la estabilización y el mantenimiento de su poder.

Sin embargo, esto no impide que las redes de clientelismo puedan cambiar en parte a lo largo del tiempo. Con el Presidente en la parte superior, las redes neopatrimoniales a menudo tienen una estructura piramidal. Esto es debido a que los miembros de alto rango en el aparato estatal tienen la posibilidad de “privatizar” los cargos públicos a cuya designación  tienen acceso nombrando a amigos, socios o miembros de la familia. Con los subordinados en cada nivel reclutando sus propios clientes en los niveles por debajo de ellos, extensas redes emergen. Esto, sin embargo, no significa necesariamente que tales sistemas sean siempre totalmente centralizados. También podría ser que las diferentes redes de poder compitan por el poder, teniendo así capturadas para distintos clanes diferentes instituciones del Estado.

O´Neil distingue cuatro elementos fundamentales (que podríamos resumir en tres) en los estados neopatrimoniales:

  • Hibridación institucional. Las instituciones informales son una característica de todas las sociedades humanas, por lo tanto existen junto a instituciones formales en todos los Estados. Los estados neopatrimoniales se distinguen por la existencia y habitual prevalencia de normas y prácticas patrimoniales informales junto a las normas o instituciones jurídico-racionales formales.
  • Existencia a un tiempo de instituciones patrimoniales y legales-racionales. En los regímenes puramente patrimoniales al estilo de las monarquías absolutas, la cuestión de la legitimidad de las prácticas patrimoniales no se plantea porque no existe ninguna distinción entre la esfera pública y la privada. En los estados neopatrimoniales, sin embargo, las prácticas patrimoniales utilizan e instrumentalizan las instituciones jurídico-racionales propias de las democracias liberales. Por lo tanto, los estados neopatrimoniales se distinguen por la existencia de instituciones racionales-legales formales disfuncionales junto a las normas patrimoniales informales y el compromiso retórico de las élites para la separación de las esferas pública y privada.
  • Importancia relativa de las instituciones formales e informales: Todos los estados modernos muestran prácticas que pueden caracterizarse como patrimoniales. Los estados neopatrimoniales se distinguen por una lógica patrimonial generalizada y, a menudo, predominante sobre la jurídico-racional.
  • Incompatibilidad institucional: En sistemas políticos estables, las instituciones formales e informales rigen generalmente las reglas del juego político de forma complementaria. En los estados neopatrimoniales no sólo se carece de un conjunto común de reglas predecibles, sino que las reglas formales e informales son frecuentemente contradictorias. Esto permite la impugnación de las reglas legítimas del juego y produce incertidumbre acerca de las reglas que prevalecerán y se harán cumplir. En lugar de venir definidos por la ausencia de normas, los estados neopatrimoniales se distinguen por la presencia de múltiples y contradictorias normas o instituciones.

De este modo, el patrimonialismo y la informalidad propias de los estados neopatrimoniales se expresa a través de tres características básicas fundamentales para la comprensión de otros funcionamientos y dinámicas en su seno.

  • Escasa o nula separación de las esferas pública y privada: Esto da lugar a la apropiación privada de lo público y el uso de recursos públicos para, entre otras cosas, la legitimación política. También está íntimamente relacionada con otras prácticas como el clientelismo, el nepotismo, las relaciones de intercambio horizontales y la corrupción.
  • Primacía de los vínculos verticales sobre los horizontales: Combinando la débil separación de las esferas pública y privada con la primacía de la jerarquía vertical se obtiene como resultado el clientelismo sistémico que se ve reforzado también por la naturaleza de suma cero propia de la competencia neopatrimonial por el poder en el Estado. Esto hace que sea imperativo para los patrones y la clientela mantener sus relaciones y la estructura: para los patrones, debido a su necesidad de mantener su posición y su apoyo por parte de las bases; para los clientes, debido a la ausencia de servicios públicos confiables y universales así como mecanismos que actúen como redes de seguridad
  • Personalismo: El personalismo impregna a los estados neopatrimoniales y se expresa tanto en la forma de liderazgo (“presidencialismo”) y en la naturaleza del poder y las relaciones en toda la sociedad. Los estados neopatrimoniales tienden a ser presidencialistas. Esto no se refiere solo al sistema político formal, sino al hecho de que el poder tiende a concentrarse en una sola persona que domina el aparato del Estado y está por encima de sus leyes. Algunos autores se refieren a este fenómeno como el “liderazgo del hombre grande o fuerte” cuyas características tinden a replicarse en todos los niveles y aspectos de la sociedad.

Todo ello da lugar a una lógica política particular: los líderes y sus oponentes utilizan instituciones formales (el Estado) y reglas, normas y prácticas informales, (como el personalismo, el clientelismo, el control centralizado de facto de los recursos del Estado, etc.) para obtener legitimidad y ventaja en una competición de tipo winner-takes-all por el control del Estado.

CONSULTAS:

Anastasios Karasavvoglou • Serdar Ongan •Persefoni Polychronidou Editors.  EU Crisis and the Role of the Periphery

O’Neil,Tam Neopatrimonialism and public sector performance and reform http://www.odi.org/sites/odi.org.uk/files/odi-assets/publications-opinion-files/4393.pdf

LAS CUATRO ETAPAS DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

CapturaPara abordar este tema me basaré principalmente en el patrón seguido en el texto de Jonathan Christiansen en Theories of Social Movements (The Editors of Salem Press 2011). Definir con exactitud qué es un movimiento social puede ser complicado. Tal y como afirman (Freeman, J. & Johnson, V. 1999), no se trata ni de un partido político ni de un grupo de interés ya que estos suelen ser entidades políticas estables que pueden tener un acceso regular al poder y a las élites políticas; tampoco es una moda pasajera o tendencia de masas desorganizadas, fugaces y sin objetivos; sin embargo, los movimientos sociales pueden ser encuadrados en algún punto intermedio entre ambos. Algunas de las características principales de los movimientos sociales según (DELLA PORTA y DIANI 2006) son que suelen estar involucrados en relaciones conflictivas con unos oponentes claramente definidos e identificados ya sean de carácter político, económico o cultural; crean interacciones en red a través de densos vínculos de carácter principalmente informal que involucran intercambio de recursos mantenidos en el tiempo en aras de la consecución de determinados objetivos comunes y comparten una identidad colectiva distintiva fuertemente asociada con el reconocimiento del individuo dentro del grupo y la promoción de la interconectividad lo que refuerza el sentido del propósito común y el compromiso compartido por una determinada causa. Según Claus Offe, los nuevos movimientos sociales, desarrollan una fundamental crítica metapolítica al orden social y a la democracia representativa, desafiando las tradiciones institucionalmente asumidas en relación a las maneras convencionales de “hacer política”. En contraste con los clásicos movimientos obreros, las principales innovaciones de los nuevos movimientos son una ideología crítica en relación al modernismo y al progreso; unas estructuras organizacionales descentralizadas y participativas; la defensa de la solidaridad interpersonal contra las grandes burocracias y la demanda de espacios autónomos incluso en mayor medida que meras ventajas materiales. Los movimientos sociales pueden ser considerados como entidades sociales organizadas, aunque todavía de manera informal, involucradas en conflictos extra institucionales y orientadas hacia uno o varios objetivos que pueden estar dirigidos tanto hacia unas políticas específicas y cercanas o, de manera más amplia, hacia cambios culturales. Smelser (Smelser 1962) estableció la distinción entre movimientos orientados hacia las normas y movimientos orientados hacia los valores. Los primeros tratan de promover cambios específicos, aunque relativamente limitados, principalmente en lo tocante a derechos, normas y reglas de acceso y participación en las distintas instituciones sociales. Mientras que los movimientos orientados hacia los valores buscan cambios más profundos y fundamentales en los valores culturales así como en las estructuras y prácticas institucionales.
Uno de los primeros académicos en estudiar la dinámica de los movimientos sociales fue Herbert Blumer que identificó cuatro etapas o estadios en el ciclo de vida de estos movimientos a las que describió como fermento social, etapa caracterizada por una agitación desorganizada y desenfocada durante la cual se presta gran atención a la propaganda de los “agitadores”; entusiasmo social, en la que las causas subyacentes del descontento y los objetivos de la acción se definen más claramente; formalización, etapa en la que la participación disciplinada y la coordinación de las estrategias para el logro de los objetivos del movimiento son alcanzadas por la creación de una organización formal, e institucionalización, cuando el movimiento se convierte en una parte orgánica de la sociedad y cristaliza en una estructura profesionalizada. Desde este temprano enfoque, los académicos han profundizado y renombrado estas etapas pero la temática subyacente ha permanecido relativamente constante. A día de hoy, las cuatro etapas de los movimientos sociales son conocidas como: Emergencia; coalescencia; burocratización, y declive. Aunque el término declive puede parecer negativo, no necesariamente debe ser entendido siempre en esos términos. Los movimientos sociales pueden entrar en declive por varias razones y se han identificado cinco causas principales: éxito del movimiento en sus demandas; fracaso de la organización; cooptación; represión, o integración con la corriente principal de la sociedad en general.

En la etapa emergente, o, en terminología de Blumer, de “fermento social” los movimientos sociales se encuentran en los preliminares y apenas existe organización. Esta etapa puede ser descrita como de un descontento generalizado en relación a unas determinadas políticas o condición social pero sin tomar medida alguna para conseguir sus reivindicaciones o, si lo hacen, es más probable que opten por la acción individual en lugar de la colectiva. El ciudadano puede comentar con amigos y familiares su descontento o puede escribir cartas a los medios de comunicación o representantes locales pero estas acciones no tienen un carácter estratégico ni colectivo.

La etapa de coalescencia o “etapa popular” está caracterizada por un más claro y definido sentimiento de descontento. Ya no se trata tan solo de una sensación de malestar sino que ya existe un diagnóstico del malestar y de qué o quiénes son los responsables. El malestar se va haciendo progresivamente más evidente y el descontento ya no es individual y descoordinado sino que tiende a focalizarse y a expresarse colectivamente, es en este momento en el que empiezan a establecerse los liderazgos y a diseñarse las estrategias para el éxito. También en esta etapa, pueden convocarse manifestaciones masivas con el objetivo de mostrar el poder del movimiento social y de realizar demandas claras. El movimiento se transforma en algo más que individuos molestos que actúan de forma más o menos aleatoria para pasar a organizarse y actuar con perspectiva estratégica.

La etapa de la burocratización es la que Blumer define como “formalización” estando caracterizada por niveles más altos de organización y estrategias basadas en el establecimiento de coaliciones. Los movimientos han obtenido algunos éxitos surgiendo la conciencia de que es necesario un cierto grado de estrategia coordinada en los movimientos. Asimismo, los componentes de los movimientos comienzan a confiar en un staff directivo compuesto por personas dotadas de conocimientos especializados capaces de ejecutar las operaciones en el día a día de la organización y llevar a cabo los objetivos del movimiento. En esta etapa los movimientos sociales ya no pueden confiar solo en las concentraciones masivas o en sus líderes inspiradores para avanzar hacia sus metas sino que se ven obligados a depositar su confianza en un staff capacitado para llevar a cabo las funciones de la organización. Muchos movimientos fracasan en esta etapa de burocratización y pueden terminar disolviéndose debido a la dificultad de sus miembros a la hora de mantener la excitación e implicación emocional necesaria así como para asumir los distintos costes y esfuerzos que la movilización continuada en el tiempo exige de los participantes. En muchas ocasiones, la formalización de la organización significa que el personal especialista remunerado puede cubrir los huecos cuando no se encuentran disponibles voluntarios altamente entusiastas.

Finalmente, la cuarta y última etapa del ciclo de vida de los movimientos sociales es el declive o institucionalización. El término declive no necesariamente ha de significar fracaso sino que existen otros modos en los que los movimientos sociales pueden finalizar: Represión, cooptación, éxito, fracaso y, según señala (Macionis 2011), sintonía e integración con la corriente mayoritaria del entorno.

La represión se produce cuando las autoridades o los agentes que actúan en su nombre, utilizan medidas (a veces violentas) para controlar, desactivar o desmantelar un movimiento social. Así, aunque las acciones represivas puedan definirse como legítimas por parte del Estado que las aplica, nunca serán consideradas como tales desde el punto de vista del movimiento reprimido. Es frecuente que los gobiernos aprueben, o apliquen con toda la dureza posible, leyes o reglamentos que prohíban o repriman las actividades o a las organizaciones de movimientos específicos o justifiquen, cuando no promuevan de forma más o menos tácita, ataques contra ellos al declarar al movimiento y/o su organización como, de algún modo, peligrosos para el orden público. Este tipo de represión hace que sea extremadamente difícil para los movimientos sociales llevar a cabo sus actividades y reclutar nuevos miembros.

