Categoría: Psicología social

Problemas en el exceso de eficiencia del big data

bigdataAprovecho un cambio de impresiones en el muro del profesor Fernando Broncano para escribir esta entrada.

En su nuevo libro The Efficiency Paradox: What Big Data Can’t Do, Edward Tenner hace un repaso de los problemas a los que puede conducir a largo plazo la hipereficiencia en las tareas de los algoritmos que vertebran el big data y la inteligencia artificial. Algunos pueden hacer peligrar no sólo la eficacia sino la eficiencia misma a largo plazo. Conduciendo no sólo a consecuencias indeseables, sino también a que se malgasten esfuerzos y se pierdan oportunidades. El autor los divide en siete grupos:

ANTISERENDIPIA (counterserendipity). La mayoría de los sucesos fortuitos son adversos o neutros. La eficiencia hace que el mundo sea más predecible. Pero si toda solución es lo más directa e inmediata posible, también nos vemos privados de los beneficios de la aleatoriedad ocasional y de los errores productivos. Los algoritmos convencionales reducen las sorpresas negativas al alto precio de amenazar a las positivas. Ambas son inseparables.

EXCESO DE ENFOQUE (hyperfocus). La eficiencia se expresa frecuentemente a través del enfoque de grano fino muy centrado en el área o problema que requiere ser abordado lo que, hasta cierto punto, es positivo y necesario. Sin embargo, esta eficiencia, indispensable en las operaciones diarias, hace que sea más difícil retroceder la perspectiva para obtener una visión de conjunto.

CASCADAS AUTO-AMPLIFICANTES. Los algoritmos pueden fallar al elegir la opción óptima, amplificando efectos inicialmente pequeños. Las decisiones iniciales pueden convertirse en profecías autocumplidas. Este es un riesgo especial en los procesos automatizados, desde el comercio financiero hasta los vehículos autónomos, en los que múltiples algoritmos, ninguno de los cuales puede ser perfecto, se ejecutan interactuando conjuntamente, a veces sin la posibilidad de una rápida intervención humana.

EROSIÓN DE HABILIDADES . Los sistemas automatizados realizan, o podrán realizar, la mayoría de las tareas mejor que las personas. Son casi siempre más eficientes y consistentes, razón por la cual su uso se está generalizando en un número creciente de áreas sustituyendo, o en colaboración con una persona cualificada. Por el momento, esta coordinación entre humanos y sistemas electrónicos ofrece mejores resultados que cualquiera de los dos por separado. Sin embargo, puede haber graves problemas cuando el compañero robótico falla si el ser humano no ha conservado sus habilidades. Los resultados pueden ser catastróficos para la eficiencia de todo el sistema y para la seguridad de las personas.

RETROALIMENTACIÓN PERVERSA. La interacción entre los sistemas automatizados se torna aún más problemática cuando se les pide no sólo que ejecuten objetivos humanos sino que proporcionen incentivos. Sería posible satisfacer un criterio determinado (como una puntuación en un test o examen) a través de medios que frustran el resultado real deseado (comprensión real). Una expresión de lo que en sociología se conoce como “Ley de Campbell”.

DILUVIO DE DATOS (data deluge). El big data cuando es utilizado por personas capacitadas con profundos conocimientos de los procesos subyacentes, pueden aumentar la eficiencia. Pero su uso también puede amenazar la propia eficiencia. El volumen de datos adquiridos automáticamente en muchos campos está aumentando más rápidamente que el coste por terabyte de almacenamiento, lo que supone un aumento de los gastos. El big data también pueden sugerir falsos positivos e hipótesis erróneas que suponen pérdidas y largas horas de trabajo para evaluar y descartar, conduciendo a una fatiga de alarma y alerta. El resultado neto puede ser una menor eficiencia real.

MONOCULTURA. Sin un diseño minucioso, un algoritmo puede multiplicar una fórmula exitosa hasta el punto de que un sistema se vuelva menos sensible a las circunstancias cambiantes. En psicología social se reconoce, por ejemplo, que algunos de los experimentos no pueden ser replicados, no por ningún error en el diseño, análisis o recolección de datos originales, sino porque las sociedades y sus valores cambian. Las personas y las sociedades no estamos estandarizados como los ratones de laboratorio en sus hábitats artificiales, vivimos en un entorno tecnológico en constante evolución y ajustamos nuestro comportamiento constante y a menudo inconscientemente.

