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Inteligencia artificial ética y al servicio de la Humanidad

CapturaLeo en el reporte anual de la revista WIRED, The World in 2018, un resumen sobre las tendencias tecnológicas y su impacto en la configuración de un futuro, tan próximo que ya casi es presente. Entre otras cuestiones señaladas, queda muy claro que la humanidad se enfrenta a una variedad de desafíos caracterizados por su gran complejidad e interdependencia: cambio climático; migraciones; desigualdad; alimentación, educación y asistencia sanitaria de una población mundial en constante expansión. Cada uno de ellos, por sí mismo, con potencial para desencadenar oleadas de conflictos, intra y supra estatales, a lo largo y ancho del globo capaces de provocar dinámicas de consecuencias catastróficas a una escala nunca antes conocida. La inteligencia artificial (AI) podría desempeñar un papel muy importante a la hora de ayudarnos a abordar estos problemas de forma objetiva y creativa. Aunque la propia integración de la inteligencia artificial es en sí misma un desafío sistémico para la humanidad con capacidad para agravar las consecuencias de todos los demás, convenientemente gestionada, la IA podría ayudar a solventarlos o paliar sus consecuencias. Por eso, los estudios relativos a los impactos éticos, sociales, políticos y en materia de seguridad de la inteligencia artificial, así como el diseño de estrategias de actuación, son una de las áreas de trabajo más apremiantes. Se trata de conseguir que la IA trabaje para las personas, el planeta y la justicia social. Sigue leyendo

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TRES PERSPECTIVAS ÉTICAS FUNDAMENTALES

John Rawls

La ética se ocupa de los valores, del bien y el mal, de lo correcto e incorrecto. Las cuestiones fundamentales planteadas ya por Sócrates y Platón en la antigua Grecia son esenciales para el estudio de la ética: ¿Cómo se debe vivir? ¿Qué es la buena vida? ¿Qué hace que una acción sea la correcta en lugar de la equivocada? ¿Cuáles deben ser nuestros objetivos? Como señala Peter Singer  “No podemos evitar la relación con la ética, lo que hacemos y no hacemos es siempre sujeto de evaluación ética. Todo aquel que piensa sobre lo que él o ella debe hacer está, consciente o inconscientemente relacionado con la ética ” Aplicada a la política, las cuestiones centrales que aborda la ética son ¿A qué fines u objetivos debería servir el gobierno? y ¿Qué medios y procedimientos debería emplear el gobierno para conseguir esos fines?

Desde el punto de vista de la filosofía, la ética o la teoría ética normativa se ocupa de desarrollar y justificar las normas o los cánones que deben guiar la acción. La ética aplicada aborda las formas de esas normas o cánones que pueden aplicarse a situaciones reales, asimismo aclara las cuestiones éticas involucradas y propone las pautas y modos de razonamiento que pueden ser adecuados para resolverlos. El estudio de la ética y la política es un ejemplo de la ética aplicada.

Tres son los enfoques que actualmente dominan el panorama de la ética normativa: El consecuencialismo, la ética deontológica y la ética de la virtud.

El CONSECUENCIALISMO hace hincapié en los buenos resultados como base para la evaluación de las acciones humanas. La idea central del consecuencialismo es que lo que hace a una acción o política correcta es que reporta mejores consecuencias que cualquier otra de las alternativas. Las teorías consecuencialistas ofrecen varias definiciones sobre lo que debemos considerar los mejores resultados, incluyendo el máximo incremento posible de placer sobre el dolor según el utilitarismo clásico, así como la mayor satisfacción posible de las preferencias según el enfoque de una economía del bienestar. Las teorías sobre el Bien Común, enraizadas en los escritos de Platón, Aristóteles y Cicerón pueden ser también ejemplos de aproximaciones consecuencialistas. Estas nos instan a contemplarnos a nosotros mismos como miembros de una misma comunidad que comparte objetivos comunes y se centran en asegurar que las políticas sociales, los sistemas sociales, las instituciones y los entornos de los que dependemos son beneficiosos para todos. Ejemplos de bienes comunes a todos incluyen un sistema de salud universal o al menos asequible, una seguridad pública efectiva, la paz entre las naciones, un sistema legal justo y un medioambiente limpio.