Los movimientos sociales también pueden entrar en declive si sus organizaciones son muy dependientes de una autoridad centralizada o de un fuerte liderazgo carismático. Se produce la cooptación cuando los líderes del movimiento se asocian de algún modo con las autoridades o actúan en connivencia directa o indirecta con ellas una vez alcanzado algún tipo de poder institucional, en lugar de con los miembros del movimiento social. Por ejemplo, un determinado líder podría ser llamado a colaborar en una determinada institución objetivo de las protestas con el teórico fin de contribuir a cambiar las cosas desde dentro. Sin embargo, incurriría en cooptación cuando, en lugar de eso, ellos mismos se integran en la institución u organización y asumen su código de valores y objetivos en lugar de los del movimiento social.

En otros casos, el declive en los movimientos sociales se produce debido a su éxito ya que, una vez alcanzadas sus metas, pueden desaparecer las razones para mantener la presión y la organización. Los movimientos pequeños y localizados con objetivos muy específicos suelen tener, con frecuencia, mejores oportunidades para conseguir un éxito total en sus reivindicaciones que aquellos con objetivos definidos con mucha menor claridad. Una vez alcanzado el éxito, algunos movimientos organizan nuevas campañas reivindicativas en sintonía con los valores asumidos por el grupo pudiendo ser también estudiados desde el marco de la teoría neo institucionalista según el cual estas nuevas reivindicaciones podrían no ser más que producto de las necesidades de una organización ya creada que necesita justificar su razón de ser y permanecer.

El fracaso de un movimiento social puede deberse a la incapacidad de la organización para gestionar una rápida expansión, lo que conlleva unos elevados niveles de estrés organizacional y pueden conducir a la ruptura en distintas facciones. El fracaso de los movimientos sociales debidos a errores organizacionales o estratégicos es común en muchos tipos de organizaciones. Cuando el fracaso ocurre a nivel organizacional suele ser debido a dos razones principales: el faccionalismo y la encapsulación.
Con el estudio de caso del Students For a Democratic Society, (Miller 1999), ilustra el caso de un movimiento de rápido crecimiento que debido a su estructura abierta en la que todo el mundo era animado a tomar parte en el proceso de toma de decisiones, la organización comenzó a ser controlada por diferentes facciones que operando desde dentro trabajaban, realmente, en beneficio de otras organizaciones externas. Este es uno de los peligros que corre el movimiento PODEMOS en España que, precisamente, debido a su apertura y al fomento de la participación ciudadana resulta especialmente vulnerable a la llagada de arribistas y “submarinos” de diversa índole para instrumentalizar la organización con distintos fines ajenos a alguna concepción de Bien Común o Interés General. Al aumentar el grado de faccionalización y al estar sometido el movimiento a presiones exteriores o represión, los distintos grupos tienden a aislarse más en sí mismos lo que conduce al encapsulamiento. Este es el proceso a través del cual un determinado grupo de activistas va aislándose de la corriente más amplia del movimiento al compartir una serie de rasgos más pronunciados relativos a hábitos, cultura e ideología lo que les convierte en más parecidos unos a otros y, al mismo tiempo, más rígidos. Puede ocurrir que su dedicación intensiva al movimiento en recursos, tiempo y esfuerzo les conduzca a no simpatizar con aquellos componentes o activistas del mismo que no hacen de la causa el aspecto dominante de sus vidas lo que lleva que estos miembros a dedicación parcial o los nuevos integrantes tengan cada vez mayores dificultades para penetrar en el grupo oligárquico de la cúpula que paulatinamente va a ir imponiendo sus leyes de hierro descritas por Michels.

En último lugar, señalar que el declive de un movimiento social puede producirse también cuando consigue la sintonía con la corriente principal del entorno político social que pretendía modificar, bien por cambios en los valores del movimiento o por consecución del éxito a la hora de implantar sus valores e iniciativas en la sociedad por lo que ya no existe ninguna necesidad del movimiento en el sentido primigenio.

Bibliografía 
DELLA PORTA, DONATELLA, and MARIO DIANI. SOCIAL MOVEMENTS AN INTRODUCTION. Oxford: Blackwell, 2006.
Freeman, J, and V Johnson. Waves of protest: Social movements since the Sixties. Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield Publishers, 1999.
Freeman, J. & Johnson, V. Waves of protest: Social movements since the sixties. Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield, 1999.
Macionis, J.J. Sociology (14th ed.). New Jersey: Prentice Hall, 2011.
Miller, F.D. “The end of SDS and the emergence of weatherman: Demise through success.” In Waves of protest: Social movements since the Sixties, by J. Freeman & V. Johnson, 303-324. Lanham, Maryland: Rowman & Littlefield Publishers, 1999.
Smelser, N. Theory of Collective Behavior. New York: Free Press, 1962.
The Editors of Salem Press. THEORIES OF SOCIAL MOVEMENTS. Pasadena: Salem Press, 2011.

Redes de gobernanza

ImagePodemos definir una red de gobernanza como una articulación horizontal relativamente estable de actores interdependientes, aunque operativamente autónomos, que interactúan a través de negociaciones que tienen lugar dentro de un determinado marco regulativo, normativo, cognitivo e imaginario; con capacidad de autorregulación dentro de los límites impuestos por agentes externos y que contribuye a la creación o producción de una finalidad o propósito público. Las redes de gobernanza articulan a un determinado número de actores privados, semipúblicos y públicos que, por un lado, son dependientes los unos de los otros respecto a recursos y capacidades mientras que, por el otro, son operacionalmente autónomos en el sentido de que no estan dirigidos por un superior a la hora de pensar o actuar de una determinada manera.  Para convertirse  en parte de una determinada red de gobernanza, los actores políticos deben demostrar que  tienen interés en las cuestiones políticas abordadas y que pueden contribuir con recursos y/o capacidades de cierto valor para los otros actores. Las relaciones de interdependencia significan que los actores en red están relacionados de forma predominantemente horizontal antes que vertical. Sin embargo, la relación horizontal entre los actores, no implica que estos sean iguales en términos de autoridad y recursos. Puede haber asignaciones asimétricas de los recursos materiales e inmateriales entre los actores de la red, pero ya que la participación en ella es voluntaria y los actores son libres de salir en cualquier momento y dado que los actores son mutuamente dependientes unos de otros, nadie puede utilizar su poder para ejercer un control jerárquico sobre cualquier otra persona sin correr el riesgo de arruinar la Red.

Los miembros de las redes de gobernanza interactúan a través de negociaciones que combinan elementos de deliberación. Los actores de la red pueden negociar sobre la distribución de los recursos con el fin de maximizar los resultados. Pero con el fin de facilitar el desarrollo de la coordinación negativa y positiva, esta negociación debe estar integrada en un marco más amplio de deliberación que facilite el aprendizaje y la comprensión común. Sin embargo, la deliberación dentro de las redes de gobernanza rara vez dará lugar a consensos unánimes, ya que tiene lugar en un contexto de intensas luchas por el poder que tienden a reproducir el conflicto y el antagonismo social. Por eso, la acción conjunta a menudo se basa en una consenso preliminar en el que se aceptó una propuesta a pesar del desacuerdo persistente.

La interacción negociada entre los actores de la red no tiene lugar en un vacío institucional. Más bien, se procede en un marco relativamente institucionalizado, que siendo más que la suma de sus partes, no constituye un todo homogéneo y completamente integrado. El marco institucional es la amalgama de las ideas contingentemente articuladas, las concepciones y las normas. Por esa razón, tiene un aspecto regulativo ya que proporciona reglas, roles y procedimientos; un aspecto normativo, porque transmite normas, valores y estándares; un elemento cognitivo ya que genera códigos, conceptos y conocimientos especialitzades, y un aspecto imaginario ya que produce identidades, ideologías y esperanzas comunes.

Las redes de gobernanza poseen una relativamente alta capacidad de autorregulación ya que no son parte de una cadena jerárquica de mando y no se someten a las leyes del mercado. Por el contrario, apuntan a la regulación de un ámbito político determinado sobre la base de sus propias ideas, sus recursos y sus interacciones dinámicas, y lo hacen dentro de un marco regulador, normativo, cognitivo e imaginario que se ajusta a través de negociaciones entre los actores participantes. Sin embargo, las redes de gobernanza siempre operan en un entorno político e institucional particular que debe ser tenido en cuenta, ya que tanto facilita como limita su capacidad de autorregulación.

Estas redes, además, contribuyen a la producción de propósitos y materias relacionadas con el interés público dentro de un área determinada (Marsh 1998). El propósito o finalidad pública es una expresión de visiones, valores, planes, políticas y normas que son válidas para y dirigidas hacia el público en general. De este modo, los actores de la red están involucrados en las negociaciones políticas sobre la forma de identificar y resolver problemas de políticos emergentes o aprovechar nuevas oportunidades. Las redes que no contribuyen a la producción de fines públicos en este sentido amplio, no se pueden considerar redes de gobernanza.

Tal y como se describen anteriormente las redes de gobernanza pueden adoptar gran cantidad de formas expresiones empíricas diferentes en función del contexto político, institucional y discursivo en el que surgen. Puede ser que predominen y sean dirigidas a través de contactos laxos e informales, mientras que puede darse el caso contrario y ser fijos y formales. Pueden ser redes intraorganizativas o interorganizativas; pueden auto generarse desde la base o responder a iniciativas de la cúpula; abiertas o cerrados; de corta duración o permanentes ; y su alcance sectorial puede ser específico o abarcar toda la sociedad. Por último, algunas redes de gobernanza pueden ocuparse de las formulaciones políticas, mientras que otras se ocupan de la aplicación de las políticas. La multiplicidad de redes de gobernanza dan testimonio de la gran pertinencia del concepto para describir las formas contemporáneas de la gobernanza social.

Muchas de las formas actuales de gobernanza interactiva no cumplen con todos los criterios especificados en la descripción realizada de las redes de gobernanza. A pesar de ello, pueden pueden poseer muchos de sus rasgos definitorios y así formar parte de la gran familia de dichas redes. Dónde trazar de forma exacta la línea entre lo que constituye una red de gobernanza y lo que no es una cuestión de juicio discrecional en relación con un caso empírico en particular. No debemos olvidar que en la investigación de redes de gobernanza no es tan importante la clasificación como el objetivo de proporcionar una nueva perspectiva sobre cómo se gobierna la sociedad.

REFERENCIAS: Eva Sørensen & Jacob Torfing.  Theories of Democratic Network Governance. PALGRAVE MACMILLAN 2007

SOBRE LOS PARADIGMAS

fresiaLas buenas ideas, las ideas de cambio radical y enmienda de los viejos vicios son descartadas por los individuos que asumen que el futuro es simplemente una extensión del pasado y consideran que les va a causar muchos menos problemas hacer las cosas del mismo modo en que se han hecho siempre que introducir modificaciones en hábitos, comportamientos y protocolos que posibiliten la mejora y la adaptación al entorno. Las personas tienden a ser resistentes al cambio debido al efecto que el paradigma imperante ejerce sobre su mente y por lo tanto, sobre su comportamiento. Los paradigmas pueden ser definidos de manera simple como un conjunto de reglas (formalizadas o no) que establecen o definen cierto tipo de límites e indican cuáles deben ser las pautas de comportamiento dentro de esos límites para tener éxito. Los cambios de paradigma son, por lo tanto, cambios de reglas de juego e incluso del mismo juego.

Como los paradigmas proporcionan el marco y la lente a través de los que se enfoca y contemplan los hechos, aquello que puede ser obvio para una persona con un determinado paradigma puede permanecer imperceptible para otra con un paradigma diferente. Los individuos que en las organizaciones de diversa índole que promueven, consciente o inconscientemente, cambios en el paradigma comúnmente aceptado son habitualmente considerados como intrusos. Estos intrusos pueden ser tanto personas jóvenes que acaban de entrar a formar parte del grupo o la organización;  personas ya senior que cambian de ámbito o fruto de sus inquietudes desarrollan una visión más rica y compleja; los disidentes, y los neófitos.