Referencia bibliográfica.

Tenner, Edward. 2018. The Efficiency Paradox: What Big Data Can’t Do. New York: ALFRED A. KNOPF.

Actitudes y Conducta

CapturaLas actitudes son evaluaciones sobre personas, objetos o ideas. Estas valoraciones son algo que aprendemos con nuestras experiencias a lo largo del tiempo, por lo que pueden variar drásticamente de una persona a otra. Las actitudes pueden tener base cognitiva, afectiva o conductual, aunque todas suelen tener en alguna medida los tres componentes. Las actitudes de base cognitiva están principalmente basadas en hechos y datos a los que clasifican y ordenan, evaluando los pros y los contras, para poder categorizar con rapidez objetos, acontecimientos y situaciones. Las actitudes basadas en la afectividad se fundamentan en lo que sentimos con respecto a determinados elementos o hechos. Pueden ser el resultado de diversas causas como los valores o las creencias religiosas y morales. Son una forma de expresar (y a veces validar) el sistema de valores básicos de un individuo. Las investigaciones sugieren que las actitudes basadas en la afectividad afloran más rápidamente que las actitudes basadas en lo cognitivo, por lo que son más accesibles en la memoria. Las actitudes basadas en el comportamiento proceden de las observaciones de los individuos sobre cómo se comportan en relación a una persona, situación o estímulo, hasta el punto que, en algunas situaciones, los individuos pueden no ser conscientes de cómo se sienten hasta observar su propio comportamiento. Sin embargo, debe señalarse que las personas sólo derivan sus actitudes de su comportamiento bajo ciertas condiciones, como cuando la actitud inicial es vaga o débil y cuando no hay otras explicaciones plausibles para su conducta.

Siguiendo, a Perloff en su análisis del enfoque funcional de las actitudes, examinaremos por qué las personas mantienen las actitudes que adoptan. Este enfoque explora las necesidades que las actitudes satisfacen y las motivaciones a las que sirven. Bombardeados por numerosos estímulos y enfrentados con innumerables opciones sobre cuestiones múltiples y productos diversos, las personas se ven obligadas a evaluar laboriosamente los costes y beneficios de cada opción particular en cada una de los cientos de decisiones diarias. Privados de actitudes generales que ayuden a estructurar el entorno y situar a los individuos en determinadas pautas, los seres humanos encontraríamos la vida cotidiana demasiado ardua. Las actitudes son funcionales porque ayudan a las personas a gestionar y afrontar la vida.

Las principales funciones y beneficios de las actitudes incluyen: Sigue leyendo

Dos rutas de persuasión.

dos rutasSegún Perloff, podemos definir la persuasión como el proceso simbólico en el que uno o varios comunicadores intentan convencer a otras personas para modificar sus actitudes o comportamientos respecto a una cuestión determinada a través de la transmisión de un mensaje en un entorno de libre elección. Así Andersen, la contempla como un proceso por el cual el comunicador busca provocar una respuesta deseada por parte del receptor (Andersen,1971). Para Bettinghaus y Cody, se trata de un intento consciente por parte de un individuo para cambiar las actitudes, creencias o comportamiento de otro individuo o grupo de individuos a través de la transmisión de un mensaje (Bettinghaus y Cody, 1987). Smith considera la persuasión como una actividad simbólica cuyo propósito es la internalización, o aceptación voluntaria, de nuevos estados cognitivos, o patrones de conducta manifiesta, mediante el intercambio de mensajes (Smith, 1982). Mientras, O´Keefe afirma que se trata de un esfuerzo intencionado y exitoso para influenciar el estado mental de otro a través de la comunicación en circunstancias en las que el persuadido goza de cierto margen de libertad (O’Keefe, 2016). La persuasión es parte intrínseca del tejido de la vida cotidiana, hasta el punto de que es difícil escapar de sus tentáculos: personas que piden favores; propuestas para vender innumerables bienes y servicios, o llamamientos políticos e ideológicos varios.

La persuasión puede producirse principalmente a través de dos rutas o procesos: una ruta central, o una ruta periferica, habitualmente explicadas a través de dos modelos fundamentales para su estudio: Modelo de Probabilidad de Elaboración (Elaboration Likelihood Model, ELM) y el Modelo Heurístico-Sistemático (Heuristic-Systematic Model, HSM). Sigue leyendo