El consecuencialismo es el enfoque ético adoptado por la mayoría de los funcionarios públicos. El administrador de la salud pública que gasta (invierte) los limitados recursos del estado en asistencia sanitaria primaria y preventiva para evitar a largo plazo tratamientos más costosos, el investigador analista que lleva a cabo un estudio coste-beneficio de un determinado programa y la universidad que adopta un programa de acción para promover la diversidad están, todos ellos, adoptando este enfoque.

A pesar de la popularidad y la vigencia del consecuencialismo no está exento de ciertas importantes deficiencias:

1- Este enfoque sacrifica el interés de las minorías por el bien de la mayoría

2- No podemos predecir o estimar todas las consecuencias posibles o incluso probables de una particular acción o política. Este “problema de las consecuencias no deseadas” se ve agravado por nuestra inevitable tendencia  al sesgo como actores implicados. Nuestra situación y nuestros intereses afectarán a nuestra concepción de las consecuencias y la importancia que atribuimos a una acción determinada.

3- El cálculo de las consecuencias en sí mismo. ¿Cuáles son los intereses que deben ser tenidos en cuenta? ¿Cómo deben ser sopesados o medidos los costes y beneficios? ¿Debería ser medida la intensidad de las preferencias?

La ÉTICA DEONTOLÓGICA parte de la premisa de que existen obligaciones o deberes morales que deben cumplirse independientemente de la consideración de sus consecuencias. En este sentido el derecho tiene prioridad sobre el bien o el fin de la acción. La ética deontológica está enraizada en la filosofía moral kantiana. El deber moral básico es tratar a las personas como fines y no como medios para propósitos ajenos a sí mismos. Un ejemplo de teoría deontológica que influye en los debates contemporáneos sobre ética y política es la premisa de que nuestros roles en la sociedad dotan de un contenido específico a nuestras obligaciones y deberes morales. A principios del siglo XX el idealista británico F. H. Bradley en su ensayo My Station and Its Duties desarrolló el argumento de que nuestros deberes morales están determinados por nuestro rol o posición en la sociedad y las responsabilidades inherentes a él. Como padres, hijos, vecinos y profesionales (médicos, abogados, analistas, administradores, políticos electos), tenemos tareas que desempeñar junto con la obligación moral de ejecutarlas bien.

Un ejemplo de ética deontológica proviene de la filosofía moral de John Rawls, centrado en el deber de tratar a las personas como fines en sí mismos y con la premisa de que son así tratadas cuando son capaces de dar consentimiento a las acciones que les afectan. Lo que hace a los seres humanos diferentes de los meros objetos es que las personas tienen dignidad en base a su capacidad de elegir libremente lo que desean hacer con sus vidas, teniendo el derecho moral fundamental a que sus elecciones sean respetadas. Las personas no son objetos para ser manipulados, es una violación de la dignidad humana usar a las personas de formas que no han elegido libremente.

Desde este punto de vista la acción correcta es aquella que las personas libres, iguales y racionales, incluidos los afectados por la acción, serían capaces de consentir. Algunas versiones de las teorías de los derechos humanos son también ejemplos de una aproximación deontológica a la ética, es decir, respetar los derechos es una señal de respeto hacia las personas como fines con objetivos vitales y planes para conseguirlos.

La ÉTICA DE LA VIRTUD es el tercero de los enfoques más importantes para la ética. Sus defensores contemplan las cuestiones morales desde la óptica de los agentes morales centrándose en las fuentes de moralidad en la vida interior y en el carácter. Sostienen que “tal vez” ¿Qué debo hacer? Es la pregunta equivocada.Podríamos preguntarnos en su lugar: ¿Qué clase de persona debo ser? Derivada de Aristóteles, la ética de la virtud asume que existen ciertos ideales hacia los cuales debemos tender activamente porque son adecuados para el desarrollo y progreso pleno de la humanidad.  Estos ideales son descubiertos a través de una profunda reflexión sobre qué clase de personas tenemos el potencial de llegar a ser. Honestidad, valentía, compasión, generosidad, fidelidad, integridad, justicia y prudencia son todos ejemplos de las virtudes que podemos imitar y tratar de cultivar. La hipótesis es que una persona que ha desarrollado virtudes estará naturalmente dispuesta a actuar de forma consistente con ellas. La orientación de quién soy yo y quién debería ser posee también una dimensión social. Los agentes sociales también se preguntan “quiénes somos nosotros” y “quiénes deberíamos ser”.