Los paradigmas tienen como efecto que tendamos a no observar adecuadamente o no lo hagamos en absoluto aquellos datos y hechos que no se ajustan a los límites definidos por nuestro paradigma o, por el contrario, que veamos con muchísima más claridad y consistencia aquello que esperamos ver. En cualquier caso, parece evidente que resulta más adecuado desarrollar y practicar la flexibilidad de paradigma, siempre dentro del marco definido por los imperativos morales de corte kantiano, en tiempos de cambios rápidos y acelerados que aferrarse a las anquilosadas tradiciones que, en muchos casos y en buena medida, son las responsables de un estado actual de las cosas subóptimo o directamente indeseable.

Determinantes de la acción colectiva y los movimientos sociales. Panorámica general y movilización en España a partir del 15-M hasta principios de 2013

si-se-puede.jpgComparto en esta entrada uno de mis trabajos redactados en 2013 con fines académicos. Espero que os pueda ser de interés y utilidad.

Tras el comienzo de la crisis financiera y económica global, cuyas secuelas han sido especialmente graves en España al unirse los efectos del estallido de la burbuja inmobiliaria, causa y consecuencia del “milagroso” e inconsistente crecimiento económico español desde finales de la década de los 90 del pasado siglo hasta el desencadenamiento de la crisis en 2008, y con los antecedentes de los movimientos sociales que en Túnez e Islandia transformaron el marco institucional en ambos países entre 2009 y 2011, las diversas formas de movilización de la sociedad española en protesta por los diversos recortes en el estado del bienestar, los derechos sociales y contra una clase política considerada corrupta y deslegitimada, han cobrado una especial relevancia en la práctica totalidad de los medios de comunicación, en el debate político y en el latir cotidiano de la sociedad. Muy especialmente a partir de la fecha clave del 15 de mayo de 2011 en la que diversas manifestaciones convocadas principalmente a través de las redes sociales por el movimiento Democracia Real Ya recorrieron las principales ciudades de España para poner de manifiesto el hartazgo de una sociedad víctima de una crisis cuyos culpables, lejos de pagar por ella ante la justicia de los Estados, continúan ocupando en muchos casos puestos relevantes en los diversos entramados del poder político y financiero.

De este modo, el interés de los medios de comunicación y el público se ha unido a la tradicional relevancia académica que en el marco de la sociología y la ciencia política se le ha dado a los movimientos sociales como agentes de cambio y transformación en las sociedades siendo ése el motivo por el que considero especialmente oportuno en el actual contexto intentar responder a las preguntas:

¿Cómo se hace posible la acción colectiva y qué determina sus formas e intensidad?

¿Proporciona el contexto socio político en España las condiciones para la movilización social así como la emergencia y consolidación en el tiempo de nuevos movimientos sociales?

Para  dar  respuesta  a  estas  preguntas  se  examinará  desde  diversos  enfoques teóricos el fenómeno de la acción colectiva señalando después las causas, ideales, valores e instituciones que subyacen en las movilizaciones del 15 M y la oleada de protestas continuadas que, desde esa fecha emblemática hasta el presente, se vienen sucediendo en nuestro país. Sin dejar de ser conscientes que trazar las fronteras entre los distintos tipos de investigaciones en el ámbito de las ciencias sociales en general y política en particular, no siempre resulta fácil, este trabajo de investigación eminentemente teórico tiene una intención primordialmente explicativa y evaluativa al trazarse como meta la descripción de los comportamientos de los grupos y los individuos implicados en las movilizaciones y valorarlos conforme a modelos descriptivos ya establecidos por otros autores. Dicho propósito de analizar la movilización ciudadana desde diversos enfoques tiene la intención de obtener una panorámica que nos permita una visión más rica y completa de un fenómeno de estudio interdisciplinar que la proporcionada desde el estudio a través de un solo marco analítico, teniendo en cuenta que, en el análisis de sistemas complejos como las sociedades, resulta prácticamente imposible encontrar un modelo único y autosuficiente capaz de proporcionar una explicación completa de los fenómenos.

Según Cross y Snow, la acción colectiva y su plasmación en movimientos sociales es una de las áreas de investigación en la que la politología y la sociología han mostrado mayor interés debido a que los movimientos sociales y sus acciones colectivas afines son rasgos recurrentes y visibles del paisaje social, en parte porque son fenomenológicamente destacados, al involucrar a un número relativamente grande de personas manifestándose juntos o en lugares públicos destinados a otras actividades, y en parte debido a que suelen asociarse con una o más de las cuestiones candentes y controvertidas del momento. De hecho, la abundancia de noticias y crónicas sobre protestas y manifestaciones sugiere que las actividades de los movimientos sociales y sus respectivos actos de protesta son, de hecho, características sobresalientes del paisaje social. Se considera que los movimientos sociales juegan un papel fundamental en resaltar las desigualdades distributivas y procedimentales y desafiando a las autoridades institucionales relevantes en cada caso para corregir estas desigualdades, suelen ser los portadores organizacionales de las preocupaciones relativas a diversos “problemas sociales”, con frecuencia funcionan como indicadores visibles o afloramientos de las nuevas preocupaciones sociales y culturales, y generalmente proporcionan una “voz” para sus seguidores uniéndolos en identidades colectivas relevantes. (Cross y Snow, 2012: 523). A través de diversos enfoques y técnicas, los sociólogos y los politólogos tratan de comprender y explicar la acción colectiva política y su cristalización en forma de surgimiento y desarrollo de movimientos sociales. Son muchos los que consideran que el estudio de la acción colectiva y los movimientos sociales ha de ser abordado de manera interdisciplinaria con aportaciones de la sociología, la politología, la psicología, la antropología, la economía y la historia aun siendo conscientes de lo inabarcable que puede llegar a ser el empeño. No debemos olvidar que, como cualquier fenómeno dentro de un sistema complejo, las variables implicadas en la acción colectiva son múltiples y no siempre evidentes, mensurables o discretas.

1 ¿Qué  se  entiende  por  acción  colectiva  y  cómo  se  transforma en movimiento social?

Funes y Monferrer definen la acción colectiva como “toda acción conjunta que persigue unos intereses comunes y que para conseguirlos desarrolla unas prácticas de movilización concretas” (Funes y Monferrer, 2003: 23). En la definición de McAdam, la acción colectiva hace referencia a cualquier acción emergente y mínimamente coordinada, entre dos o más personas motivada por el deseo de cambiar algún aspecto de la vida social o para resistir a los cambios propuestos por otros (McAdam, 2007: 575). El éxito de los movimientos sociales dependerá de la habilidad de los grupos desafiantes para crear “incentivos negativos” a la cooptación entre las élites a través de la disrupción en el orden público y la esperanza de que este amenace la consecución de los intereses de esas élites (McAdam, 2007: 579). Para Charles Tilly, las acciones colectivas políticas son las “realizadas por un conjunto de sujetos motivados por unos intereses comunes, que adoptan una forma de organización más o menos estructurada, y diseñan unas prácticas de movilización concretas, actuando en una estructura de oportunidad política que facilitará o dificultará la acción y condicionará sus posibilidades de influir en la articulación del poder.” (Funes y Adell, 2003: 23) De este modo, para Tilly, la acción colectiva política estará conformada por los intereses, la organización, la movilización y la estructura de oportunidad política. J. L. Wood define el comportamiento colectivo como “una actividad grupal no institucionalizada y no convencional, tales como el pánico, manías, manipulación de masas, tumultos organizados, disturbios y movimientos reformistas o revolucionarios. Una aproximación sociológica a la conducta colectiva se centra en las condiciones sociales, tales como las estructuras políticas y las creencias compartidas ya que estas condiciones influyen en los patrones de comportamiento colectivo” (Smelser, 2001: 2204). Siguiendo a Tarrow, Klandermans define los movimientos sociales como “desafíos colectivos por parte de individuos con propósitos comunes y vínculos de solidaridad en interacción continuada con las élites y autoridades”   (Klandermans, 2004:269), (Tarrow, 1997: 21). En esta definición  encontramos  tres  elementos  clave  que  son:  el  desafío  colectivo  a  los poseedores del poder; unos objetivos comunes y un sentimiento de solidaridad entre los participantes, y el mantenimiento en el tiempo de la acción colectiva, de hecho, para Klandermans, es precisamente la continuidad en la acción a lo largo del tiempo lo que diferencia a los movimientos sociales de otros tipos de acción colectiva hasta el punto de afirmar que “los incidentes aislados de acción colectiva no son movimientos sociales” (Klandermans,  2004:269).  En  general,  los  movimientos  sociales  nacen  porque  las personas se sienten agraviadas, porque tienen los recursos para movilizarse y/o porque los participantes perciben la oportunidad política (Klandermans, 2004: 270) Desde la perspectiva de Melucci, la acción colectiva es un conjunto de prácticas sociales que involucran simultáneamente a determinado número de individuos o grupos exhibiendo características morfológicas similares en contigüidad de tiempo y espacio, implicando un campo social de relaciones y la capacidad de los participantes de dotar de sentido a lo  que  están  haciendo  (Melucci,  1996:20).  Para  Ralph  Turner,  el  comportamiento colectivo  consiste  en  aquellas  formas  de  comportamiento  social  en  las  que  las convenciones usuales dejan de guiar la acción social y la gente trasciende, puentea o subvierte  las instituciones, modelos  y    estructuras    establecidos.    Desde   ciertas perspectivas,   los  movimientos  sociales  son   tratados  a  veces  como  formas   de comportamiento colectivo aunque, desde otros puntos de vista que hacen hincapié en el grado de organización necesaria para mantener la acción social, son contemplados como fenómenos de diferente tipo (Turner, 2000: 354). En cualquier caso, la principal forma de abordar el estudio de la acción colectiva tradicionalmente por parte de la Ciencia Política y la Sociología es a través del análisis de los movimientos sociales ya que estos son la   principal manifestación y expresión de dicha acción colectiva. Según Manuel Castells los movimientos sociales son diferentes de los movimientos de protesta. Son fundamentalmente movimientos culturales, movimientos que conectan las demandas actuales con los proyectos del mañana. Para que un movimiento sea influyente, los actores del estado tienen que considerarlo capaz de facilitar u obstaculizar sus propios objetivos, aumentando o consolidando nuevas coaliciones electorales, ganando apoyo público o aumentando el respaldo para las políticas de las instituciones gubernamentales (Castells, 2012: 219-224). McAdam señala que la protesta puede influir directamente en los políticos como señal de aviso de cambio de las preferencias políticas y también indirectamente conduciendo a la opinión pública en la dirección de los objetivos del movimiento. Los movimientos de ideología moderada que sean capaces de organizar grandes manifestaciones públicas tendrán, probablemente, un efecto demostrable en las políticas públicas (McAdam, 2007: 580).

2  – Análisis microsociológico: los individuos y sus intereses.

Desde el conocido como enfoque microsociológico se analiza la acción colectiva y su plasmación en movimientos sociales desde un punto de vista centrado en los actores individuales, sus intereses, predisposiciones y preferencias así como en los mecanismos que les conducen a la participación en acciones y movilizaciones de carácter colectivo. Bajo la denominación de “teorías subjetivas o del actor social” (Funes y Monferrer, 2003: 28) se encuadran los enfoques de la elección racional, las teorías  de  la  identidad,  el  interaccionismo  simbólico,  la  construcción  social  de  la protesta y el análisis de marcos.

Desde el punto de vista de la elección racional, la obra de Mancur Olson, La lógica de la Acción colectiva, (1968) ha sido la más influyente y en ella establece dos premisas básicas sobre la participación en movilizaciones, derivadas del pensamiento económico neoclásico: por un lado, la decisión de participación en movimientos sociales ha de ser explicada en referencia a las preferencias individuales y, por el otro, los individuos actúan racionalmente para maximizar sus intereses y minimizar sus costes. (Nash, 2010: 93). Además, en el punto de partida de su explicación encontramos la idea de que la acción colectiva está principalmente relacionada con la producción de bienes colectivos (Della Porta y Diani, 2006: 100). Olson describe lo que denomina el dilema del free rider (gorrón) que afronta cualquiera que se plantea participar en una determinada acción colectiva encaminada a la consecución de algún bien público. Olson se pregunta por qué alguien querría esforzarse y asumir los costes y riesgos, a veces elevados, de participar en un esfuerzo colectivo si de todos modos recibirá los beneficios del éxito de la acción haya o no participado. Desde este punto de vista, el activismo individual aparece como irracional máxime si se tiene en cuenta además la pequeña influencia real, en cuanto a recursos movilizados, que tiene la participación o no en la movilización de un determinado individuo. Olson, soluciona en parte el problema del free rider afirmando que podemos esperar que los individuos participen cuando reciban incentivos selectivos por hacerlo y existan sistemas eficaces para monitorizar la participación y sancionar a aquellos que no han tomado parte denegándoles algún tipo de beneficio. (McAdam, 2007: 577)

El interés por el enfoque de la identidad en relación a la acción colectiva surge como parte de la crítica a la concepción de Mancur Olson sobre la aparente contradicción planteada entre el interés individual y la participación en este tipo de acciones: “Según Pizzorno, un individuo no puede realizar un cálculo racional preciso de los costes de la participación, dado que le es imposible anticipar cuáles serán los beneficios que de ella obtendrá en un futuro…”“La incertidumbre de este cálculo individual se supera por la seguridad que aporta el reconocimiento colectivo derivado de la participación…” De este modo, “Para que una persona decida participar puede ser objetivo suficiente la posibilidad de formar (o reforzar) su propia identidad…” (Funes y Monferrer, 2003: 30). Según Della Porta y Diani, los mecanismos a través de los cuales la acción colectiva contribuye a construir la identidad, que emerge a través del proceso social que combina auto identificación y reconocimiento externo (Della Porta y Diani, 2006: 105), son: la definición de límites entre los distintos actores implicados en un conflicto, de modo que se define un “nosotros” y un “otros” en base a ciertos valores o intereses; el surgimiento de nuevas redes de relaciones de confianza entre los actores del movimiento que operan en entornos sociales complejos y sirven de base para el desarrollo de redes de comunicación informales, interacción y soporte mutuo  que facilita afrontar los riesgos que la acción pueda conllevar; además, la identidad colectiva conecta y asigna un significado común a las experiencias de acción colectiva a través del tiempo y el espacio como, por ejemplo, enlazando eventos asociados a una determinada causa para mostrar la continuidad del esfuerzo en las acciones, sensación de continuidad que es especialmente importante en las fases latentes de los movimientos. (Della Porta y Diani, 2006: 93-95).

Interaccionismo simbólico, construcción social de la protesta y análisis de marcos son enfoques teóricos que algunos autores denominan como “sociología creativa” que proponen una revalorización de la importancia del sujeto y la intersubjetividad y cuyos supuestos básicos son: los seres humanos no están meramente determinados por las fuerzas sociales; los individuos dan forma y crean constantemente sus propios mundos sociales en interacción con otros; y de esta constante definición y creación provienen los motivos colectivamente construidos por los que los individuos orientan su acción (Funes y Monferrer, 2003: 31). Ello está en consonancia con las tres premisas teóricas que, desde el interaccionismo simbólico, Herbert Mead estableció a principios del siglo pasado las tres premisas que fundamentan la actuación de los seres humanos: estos actúan en base a los significados que las cosas tienen para ellos; esos significados surgen de la interacción entre las personas, y los significados son moldeados y modificados a través del proceso interpretativo empleado para relacionarse e interactuar con su entorno (Hall, 2007: 4918). Cinco son los conceptos fundamentales a tener en cuenta según el interaccionismo simbólico: Proceso, la sociedad y el individuo no permanecen nunca estables y en equilibrio sino que están en constante cambio e interacción. Emergencia, establece que combinaciones únicas crean manifestaciones cualitativamente diferentes, un agregado de individuos en forma de grupo es algo cualitativamente diferente a la suma de sus componentes. Agencia, las personas tienen capacidad para ejercer algún control sobre sí mismos, sobre otros y sobre el entorno, pueden construir mundos sociales y transformar la realidad que les rodea. Condicionalidad construida, la realidad (condiciones) no determina necesariamente la acción social aunque no pueda ser ignorada, las condiciones existentes modelan pero no determinan el comportamiento. Dialéctica, los interaccionistas la contemplan a partir de aspectos relacionales y procesuales, el “self” es descrito como compuesto de un aspecto social (me) y otro personal (I) que están en continua conversación, diálogo e interacción el uno con el otro (Hall, 2007: 4918-4920).

Los interaccionistas simbólicos, contemplan la sociedad como interacción y la interacción solamente es posible a través de la comunicación que es eminentemente simbólica en los seres humanos. La sociedad solamente existe como creada y re-creada por la interactuación entre las personas, al tiempo que esta crea como seres sociales a los individuos. A través de este proceso simbólico se construyen categorías sociales mediante la definición y categorización de las diversas situaciones lo que puede producir comportamientos que validen esas definiciones, de este modo, cuando esos comportamientos se hacen rutinarios y organizados pueden servir para reproducir la estructura social existente. (Strykes, 2000:3095-3097). Para el interaccionismo simbólico, según Alberto Melucci, “hay una lógica de la acción colectiva que implica ciertas estructuras relacionales, la presencia de mecanismos de decisión, la fijación de metas, la circulación de la información, el cálculo de los resultados, la acumulación de experiencia, y el aprendizaje del pasado.” (Melucci, 1996: 17). Manuel Castells, afirma que las relaciones de poder constituyen el fundamento de la sociedad debido a que los que lo ostentan constituyen las instituciones sociales según sus valores e intereses, siendo el poder ejercido principalmente mediante la coacción (a través del empleo de la violencia, legítima o no, del estado) y la construcción de significados en las mentes a través de mecanismos de manipulación simbólica, siendo este último procedimiento una fuente de poder más estable y decisiva ya que la forma en la que pensamos determina el destino de las instituciones, normas y valores que estructuran las sociedades. Por eso, la lucha de poder fundamental es la batalla por la construcción de significados en las mentes. (Castells, 2012: 22-23).

“La etiqueta de ‘construcción social’ se ha convertido en un paraguas teórico bajo el cual se cobijan una pluralidad de enfoques que coinciden en destacar la naturaleza social de los procesos de significación, interpretación y construcción de significados, puesto que tienen lugar en la interacción entre los individuos. Esta es la razón por la cual su aplicación al análisis de los movimientos sociales se conceptualiza como construcción social de la protesta” (Funes y Monferrer, 2003: 32). Las teorías sobre la “construcción social” cobran especial relevancia a partir de la obra de la obra de Berger y Luckmann La construcción social de la realidad, en la que los autores afirman que “el análisis del rol del conocimiento en la dialéctica entre el individuo y la sociedad, entre identidad personal y estructura social, proporciona una perspectiva complementaria crucial de todas las áreas de la sociología” (Berger y Luckmann, 1967: 208) Para Klandermans la construcción social de la protesta ocurre a diferentes niveles y en distintas etapas. Por un lado, los individuos nacen dentro de entornos sociales con creencias colectivas que describen e interpretan el mundo; las personas son socializadas en grupos y organizaciones que comparten un conjunto de creencias y asimilan determinadas categorías con identidades colectivas específicas. Al tiempo, esas creencias e identidades son formadas y transformadas a través del discurso público. Por otro lado, las organizaciones del movimiento, sus oponentes y las organizaciones contrarias al movimiento, tratan de persuadir a los individuos para que contemplen el mundo como lo hacen ellos y, dependiendo de si estos puntos de vista pueden ser anclados en creencias o identidades ya existentes, los intentos de persuasión tendrán más o menos éxito. Debido a que estas creencias son compartidas con los grupos y las categorías individuales identifican con ellos, la crítica cuestión del anclaje es resuelta en la interacción interpersonal dentro de estos grupos o categorías. Una vez que los individuos se encuentran envueltos en un episodio de acción colectiva su visión del mundo puede cambiar dramáticamente. En base a creencias que ya eran compartidas, se desarrollan nuevas identidades colectivas como participantes en la misma acción colectiva. La construcción social de la protesta tiene lugar en y entre los grupos y categorías sociales y dentro de las redes que estos conforman.(Klandermans, 1992: 93- 94).

Para Funes y Monferrer, la actividad de creación de significados se define como framing, que se entiende como una actividad de enmarcamiento o creación de marcos de la acción colectiva. De este modo, “los movimientos destacan algunos aspectos de la realidad sobre otros, les asignan significado y definen como problemáticas determinadas situaciones sociales con la finalidad de movilizar a sus militantes y simpatizantes, ganar el apoyo del público y desmovilizar a sus antagonistas.” (Funes y Monferrer, 2003: 33) Según Snow y Benford, el marco es un esquema interpretativo que simplifica y condensa el “mundo exterior” a través de la puntualización y codificación selectiva de objetos, situaciones, eventos, experiencias y secuencias de acciones en relación a entornos y circunstancias pasados y presentes (Snow y Benford, 1992: 137). Para Goffman, los marcos denotan esquemas de interpretación que permiten a los individuos localizar, percibir, identificar y etiquetar sucesos relacionados con sus experiencias y espacios vitales así como con el mundo que les rodea. (Gofmann, 1974: 21-22). Según Snow, en el contexto de los movimientos sociales, el framing, hace referencia a la construcción de significados por parte de los individuos involucrados en el movimiento y otros actores relevantes para sus intereses y para los retos que afrontan en la pugna por la consecución de sus objetivos, siendo los marcos de acción colectiva los resultantes de la actividad de framing en la arena de los movimientos sociales. Estos son conjuntos relativamente coherentes de creencias y significados orientados a la acción que legitiman al tiempo que inspiran a las campañas y actividades de los movimientos sociales.Los marcos de acción colectiva centran su atención en especificar qué está “dentro” y qué está “fuera” del marco además de articular y elaborar los elementos dentro del marco cuyo significado o conjunto de significados ha de ser transmitido, resultando como consecuencia frecuente, la transformación de los significados asociados  con  los  objetos  de  atención.  Los  marcos  maestro  son  aquellos  que  en ocasiones surgen en las etapas tempranas de los ciclos de protesta y asumen la función de algoritmos maestros en el sentido que conforman y limitan las actividades y orientaciones de otros movimientos dentro del ciclo. Las tareas fundamentales del encuadre son elaborar un marco de diagnóstico, un marco de pronóstico y un marco motivacional. El marco de diagnóstico es el que suele definir o redefinir un evento o situación como “injusto” aunque no todos los marcos de acción colectiva hayan de incorporar un componente de injusticia. El marco de pronóstico implica la articulación de una propuesta de solución al problema diagnosticado incluyendo un plan de acción y refutación de los oponentes. Tanto el marco de diagnóstico como el de pronóstico pueden generar debates considerables dentro de los movimientos convirtiéndose en marcos de disputa. El marco motivacional afronta el problema del “free rider” articulando una “llamada a las armas” o razones para estimular la participación en las actividades del movimiento. Los marcos de procesos de alineación, engloban los esfuerzos estratégicos de los actores y organizaciones implicados en el movimiento para enlazar sus intereses y objetivos con los de aquellos simpatizantes potenciales y proveedores de recursos que puedan contribuir de algún modo en las campañas y actividades del movimiento. Se han identificado cuatro procesos básicos de alineamiento: el “puenteo de marcos” que implica el enlace entre dos o más marcos congruentes en relación a un determinado asunto aunque estructuralmente desconectados; la “amplificación de marcos” que supone el embellecimiento, cristalización y fortalecimiento de los valores y las creencias existentes; la “extensión de marcos” que representa la proyección de los intereses y encuadres del movimiento más allá de su circunscripción inicial para incluir temas que se consideran de interés para los grupos espectadores o simpatizantes potenciales, y la “transformación de marcos” que implica el cambio de los acuerdos y perspectivas anteriores sobre individuos o colectivos. El marco de resonancia se establece para facilitar la movilización siendo dos los principales factores a tener en cuenta: la credibilidad, afectada por la consistencia entre reivindicaciones y acciones, y la relevancia del encuadre para los destinatarios de la movilización, determinada por la centralidad de las creencias y reivindicaciones para sus vidas. La generación y modificación de los marcos de acción colectiva ocurre principalmente a través del proceso discursivo en la elaboración y articulación de marcos. La articulación de marcos implica la conexión y coordinación discursiva de acontecimientos, experiencias y trazos de uno o más corpus ideológicos que se agrupan de una forma relativamente integrada y significante. En la elaboración de marcos, también juega un papel relevante acentuar y subrayar algunos acontecimientos, temas, creencias o ideas más que otros para darles una mayor prominencia de acuerdo con los objetivos y cuestiones más relevantes para el movimiento.(Snow, 2007: 1781-1783).

 –  Las movilizaciones sociales en España desde el 15 de mayo de 2011 a través del marco teórico subjetivo o del actor.

Basándonos en el estudio de Calvo, Gómez-Pastrana y Mena podemos establecer el perfil del participante en las primeras movilizaciones vinculadas al 15-M como joven, con edad comprendida entre los 19 y 30 años, que en un 70% de los casos cursa o ha cursado estudios universitarios y con un perfil ideológico mayoritaria y sensiblemente de izquierda. Los participantes en el 15-M muestran una clara tendencia abstencionista y de los que se declaran votantes un 79% lo hicieron a favor de partidos minoritarios, en blanco o con nulidad provocada; son “nativos digitales” en su inmensa mayoría y conforman un movimiento social no basado en liderazgos carismáticos. (Calvo, Gómez-Pastrana y Mena, 2011: 4-11). Más tarde, al movimiento que iba siendo más conocido como el de “indignados” debido al título del panfleto de Stephane Hessel (2010), se les fueron “uniendo personas de todas las procedencias sociales y edades con una participación activa de los mayores que veían una amenaza directa en el deterioro de sus condiciones de vida” (Castells, 2012: 120). En la actualidad, la movilización social en España, aunque generalizada y multiforme en sus manifestaciones, parece tener como fenómenos más destacados la “marea verde” contra los recortes en educación y, tal como señala Luis Gómez en su artículo en El País, la “marea blanca” por la sanidad junto con las acciones de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) que, entre otras movilizaciones continuas, hizo prosperar la aceptación a tramitación por el parlamento de una Iniciativa Legislativa Popular al respecto (Gómez, 2013), siendo en este punto donde cabe recordar que “un importante contingente del 15- M procedía de los jóvenes de la campa a “V de Vivienda”, en los meses anteriores al movimiento” (Castells, 2012: 127). En el momento de escribir estas líneas, podemos afirmar que la PAH ha conseguido mantener en lugar destacado sus reivindicaciones en los principales medios de comunicación gracias a su acción continuada en apoyo de las personas que van a ser desahuciadas y a los “escraches” a políticos a lo largo de todo el Estado. Posiblemente, su mayor reto ahora sea evitar cualquier incidente violento que provoque una campaña mediática de desacreditación ante la opinión pública.

Según Pastor, el grupo motor de las movilizaciones a partir del 15-M es fundamentalmente “la juventud universitaria que cuenta con un capital cultural alto y sin embargo afronta la amenaza de un futuro de precarización prolongada. Más concretamente, la capa entre 23 y 30 años” (Pastor, 2012: 368). Resulta posible aplicar la definición de “privación relativa progresiva” al estado de ánimo de la juventud española igual que puede ser un rasgo característico de la juventud en otras partes del mundo” (Pastor, 2012: 368). Asimismo también se constata que pronto se pudo verificar “la implicación creciente de hombres y mujeres de edad mediana e incluso jubilados, dando así al movimiento una composición intergeneracional y una dimensión ciudadana superiores a los conocidos hasta ahora” (Pastor, 2012: 369).

Desde el enfoque del interaccionismo simbólico y basándonos en las tres premisas que fundamentan la actuación establecidas por Mead mencionadas en el anterior apartado, podemos afirmar que el movimiento 15-M ha conseguido dotar a través del pluralismo de sus discursos de nuevos significados a la realidad mediante la interacción entre las personas, posibilitada y ampliada por las redes sociales en Internet, que, al tiempo, son moldeados y reinterpretados a través del proceso comunicativo y relacional. Desde el punto de vista de las teorías de la identidad, a través del 15-M se ha destilado la creación de la figura del “indignado” cuyos rasgos ideológicos, podríamos dar por coincidentes con los del movimiento señalados por Pastor: no violencia; adanismo; apartidismo; rechazo en general a la clase política al uso, especialmente a los dos grandes partidos; democracia participativa; cambio de modelos sociales, económicos y políticos en el sentido de una mayor democratización, participación y horizontalidad en la política, la vida pública y las instituciones (Pastor, 2012: 356-381).

La protesta se construye a través de las redes sociales, las asambleas en las plazas, las reuniones en distintos lugares y los espacios y ágoras virtuales. Allí se describe y se interpreta la realidad social española, los individuos se socializan en distintos grupos de personas con similares puntos de vista e inquietudes y se asimilan determinadas categorías, junto con un tipo de identidad colectiva, que se forman y transforman a través del discurso continuo y abierto. Al destacar ciertos aspectos de la realidad sobre otros, asignarles significado y definir como problemáticas determinadas situaciones sociales para movilizar a sus militantes y simpatizantes y ganar el apoyo del público, se crean marcos interpretativos que permiten la condensación y etiquetado de la realidad y la creación de marcos de acción colectiva.

Según afirma Carlos Delclós en la entrevista realizada por Guillem Martínez para el diario El País, el mayor logro del 15M ha sido el cambio en el sentido común. “Todas las encuestas recientes, del CIS, de Metroscopia, de la Fundación BBVA, remiten a pensar que hay una masa crítica, ¡de casi tres cuartos!, que coincide con el diagnóstico que hace el 15-M de la crisis. El 15-M ha sido capaz de cambiar el sentido común, la lectura de la realidad”. Por lo que augura al movimiento un futuro dilatado: “El 15-M continúa y traslada al ámbito local la lucha global contra el neoliberalismo y su tensión principal, la capacidad que tiene el capital global de sabotear el poder de decisión de las personas”. (Martínez, 2013)

3  –Análisis mesosociológico o colectivo: organización y movilización.

El nivel de análisis mesosociológico permite un estudio desde un punto de vista grupal y colectivo centrando fundamentalmente el enfoque en las organizaciones y estructuras de movilización a través, principalmente, de la teoría de movilización de recursos y el análisis de redes cuyas capacidades explicativas permiten además abordar las explicaciones de la acción colectiva también desde el nivel macrosociológico. (Funes y Monferrer, 2003: 35).

Según Kate Nash, la teoría de movilización de recursos está basada en buena medida en el punto de vista liberal que considera a los fenómenos sociales como resultados de decisiones y acciones individuales, estando explícitamente desarrollada desde las premisas de la teoría de la elección racional. Para los teóricos de la movilización de recursos la acción social no es causada por condiciones estructurales. Lo que necesita ser explicado es por qué los individuos se involucran deliberadamente en acciones colectivas como resultado de las consideraciones racionales de sus propios intereses. No solamente es su individualismo metodológico lo que hace a la teoría de movilización de recursos una perspectiva liberal, también el papel jugado por el estado en la arena política es apropiado a ése punto de vista. Aunque los movimientos sociales puedan tener inicialmente una relación problemática con el gobierno en la medida que sus miembros no se consideran como apropiadamente representados por las instituciones y partidos políticos en el poder, el éxito para un movimiento social requiere conseguir el acceso rutinario al proceso político. (Nash, 2010: 91- 93).

Para Edwards y McCarthy, los tipos de recursos de los que pueden disponer los movimientos sociales son: morales, culturales, sociales y organizacionales, humanos y materiales. Los recursos morales incluyen legitimidad, apoyo solidario, apoyo por simpatía y fama. Cabe resaltar la especial importancia de la legitimidad como enlace entre los contextos macro culturales y los procesos organizacionales a nivel meso y micro. Esta legitimidad, así como los recursos morales en general, pueden proceder del apoyo de individuos u organizaciones de especial relevancia aunque como contrapartida, dicha legitimación puede ser retirada en el caso de que así lo decidan estos últimos por cualquier circunstancia. Los recursos culturales incluyen el conocimiento tácito sobre cómo cumplir determinadas tareas tales como la promulgación de un acto de protesta, la celebración de una conferencia de prensa, la organización de un mitin o un festival, la formación de una organización, o navegar por la web. Esta categoría incluye los repertorios tácticos, rasgos orgánicos y el saber hacer técnico o estratégico necesario para movilizar, organizar eventos o acceder a otros recursos adicionales. Existen tres formas generales de recursos sociales y organizacionales: infraestructuras, redes sociales y organizaciones. Las infraestructuras son las encargadas de facilitar el correcto  funcionamiento cotidiano y no son propietarias de recursos sociales. Sin embargo, el acceso a las redes sociales y especialmente a los grupos y organizaciones formales pueden ser limitados por los miembros a los externos a la organización. Los recursos humanos incluyen trabajo, experiencia, habilidades, pericia y liderazgo, siendo característicos de los individuos antes que de las estructuras organizacionales. La categoría de recursos materiales combina lo que los economistas llamarían capital físico y financiero incluyendo recursos monetarios, propiedades, espacios de oficina, equipamiento y suministros. Son de suma importancia para los movimientos puesto que la mayor parte de los analistas consideran que el dinero puede convertirse con relativa facilidad en otros tipos de recursos mientras que es mucho menos frecuente el caso contrario. Los principales mecanismos para acceder a los recursos por parte de los movimientos son cuatro: Producción propia a través de la agencia de las organizaciones existentes, activistas y participantes. La agregación de recursos hace referencia a las formas en las que un movimiento u organización convierte recursos poseídos entre individuos dispersos en recursos colectivos que pueden ser empleados por los actores del movimiento. Los movimientos sociales agregan recursos privados de sus benefactores y miembros con el objeto de alcanzar objetivos colectivos. Cooptación/ apropiación, los movimientos sociales suelen utilizar sus relaciones con organizaciones y grupos ya existentes para acceder a recursos previamente producidos o agregados por esas otras organizaciones. La cooptación de recursos normalmente implica el sobreentendido tácito de que estos serán empleados en modos mutuamente aceptables. El patrocinio conlleva la provisión de recursos a una organización de un determinado movimiento social por parte de un individuo u organización frecuentemente especializados en las actividades de patrocinio. Estas organizaciones suelen pretender ejercer control sobre cómo se emplean los recursos por ellos proporcionados e influir en las decisiones del movimiento en el día a día. (Edwards y McCarthy, 2004: 131-135)

Desde el punto de vista de J. Craig Jenkins, para el análisis de los movimientos sociales desde la óptica de la teoría de movilización de recursos cobran especial relevancia las siguientes cuestiones y supuestos: (A) Las acciones de los movimientos son racionales y estos responden adaptativamente a la los costes y recompensas de las diferentes líneas de acción. (B) Los objetivos básicos de los movimientos están definidos por conflictos de intereses construidos como relaciones de poder institucionalizadas. (C) Los agravios generados por esos conflictos son lo suficientemente ubicuos de manera que la formación y movilización de los movimientos dependen de los cambios en los recursos, en la organización del grupo y en las oportunidades para la acción colectiva. (D) La organización formalmente estructurada y centralizada de los movimientos es más típica de los modernos movimientos sociales resultando más efectiva en la movilización de recursos y a la hora de afrontar los crecientes desafíos que las estructuras informales y descentralizadas. (E) El éxito de los movimientos está muy influenciado por factores estratégicos y por los procesos políticos en los que están inmersos. (Jenkins, 1983: 528).

Los teóricos de la movilización de recursos hacen especial hincapié en que los agravios tienen una importancia secundaria a la hora de explicar las movilizaciones ya que estos son relativamente constantes y ubicuos al tiempo que derivados de conflictos de intereses más o menos institucionalizados. Los factores con mayor fuerza explicativa son los cambios a largo plazo en los recursos disponibles para el grupo, su organización y las oportunidades para la acción colectiva. (Jenkins, 1983: 530).

En el contexto del análisis de redes sociales, Funes y Monferrer denominan “red social al conjunto de actores conectados entre sí que configuran un espacio geográfico   o   social   relativamente   cerrado   y   cuya   principal   virtualidad   es   su potencialidad comunicativa” (Funes y Monferrer, 2003: 36). Para Mario Diani, las redes sociales consisten en una serie de nodos enlazados mediante algún tipo de relaciones y delimitados por algún criterio específico (Diani, 2007: 4463). En los movimientos sociales las redes incluyen tanto a activistas individuales como a organizaciones, vinculados entre ellos a través de lazos que no solamente implican el intercambio de recursos o información sino también identidades compartidas arraigadas en puntos de vista de la realidad más profundos. Los participantes en movimientos sociales suelen estar bien integrados en densas redes consistentes tanto en vínculos privados como en lazos originados en el contexto de experiencias previas de acción colectiva. Las redes de individuos pueden afectar no solo a la presencia o ausencia de participación sino también a la participación en tipos específicos de actividad, su continuación en el tiempo y la cantidad de riesgo que están dispuestos a asumir. Las redes pueden facilitar el desarrollo de habilidades cognitivas y competencias, proporcionan el contexto para la socialización de los individuos en un conjunto específico de valores y pueden representar el lugar para el desarrollo de fuertes contenidos emocionales. (Diani, 2011:566). Para Della Porta y Diani, los individuos frecuentemente se ven envueltos en la acción colectiva a través de su conexión particular con personas ya involucradas. Estas conexiones les ayudan a superar los innumerables obstáculos y dilemas que suelen afrontarse al plantearse la implicación activa en una determinada causa. Además, el número y tipo de redes individuales afecta a las perspectivas de permanencia activa por largo tiempo o, en su lugar, reducir el compromiso o finalizarlo completamente después de un breve periodo. Los individuos no solamente participan activamente en un movimiento a través de sus conexiones previas, también crean nuevos contactos por el simple hecho de verse envueltos en las diferentes modalidades de activismo y asociación. Desde este punto de vista, los activistas individuales, operan como puentes entre distintos ambientes organizacionales, enlazando, por ejemplo, organizaciones de movimientos sociales con actores políticos o instituciones ya establecidos, o con otras organizaciones movilizadas por distintas causas (Della Porta y Diani, 2006: 134). Funes y Monferrer establecen dos componentes básicos en el análisis de redes: los “puntos” (nodos, posiciones o actores para otros teóricos), que pueden ser tanto individuos como colectivos, y las “relaciones” (lazos o vínculos) que pueden fundamentarse en intereses comunes, tradición histórica o cultural, ideologías compartidas o proximidad física o afectiva. Distinguen entre redes formales, siendo estas las existentes entre colectivos, instituciones o grupos pautados procedimentalmente, y redes informales de carácter flexible y en buena medida espontáneo. Según su morfología, las redes pueden ser de baja densidad, con interacciones entre los puntos débiles o poco frecuentes, o de alta densidad en las que se producen interacciones frecuentes e intensas que son especialmente interesantes debido a su alta capacidad comunicativa que se fundamenta en: una gran homogeneidad entre los miembros; relaciones estables, fluidas y muy frecuentes entre estos y relaciones efímeras o inexistentes con otras redes u actores; una demarcación nítida y precisa entre “los de dentro” y “los de fuera” , y un alto grado de control interno. Cuanto mayor sea la densidad interactiva mayor capacidad poseerá la red para controlar las relaciones internas y para impedir las externas. Cabe destacar el hecho de que las posibilidades comunicativas de cada actor dependerán de la posición que ocupe en la red, siendo mayores cuanto más central sea su posición y menores en la periferia (Funes y Monferrer, 2003: 36-37).

 – Organización y movilización social en España desde el 15 de mayo de 2011

Desde el punto de vista organizativo, la movilización social en España, especialmente a partir del auge de las comunicaciones a través de Internet y sus diversas redes sociales, se auto organiza de forma progresivamente más horizontal en torno a asambleas y grupos a través de un sistema de “democracia directa basada en la igualdad en el derecho a la palabra de todas las personas y en la rotatividad de las “portavocías” y no en representantes” (Pastor, 2012: 362) Castells señala que el movimiento comenzó, extendiéndose por contagio, en las redes sociales de Internet, que se constituyeron en espacios de autonomía y herramientas de auto comunicación de masas en buena parte fuera del control de gobiernos y corporaciones que tradicionalmente han monopolizado los canales de comunicación como cimiento de su poder. El contrapoder, el intento consciente de cambiar las redes de poder, se activa a través de la reprogramación de redes en torno a intereses y valores alternativos o mediante la interrupción de las conexiones dominantes y la conexión de redes de resistencia y cambio social. Al mismo tiempo, la comunicación e interconexión entre personas con inquietudes similares, conforma un sentimiento de compañerismo que hace superar el miedo a los riesgos inherentes a una movilización desafiante al poder establecido (Castells, 2012: 20-27) Así, por ejemplo, el movimiento Democracia Real Ya (DRY) se basaba en una red descentralizada de nodos autónomos en distintas ciudades, modelo que fue reproducido por las distintas asambleas en diferentes ciudades. Esta horizontalidad, presente también en la experiencia de las redes en Internet, hace que el liderazgo no sea necesario ya que las funciones de coordinación pueden ejercerse en la propia red mediante la interacción entre nodos. La nueva subjetividad apareció en la red convirtiéndose esta en sujeto (Castells, 2012: 116-133). Aunque el impacto medible del movimiento de indignados en España pareció ser escaso, la transformación real se ha producido en las mentes de los ciudadanos. Cuando las personas piensan de otra forma, si les une la indignación y albergan la esperanza del cambio, la sociedad cambiará en última instancia de acuerdo con sus deseos. La nueva sociedad será el resultado del proceso de interactuación entre las redes, no de un plan preconcebido de cómo será el producto. Esta es la transformación realmente revolucionaría: la producción material de un cambio social no a partir de unos objetivos programáticos, sino de las experiencias en red de los actores del movimiento. (Castells, 2012: 144-147). El funcionamiento horizontal a través de redes on y offline permite a los movimientos no tener un centro identificable al tiempo que pueden seguir llevando a cabo acciones de coordinación y deliberación mediante la interacción de múltiples nodos, maximiza las oportunidades de participación en el movimiento al tiempo que reduce la vulnerabilidad del movimiento ante las amenazas de represión o la manipulación (Castells, 2012: 212).

En relación a la importancia de las nuevas tecnologías en el terreno de las movilizaciones sociales recogeré las palabras de Jiménez y Collado quienes pese a señalar inicialmente que “en un principio, Internet no parecía disolver el dilema clásico al que se enfrentan las organizaciones de los movimientos sociales, ser eficaces políticamente (lo que implica obtener apoyos más allá del núcleo de activistas y amplia proyección social) sin burocratizar sus estructuras en exceso (manteniendo principios democráticos de funcionamiento interno)” reconocen que gracias a Internet “la acumulación de experiencia, la extensión de nuevas culturas de contestación entre determinadas plataformas y espacios de movilización, pueden haber generado dinámicas de aprendizaje político en las que se consiga aunar una acción organizativa y política eficiente  y  profundizar  en  la  realización  de  sus  principios  de  democracia  interna”. Afirman que los resultados de su estudio “también sugieren que Internet puede estar en el mismo inicio de nuevas pautas de relación inter-organizativas. Internet está en el origen y en la propia naturaleza reticular del movimiento. En el terreno de la coordinación de las organizaciones, Internet ya aparece no sólo como un elemento facilitador adicional sino en la propia génesis de estas dinámicas y en la conformación de algunos de sus elementos, favoreciendo la creación de espacios de confluencia puramente virtuales, la socialización de recursos y, quizás lo más relevante para nuestro caso de estudio, propiciando la búsqueda de acuerdos mediante la deliberación.” Para acabar concluyendo que “la experiencia de funcionamiento organizativo vinculada al 15-M refuerza esta asociación entre Internet y la extensión de prácticas organizativas basadas en la deliberación democrática” (Jiménez y Collado, 2012: 776).

Haro y Sampedro, afirman que las tecnologías de la comunicación y la información (TIC) “se han convertido en herramienta fundamental de contrapoder, ya que han permitido la creación de un modelo globalizado alternativo. Dicho modelo respondería a una propuesta “desde abajo” de nuevos movimientos sociales con vocación global, pero no excluyente de lo particular; es decir, que asimilan lo local como nodos operativos de una red universal.” y que “en España, el movimiento 15M se ha convertido en el último y máximo exponente de estas lógicas de movilización a través de la red.” Siendo “el último ciclo de eventos de un flujo de desobediencia civil que se materializa, casi cada cinco años, en las últimas dos décadas en este país. En parte es herencia de los movimientos sociales de base que ocuparon las calles por la insumisión, el 0,7%, la abolición de la deuda externa, el Nunca Máis y el No a la Guerra. Sus precedentes más inmediatos son la multitud on line, descentralizada, inestable e intermitente que salió a las calles españolas el 13 de marzo de 2004 como respuesta a la manipulación electoralista de los atentados del 11M; y el Movimiento por una Vivienda Digna.” (Haro y Sampedro, 2011: 159). El 15M también es un ejemplo de organización en red que se suma a los movimientos “glocales” por la justicia global y que ofrece un modelo diferente para la creación de una sociedad alternativa, más democrática y configurada globalmente en red. Las TIC han permitido al los movimientos sociales comunicarse, organizarse y coordinarse a gran escala y a nivel global (Haro y Sampedro, 2011: 169).

4 – Análisis macrosociológico o sistémico: estructura de oportunidad política.

En el nivel macrosociológico o sistémico se aborda el análisis de la estructura de oportunidad política y la estructura del contexto compuesto por los sistemas político, social, económico y cultural en relación a los movimientos sociales, en el que podemos diferenciar básicamente cuatro enfoques: teorías de la democracia; enfoque del capital social; teoría del proceso político y teoría de los nuevos movimientos sociales.

Peter Eisinger define la estructura de oportunidad política como el grado en el que los distintos grupos tienen probabilidades de obtener acceso al poder y de influir en el sistema político. Distingue entre sistemas cerrados y abiertos en base a la sensibilidad que los movimientos pueden esperar de las instituciones gubernamentales llegando a la conclusión de que la protesta es más probable en sistemas caracterizados por una mezcla de factores tanto de de apertura como de cierre del sistema institucional a las reivindicaciones de los grupos. (Eisinger, 1973: 11-28). Sidney Tarrow, por su parte, afirma que la propia construcción del estado crea una estructura de oportunidades para la acción colectiva de la que los movimientos sacan partido. Los estados fuertes con sociedades civiles débiles producen modelos de participación limitada jalonada con explosiones esporádicas de violencia social mientras que los estados débiles en sociedades civiles fuertes conducen a una acción abierta y a la acción colectiva convencional (Tarrow, 1997: 118). Los movimientos sociales se forman cuando los ciudadanos responden a cambios en las oportunidades que reducen los costes de la acción colectiva, descubren aliados potenciales y muestran en qué son vulnerables las élites y autoridades. Los principales cambios en la estructura de oportunidades surgen de la apertura de acceso al poder, de los cambios en los alineamientos gubernamentales, de la disponibilidad de aliados influyentes y de las divisiones dentro y entre las élites. (Tarrow, 1997: 49-50)

Kriesi et al. proponen un modelo para el contexto político de movilización con cuatro componentes: la estructura nacional de cleavages cuya configuración impone importantes restricciones en la movilización de los recien llegados a la escena de los movimientos políticos; las estructuras institucionales, las principales estrategias de los actores y la estructura de alianzas (Kriesi et al. 2002: xii-xiv).Según Della Porta y Diani, la acción del estado puede producir o modificar actores colectivos de dos maneras: fijando los límites territoriales de la acción política, y facilitando o bloqueando el desarrollo y crecimiento de ciertos grupos. Sin embargo, es cada vez más evidente que la capacidad del Estado para regular los comportamientos en determinado territorio ha sido claramente disminuida. El sistema internacional basado en el estado-nación parece estar mutando hacia un sistema político compuesto por autoridades multinivel que se solapan en un entramado de competencias de escasa diferenciación funcional y exigua legitimidad democrática  (Della Porta y Diani, 2006: 42-43).

El paradigma teórico de los nuevos movimientos sociales, desde la perspectiva de Kate Nash, hunde sus raíces en el marxismo al estar basado en la centralidad del conflicto en la sociedad al tiempo que da por sentada la naturaleza colectiva de los conflictos sociales. Especialmente a partir de la influencia de Alain Touraine, la actividad de dichos movimientos es contemplada como la expresión del conflicto entre “dominantes” y “dominados”, inherente a todas las sociedades y motor del cambio social. Los teóricos de los nuevos movimientos sociales enfatizan su carácter revolucionario: el objetivo de un verdadero movimiento social no es influir en el proceso político, como en la tradición teórica de la movilización de recursos, sino romper los límites del actual sistema y liderar la transformación de la sociedad (Nash, 2010: 106-107).

Según Steven Buechler, la teoría de los nuevos movimientos sociales emerge en la Europa de los 80 del siglo pasado para analizar los movimientos aparecidos desde 1960 en adelante. Se consideran “nuevos” frente al “viejo” movimiento obrero de clase de la teoría marxista. En contraste con esta, los nuevos movimientos se organizan en torno a cuestiones como raza, sexualidad, etnicidad, juventud, contraculturas, medioambientalismo, pacifismo, derechos humanos, etc. Estos teóricos se han interesado especialmente en los cambiantes contornos de las sociedades cada vez más grandes al tiempo que enfatizan en los aspectos culturales de la teoría social como los contextos simbólicos priorizándolos sobre los aspectos instrumentales en la esfera política. Para ellos ninguna identidad de grupo (incluida la clase) se da como objetivamente predeterminada y todas las identidades colectivas deben ser socialmente construidas como principal objetivo antes de que la acción social sea posible. Otros elementos que caracterizan a los nuevos movimientos sociales son su base predominantemente compuesta por las clases medias, sus objetivos simbólicos y post materialistas, su búsqueda de autonomía, su politización de la vida cotidiana y su preferencia por formas de organización del movimiento participativas y descentralizadas. (Buelcher, 2007: 3208-3210). Para Nash, los nuevos  movimientos sociales son considerados como “nuevos” en términos de su orientación, organización y estilo por comparación con el “viejo” movimiento obrero del cual se distinguen por: 1) Su carácter no meramente instrumental, expresivo de preocupaciones universalistas y frecuentemente sus protestas son en nombre de la moralidad más que por intereses directos de grupos sociales particulares. 2) Su orientación es más hacia la sociedad civil que hacia el estado al que consideran sospechoso por sus estructuras burocráticas centralizadas y orientado hacia el cambio de la opinión del público antes que al cambio de las instituciones controladas por las élites. Se preocupan más por aspectos culturales, de estilo de vida y participación en la política simbólica de la protesta que por reivindicar derechos socioeconómicos. 3) Se organizan de manera informal y flexible, al menos en algunos aspectos, evitando la jerarquización, la burocracia e incluso los requisitos para sus miembros. 4) Son altamente dependientes de los medios de comunicación de masas a través de los cuales dan a conocer sus reivindicaciones y llamamientos, escenifican sus protestas y pueden capturar la imaginación y los sentimientos del público (Nash, 2010: 88).

 Para Robert Putnam, el concepto de capital social hace referencia a características de la organización social tales como confianza, normas y redes que pueden mejorar la eficiencia de la sociedad facilitando acciones coordinadas. Como otras formas de capital, el capital social es productivo, haciendo posible el logro de ciertos fines que no podrían ser alcanzables en su ausencia. (Putnam, Leonardi y Nonetti, 1993: 167). James Coleman describe seis clases de capital social: Obligaciones y expectativas, potencial informativo, normas y sanciones eficaces, relaciones de autoridad, organizaciones sociales apropiables y organizaciones intencionales (Coleman, 1990: 304-313).

Basándonos en Funes y Monferrer,la perspectiva teórica conocida como de la democracia parte de la idea de que la principal pretensión de la acción colectiva de movimientos y asociaciones es ampliar los ámbitos de la participación democrática en el contexto de la creciente crisis de legitimidad de la democracia representativa entendida como de élites que, pese a seguir teniendo un apoyo mayoritario entre la población, es cada vez más cuestionada en ciertos aspectos en confrontación con la democracia de tipo participativo. Frente a la polarización de ambas concepciones de la democracia, muchos son los autores que tratan de encontrar mecanismos de articulación y síntesis entre ambas abogando, por ejemplo, por la representación directa en ámbitos concretos aunque conjugada con la representación de intereses por la vía delegativa en el nivel de la gran escala, o planteando una acción deliberativa de los ciudadanos al tiempo que se fortalecen las instituciones reguladoras del ejercicio de agregación y articulación de las preferencias(Funes y Monferrer, 2003: 38-40). Efectivamente, es un hecho comprobado a través de múltiples estudios que la confianza en los partidos políticos en las democracias occidentales tiende a ser prácticamente la más baja en comparación con cualquier otra organización pública de alto nivel. Su pérdida de popularidad e influencia ha sido acompañada por cambios en los propios partidos que tienden a convertirlos menos en vehículos de la expresión y articulación de la voluntad popular, según se supone idealmente que deben ser, que en organizaciones destinadas a que políticos profesionales ganen elecciones (Nash, 2010: 197), en mi opinión, para satisfacer intereses particulares de aquellos que financian sus partidos y campañas ajenos a cualquier concepción encuadrable de algún modo dentro de cualquier concepción de Interés General o Bien Común.Además, según Funes y Monferrer, los ciudadanos son cada día más críticos con las acciones políticas de sus gobernantes debido, en buena parte, a la mejora del nivel educativo general de la sociedad y a la capacidad evaluativa de sus decisiones que se traducen en actitudes de descontento y desconfianza en amplios sectores de la sociedad. Lo que reclaman los ciudadanos que valoran como insuficientes los cauces de representación política es una mayor participación y en más ámbitos incluyendo la articulación de más intereses y procedimientos más allá de los propios de democracia representativa actual que complementen y enriquezcan la participación política tradicional (Funes y Monferrer, 2003: 38-40).

El enfoque del proceso político ubica al Estado en el centro de la escena de la movilización social al considerar que su configuración y la articulación del poder en su seno afectan en la práctica a la protesta social analizando el modo y las condiciones políticas en las que se desarrollan los movimientos. (Funes y Monferrer, 2003: 41). Charles Tilly argumenta que la interacción entre intereses, organización y oportunidad explica el nivel de movilización y acción colectiva en un determinado conflicto: los intereses representan las ganancias potenciales de la participación; la organización representa el nivel de identidad entre los componentes y sus redes, y la oportunidad viene determinada por la cantidad de poder político, las posibilidades de represión y la vulnerabilidad del objetivo. (Tilly, 1978:7). Neal Caren, basándose en Doug McAdam, considera a los movimientos sociales como resultado de tres factores: las oportunidades políticas; la fuerza de las organizaciones, y la liberación cognitiva. Las oportunidades políticas provienen de cualquier evento o proceso social amplio que socave y debilite los cálculos y supuestos en los que establishment político está estructurado. Las oportunidades políticas actúan de manera más bien indirecta cambiando el reparto de de fuerzas entre el grupo desafiante al orden establecido y los ostentadores del poder. El proceso de liberación cognitiva es resultado de un proceso de enmarcamiento de la realidad que despierta en los individuos el sentimiento de la pérdida de legitimidad del sistema político y de que su participación en el movimiento social puede promover cambios significativos. (Caren, 2007: 3455-588). Una de las principales contribuciones de la teoría del proceso político ha sido la reafirmación del carácter fundamentalmente político de la acción colectiva. Realiza especial énfasis en el papel de los eventos catalizadores que debilitan los regímenes establecidos creando nuevas oportunidades para la acción exitosa de los grupos desafiantes al poder. (McAdam, 2007: 3455)

– El contexto sociopolítico y la estructura de oportunidad para los movimientos sociales en España

Según Jaime Pastor, puede considerarse al 15-M y la ola de movilizaciones posteriores en España como un novísimo movimiento social en el que “la novedad se encuentra en que se trata de colectivos con un gran número de personas que hacen su primera experiencia política y que se declaran abiertamente independientes de cualquier organización política o social, facilitando así la identificación con ellas por parte de activistas virtuales muy diversos ideológicamente.” (Pastor, 2012: 360). Siguiendo a Pastor, podemos afirmar que el contexto de oportunidad política para la movilización se produce en España con la convocatoria de elecciones municipales y autonómicas cuyas campañas electorales anodinas conectan poco con las inquietudes y preocupaciones de una ciudadanía castigada por la crisis económica y el desempleo a la par que con creciente desafección y desconfianza hacia la clase política a la que cada vez en mayor medida considera corrupta y al servicio de los intereses de “los de arriba”. (Pastor, 2012: 356-360). Cabe señalar también la relación de la irrupción del movimiento en la escena política con la crisis sistémica iniciada en 2008 a escala global y como reacción a la misma, junto con el giro, siguiendo las directrices neoliberales, del gobierno presidido por Rodríguez Zapatero a partir de mayo de 2010, y siendo influido también por el “tiempo mundial” de la protesta que comienza con las revueltas árabes y se irá extendiendo hasta la jornada de acción global del 15 de octubre (Pastor, 2012: 356-377). Por otro lado, resulta innegable que el 15-M, y desde mi punto de vista las posteriores movilizaciones en forma de “mareas” o las efectuadas por la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, asumen “los principales rasgos que caracterizan a un movimiento social: desafío, acción colectiva, conflicto, cambio, organización duradera y formas de acción principalmente no convencionales en torno a la denuncia de uno u otro marco de injusticia y con voluntad de modificar las agendas políticas y las creencias colectivas o el “sentido común” dominantes. Un movimiento que desarrolla una «política contenciosa transgresiva» (Pastor, 2012: 356-376). Siguiendo la línea de Tarrow, podemos observar, pues, en el movimiento 15M una cristalización de la protesta catalizadora de la creación y difusión de oportunidades para la acción colectiva mediante el establecimiento de modelos, marcos y estructuras de movilización, expandiendo las oportunidades del propio movimiento y de los grupos y plataformas afines, al tiempo que creando oportunidades para que las élites políticas en sintonía con algunas de sus reivindicaciones, las trasladen a su programa (Tarrow, 1997:173), tal y como ha sido el caso en España de IU. Según señalan Enrique e Ibáñez, para algunos teóricos de los movimientos de la alterglobalización actual se trata de aprovechar como oportunidad las opciones políticas abiertas por una expansión del trabajo que habría incorporado de modo generalizado en la ley capitalista de producción de valor «el trabajo intelectual, afectivo y técnico-científico». Nuevas posibilidades para el desarrollo de los movimientos resultado de la desaparición de las fronteras y los límites —siquiera simbólicos— que parecía imponer la estrechez de la concepción productivista del trabajo asociada a la condición obrera. Estas transformaciones habrían impuesto «nuevos procesos de constitución subjetiva: dentro de la crisis que experimentamos, es decir, que la organización de las viejas subjetividades experimenta». Las nuevas formas de organización que parecen asociarse al  trabajo  generalizado harían posible un nuevo espacio para la expansión de los movimientos autónomos:

«Cuando los sujetos se han tornado productores autónomos de riqueza, conocimiento y cooperación, sin necesidad de un poder de mando externo, cuando organizan la producción misma y la reproducción social, no hay razón alguna para un poder omniabarcante y soberano extrínseco a su propia potencia». (Enrique e Ibáñez, 2012: 174-175). Al mismo tiempo, conviene no perder la perspectiva de las dificultades a la participación en el proceso político en una democracia representativa derivadas de la aversión del movimiento 15M a constituirse en partido político u organización de algún modo jerarquizada y estructurada de forma representativa.

Desde el enfoque de las teorías de la democracia podemos decir que el 15-M “es un movimiento proto-democrático, que, entendido a tiempo, refuerza al propio sistema democrático, pues denuncia los envites que sufren las instituciones en unos momentos de ataques procedentes de la «excepción económica» (crisis).” (Adell, 2012: 167).

Resulta también evidente que, desde el punto de vista de la creación de capital social, las movilizaciones en España a partir del 15-M han establecido, gracias principalmente a Internet, el contexto adecuado para la multiplicación de las relaciones entre ciudadanos y organizaciones creando canales multi nodales que refuerzan y flexibilizan la comunicación de los distintos actores en la sociedad civil lo que, a su vez, permite afrontar tareas y retos que estarían muy lejos de las capacidades de un solo actor o de actores descoordinados.

– Conclusión

La emergencia de los movimientos sociales no es un fenómeno linear y predeterminado por una serie de factores o variables cuya convergencia produzca, indefectiblemente, como resultado la protesta y movilización. La movilización social es resultado de la dinámica de un sistema complejo como es el socio-político-económico y es influenciada por las crisis (tanto económicas como de valores morales), la capacidad de movilización de recursos por parte de los distintos actores sociales, su potencial para crear marcos cognitivos e identidades, el marco legal, el contexto de oportunidades propiciadas por el sistema político y represivo y la existencia o desarrollo de redes sociales que catalicen los distintos procesos y factores implicados en la dirección de la efervescencia. Desde mi punto de vista, los movimientos sociales forman parte de una sociedad civil sana ejerciendo, entre otras, las funciones de crear y trasladar a las agendas políticas y de los medios asuntos y demandas alternativos a los “oficiales” así como conflictos sociales más o menos soterrados o evidentes, lo que ayuda a garantizar el dinamismo, la apertura y la pluralidad del sistema político. Están conformados por diversas redes que reaccionan ante las distintas circunstancias sociales y políticas, al tiempo que tienen capacidad para moldearlas, a través de los distintos mecanismos de protesta, creación simbólica y comunicación de ideas. Su dinámica se basa en la auto organización y en la continua auto producción de estructuras de protesta y movilización a través de la actividad continuada que permite la emergencia de nuevos métodos de protesta y participación. En el caso de la movilización social a partir del 15-M en España, estoy de acuerdo con Castells en que aunque su efecto inmediato en el terreno político pueda parecer escaso, su principal logro, como en el caso de otros movimientos a lo largo de la historia, ha sido cambiar las conciencias de las personas a través de la participación, el pluralismo y la esperanza de que otras formas de hacer política, a través de una democracia más auténtica, abierta, participativa, sustantivada y legítima, son posibles. El contexto socio político español está caracterizado por una creciente insatisfacción y desafección ciudadana respecto a las instituciones democráticas y del estado motivado, entre otros factores en mi opinión, por el predominio en el poder de unas élites políticas mediocres, corruptas o cooptantes con el poder corporativo y financiero nacional y transnacional, al que, en demasiados casos, pertenecen, han pertenecido y volverán a pertenecer una vez acabada su misión como cargos políticos merced a los consabidos mecanismos de puertas giratorias. Dicha situación de desesperanza y descreimiento en la política, se agrava con las consecuencias, cada vez más crudas, de una crisis que muchos percibimos más como una guerra, planificada o no, económica de las plutocracias financieras internas y transnacionales contra el Estado democrático y social y las clases medias y trabajadoras. Además la adopción constante de políticas de, mal llamada, “austeridad” y recortes sociales de todo tipo, al dictado de la conveniencia del gobierno Alemán del CDU a través de la Unión Europea, continúan teniendo como efecto un empeoramiento de la situación económica, un incremento continuado del desempleo, una disminución constante de los salarios reales, la práctica imposibilidad de emancipación para los jóvenes, una disminución constante de la inversión en sanidad y educación y un decremento de los distintos servicios de aseguramiento y protección social prestados por el Estado, por lo que podemos concluir que el contexto socio político, pese a la creciente represión por parte del gobierno en España, proporciona y proporcionará durante un largo periodo, motivos sobrados para la protesta y la movilización social así como la emergencia y consolidación dinámica en el tiempo de movimientos sociales que irán transformándose de acuerdo con las oportunidades, circunstancias y asuntos relevantes del momento.

La continuidad en el tiempo de estos movimientos dependerá de la superación del pesimismo y la desesperanza por parte de la ciudadanía así como de las habilidades de la misma para aprovechar las oportunidades que el contexto a nivel macro (socio- político-económico) pueda brindar a los movimientos. Las posibilidades de éxito de estos, en nuestro actual contexto, dependerán de conservar la legitimidad social a través de la coherencia con sus principios manteniéndose alejados de expresiones violentas y de la identificación con un determinado partido político.

BIBLIOGRAFÍA

Adell Argilés, Ramón (2011) “La movilización de los indignados del 15-M. Aportaciones desde la sociología de la protesta” Sociedad y Utopía, (38): 141-170, 19 Ref

Berger, Peter, y Thomas Luckmann (1967) The social Construction of Reality, Londres: Penguin Books.

Blau,  Judith  R.  et  al  (2004)  The  Blackwell  Companion  to  Sociology,  Cornwall: Blackwell Publishing Ltd.

Borgatta, Edgar, y Rhonda J.V. Montgomery, comps. (2000) Encyclopedia of Sociology, Nueva York: Mcmillan Reference USA

Buelcher, Steven M. (2007) “New social movement theory” en Ritzer, George, et al.

The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Oxford: Blackwell Publishing.

Calvo,  Kerman;  Teresa  Gómez-Pastrana,  y  Luis  Mena  (2011)  “Movimiento  15M:

¿Quiénes son y qué reivindican?” Zoom político. 2011/04 Salamanca: Laboratorio de Alternativas.

Caren, Neal (2007) “Political process theory” en Ritzer, George, et al. The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Oxford: Blackwell Publishing.

Castells, Manuel (2009) Comunicación y poder, Madrid: Alianza Editorial, S.A. Castells, Manuel (2012) Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en la era de internet, Madrid: Alianza Editorial, S.A.

Coleman, James (1990) Foundations of Social Theory, Cambridge: The Belknap Press of Harvard University Press.

Colino,  César;  Ramón  Cotarelo;  Comps.  (2012)  España  en  crisis.  Balance  de  la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero, Valencia: Tirant Humanidades.

Cross, Remy y David A. Snow (2012) “Social Movements”, en Ritzer, George, editor The Wiley-Blackwell Companion to Sociology, Chichester: Blackwell Publishing. Ltd Della Porta, Donatella; Mario Diani (2006): Social movements an introduction, Oxford: Blackwell Publishing.

Della Porta, Donatella, et al. (2009): Democracy in Social Movements, Reino Unido: Palgrave Macmillan

Diani,  Mario,  y  Doug  McAdam  (2003)  Social  Movements  and  Networks,  Oxford: Oxford University Press

Diani, Mario (2007) “Networks and social movements”, en Ritzer, George, et al. The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Oxford: Blackwell Publishing.

Diani, Mario (2011) “Networks and social movements”, en Ritzer, George, y J. Michael Ryan, editores The Concise Encyclopedia of Sociology, Oxford:Blackwell Publishing. Edwards,  Bob,       y          John    McCarthy                   (2004) “Resources                   and        Social            Movement Mobilization”,  en  Snow,  David;  Sarah  A.  Soule;  Hanspeter  Kriesi  The  Blackwell Companion to Social Movements, Oxford: Blackwell Publishing.

Eisinger, Peter K. (1973) “The Conditions of Protest Behavior in American Cities,The American Political Science Review , Vol. 67, No. 1: 11-28

Enrique Alonso, Luis y Rafael Ibáñez Rojo (2012) “Los nuevos movimientos sociales en la España del siglo XXI” ,en Aguilar, Salvador y María T. Bretones (eds.), Recuperando la radicalidad, Barcelona: Editorial Hacer

Estefanía Moreira, Joaquín et al. (2012)Informe sobre la democracia en España, 2012

Madrid: Fundación Alternativas

Funes Rivas, María Jesús; Ramón Adell, Comps. (2003) Movimientos sociales: cambio social y participación, Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Funes Rivas, María Jesús y Jordi Monferrer Tomás (2003) “Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al estudio de la participación”, en Movimientos sociales: cambio social y participación, Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia. Goffman, Erving (1974) Frame analysis: An Essay on the Organization of the Experience, Nueva York: Harper Col.

Gómez,    Luis    (2013):    1.100    maneras    de    protestar    en    España    (en    línea). http://politica.elpais.com/politica/2013/03/30/actualidad/1364669519_850037.html, acceso 4 de abril de 2013

Hall, Peter (2007): “Symbolic interaction”, en Ritzer, George, et al. The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Oxford: Blackwell Publishing.

Haro Barba, Carmen y Víctor Sampedro Blanco (2011): “Activismo político en Red: del Movimiento por la Vivienda Digna al 15M”, Revista Teknokultura, 8(2): 157-175, 43 Ref

Hessel, Stephane (2010) ¡Indignaos!Barcelona: Destino

Ibarra, Pedro y Mercé Cortina I Oriol (comps) (2011) Recuperando la radicalidad, Barcelona: Hacer.

Jenkins, J. Craig (1983): “Resource Mobilization Theory and the Study of Social Movements”, Annual Review of Sociology 1983 9: 527-553

Jiménez Sánchez, Manuel y Angel Calle Collado, (2012) “Entre la transformación y la continuidad. Los usos de Internet en el movimiento de justicia global en España” Arbor, 188, 756, 767-780

Klandermans, Bert (1992) “The social construction of protest and multiorganizational fields” en Morris, Aldon y Carol McClurg Frontiers in Social Movement Theory, Nueva York: Yale University Press.

Klandermans, Bert (2004): “Why social movements come into being and why people join them”, en Blau, Judith R. et al. The Blackwell Companion to Sociology, Cornwall: Blackwell Publishing Ltd.

Kriesi, Hanspeter, et al. (2002) New Social Movements in Western Europe, Londres: University College London Press

Laraña, Enrique, et al. (1994) New Social Movements. From Ideology to Identity, Philadelphia: Temple University Press

Martínez, Guillem (2013) “Los cuatro ángulos del movimiento” El País (en línea). http://politica.elpais.com/politica/2013/05/11/actualidad/1368298983_295130.html, acceso 13 de mayo de 2013

McAdam,  Doug;  Sidney  Tarrow  y  Charles  Tilly  (2004)  Dynamics  of  Contention,

Cambridge: Cambridge University Press

McAdam, Doug (2007): “Collective action”, en Ritzer, George, et al. The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Oxford: Blackwell Publishing.

Melucci, Alberto (1996) Challengign codes. Collective action in the information age, Cambridge: Cambridge University Press

Morris, Aldon y Carol McClurg (1992) Frontiers in Social Movement Theory, Nueva York: Yale University Press

Nash, Kate (2010) Contemporary Political Sociology, Chichester: Wiley-Blackwell Pastor, Jaime (2012) “El movimiento 15-M y la política extraparlamentaria” en Colino, César; Ramón Cotarelo; Comps. España en crisis. Balance de la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero, Valencia: Tirant Humanidades

Putnam, Robert; Robert Leonardi, y Raffaella Nonetti (1993) Making Democracy Work, civic traditions in modern Italy, Chichester: Princeton University Press

Ritzer,  George,  et  al.  (2007)  The  Blackwell  Encyclopedia  of  Sociology,  Oxford: Blackwell Publishing.

Ritzer,  George,  y  J.  Michael  Ryan,  editores  (2011)  The  Concise  Encyclopedia  of Sociology, Oxford: Blackwell Publishing.

Ritzer, George, editor (2012) The Wiley-Blackwell Companion to Sociology, Chichester: Blackwell Publishing. Ltd

Roberts,  Adam;  Timothy  Garton  Ash  (2009)  Civil  Resistance  and  Power  Politics, Oxford: Oxford University Press

Smelser, Neil J. (1965) Theory of collective behavior Nueva York: The Free Press Smelser, Neil J. Et al. (2001) International Encyclopedia of the Social & Behavioral Sciences, Cambridge: Elsevier Science Ltd

Snow, David, y Robert Benford (1992) en “Master Frames and Cycles of Protest.” en Morris, Aldon y Carol McClurg. Frontiers in Social Movement Theory, Nueva York: Yale University Press

Snow, David; Sarah A. Soule; Hanspeter Kriesi (2004) The Blackwell Companion to Social Movements, Oxford: Blackwell Publishing.

Snow, David (2007) “Framing and social movements” en Ritzer, George, et al. The Blackwell Encyclopedia of Sociology, Oxford: Blackwell Publishing.

Strykes,  Sheldon  (2000)  en  Borgatta,  Edgar,  y  Rhonda  J.V.  Montgomery,  comps.

Encyclopedia of Sociology, Nueva York: Mcmillan Reference USA

Sztompka, Piotr (1993) Sociología del cambio social, Madrid: Alianza Editorial, S.A. Tarrow, Sydney  (1997) El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política, Madrid: Alianza Editorial, S.A.

Tezanos, José Félix, y Verónica Díaz Moreno (2012) “Tendencias políticas y electorales 2012” Temas para el debate, nº 217. Madrid: Iniciativas Editoriales Sistema, S.A.

Tilly, Charles (1978)  From Mobilization to Revolution, Nueva York: Random House Tilly,  Charles  (2010)  Los  movimientos  sociales,  1768-2009.  Desde  sus  orígenes  a Facebook, Barcelona: Editorial Crítica, S.L.

Torcal,  Mariano,  y José  Ramón  Montero  (comps.)  (2006)  Political Disaffection  in Contemporary Democracies, Nueva York: Routledge

Turner, Ralph (2000) “Collective Action”, en Borgatta, Edgar, y Rhonda J.V. Montgomery, comps. Encyclopedia of Sociology, Nueva York: Mcmillan Reference USA

Van de Donk, et al. (2005) Cyberprotest. New media, citizens and social movements, Londres y Nueva York: Routledge