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¿Hacia un nuevo totalitarismo global? (I)

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David Beetham y la legitimidad del gobierno

Según David Beetham son necesarias trescondiciones para poder afirmar la legitimidad de un sistema de gobierno representativo:

 1)  La conformidad con las reglas establecidas;
 2) La justificabilidad de las reglas por referencia a creencias compartidas, y
 3) El consentimiento expreso de los subordinados a las particulares relaciones depoder.
Así, la legalidad constituye tan luna dimensión, necesaria pero no suficientede la legitimidad: las normas mismas requieren justificación, consideraciones morales que las sustantivizan y trascienden. La justificabilidad del poder en razón de creencias compartidas implica un principio de diferenciación entre gobernantes y gobernados en base a criterios no solamente racionales, formales u organizativos sino también y principalmente morales y éticos, una fuente autorizada de valores compartidos para el fundamento de las normas y un interés común entre gobernantes y gobernados al servicio del cual está el sistema  y el poder político.
Siendo así contempladas las cosas, desde éste enfoque ¿Cuántos ciudadanos creéis que en Baleares, España y la Unión Europea sienten realmente como legítimo al gobierno y el sistema representativo que administra los recursos humanos, materiales y políticos de nuestra sociedad?
Los títeres responsables de la instrumentalización de “la política” en general a favor de los intereses particulares o de las estructuras clientelares que los colocan y mantienen en el poder a expensas de y en contra del Bien Común, serán también los responsables de las históricamente demostradas consecuencias de un descreimiento generalizado en la política y en los sistemas democráticos como instrumentos para administrar, gestionar, regular y ordenar con libertad y pluralismo el amplio territorio de los asuntos sociales, económicos y cultrales.

SOBRE CHARLES TILLY Y “LA DEMOCRACIA”

CHARLES TILLY fué un sociólogo histórico que modificó, proporcionándoles profundidad y dinamismo, la metodología macrosociológica y la historia comparada; el estudio de la acción colectiva y los movimientos sociales; la apertura de una forma innovadora de mirar (y analizar) el conflicto social; la forma de contemplar las revoluciones, los movimientos sociales y el cambio social por parte de la sociología. Tilly ha suministrado el marco metateórico e histórico para las teorías de las movilizaciones y los procesos políticos de la acción colectiva, los movimientos sociales y el cambio social. Incorporó elementos del utilitarismo de John Stuart Mill así como de Max Weber y Karl Marx. Ofreciendo además una teoría sintética basada en los intereses de Marx, las oportunidades de Stuart Mill y la organización de Weber. Tilly aplica este modelo en el análisis histórico de formación del Estado y la acumulación de capital ya que estos afectan y son afectados por cambios en las formas de la protesta política.

Así vemos como para Tilly existen tres caminos viables para la formación del Estado Europeo que han tenido diversas consecuencias para los diferentes sistemas de gobierno. En las regiones “intensivas en capital” (zonas de varias ciudades con un  predominio  de las relaciones comerciales, orientadas a la producción, a los mercados, y el intercambio) como Génova o la república de Holanda, los gobernantes se basaron en pactos con los capitalistas para alquilar o comprar la fuerza militar necesaria en cada momento pudiendo hacer la guerra sin construir grandes estructuras militares y estatales permanentes, ni ejércitos a los que mantener tras las batallas. La presencia de una burguesía capitalista, los intercambios comerciales y una importante estructura y organización municipal establecieron serios límites al ejercicio por parte del Estado de un control directo sobre los individuos y sus haciendas, facilitando, en cambio, el empleo de impuestos eficientes y relativamente sostenibles por parte de la población como fuente de ingresos públicos. En las regiones “Intensivas en coerción”  (áreas con pocas ciudades y predominio agrícola, donde la coerción directa jugó un papel importante en la producción) como Brandenburgo, Rusia, Polonia o Hungría, los aranceles y los impuestos especiales proporcionaban escasos ingresos en unas economías relativamente poco desarrolladas e interconectadas y los gobernantes tendieron a crear poderosas maquinarias fiscales para extraer los costes de la guerra de sus poblaciones. En estas condiciones, con gran poder acumulado en manos de los terratenientes armados, la nobleza, aristocracia, los jefes de aldea y otros que ejercían el control sobre los recursos intermedios esenciales y siendo además escaso el trabajo asalariado, los campesinos encontraron difícil escapar de la autoridad patriarcal. Por último, en las regiones de “coerción capitalizada“, los titulares de la coerción y el capital (los nobles y los financieros) interactuaban en condiciones de igualdad relativa. Los gobernantes construyeron burocracias y dependían de los impuestos sobre el comercio pero invirtieron un mayor esfuerzo en integrar a los capitalistas y los recursos del capital directamente en la estructura de sus estados. Así, el capitalismo imbricado en la propia estructura tiende a debilitar la ordenación patriarcal tanto de las familas campesinas en la base de la pirámide como del Estado en general. Tilly sostiene que era este camino fue el seguido por países como Francia, Inglaterra y España, que tuvo como consecuencia la formación de estos estados que fueron los primeros estados nacionales, y que finalmente resultó ser la más exitosa forma de afrontar las guerras. A lo largo de los siglos XVII y  XVIII, otras unidades territoriales  se vieron sometidas a una creciente presión para adoptar una forma similar de gobierno estatal o sufrir una derrota militar tras otra.

En su obra más tardía, sostiene que hemos de estar abiertos a la variabilidad de los patrones de formación del Estado nacional, que finalmente se imponen a las formas anteriores de comunidad política, y que la convergencia hacia la forma del estado nacional se produjo tanto por una divergencia original ( bien imperios, bien ciudades-estado) como por las diferentes estructuras de clase que significaron una diferencia para la formación de los Estados. Tilly enfatiza que la “ventaja competitiva de hacer la guerra” recae en los estados que pueden permitirse sostener grandes ejércitos permanentes puesto que tienen una combinación de gran población rural,, capitalismo burgués y una economía relativamente comercial. Se refiere a los estados nacionales en lugar de los estados-nación para subrayar el mito de que los estados se componen de una sola nación. Emplea la idea de la nacionalización para demostrar que el estado nacional moderno es el resultado de una combinación de diferentes “nacionalidades” originarias, y para referirse a las acciones por medio de las cuales los estados trataron de homogeneizar sus poblaciones.

Gran parte de la investigación de Tilly está enfocada en la organización y las oportunidades para la protesta política pero sus trabajos más recientes incluyen un retorno al tema de los intereses basados en el aprovechamiento y acaparamiento de oportunidades y reproducidos e institucionalizados a través de procesos de emulación. Por lo tanto, Tilly, completa la la síntesis entre Marx y Weber sin entrar en profundidad en la utilidad o racionalidad de las elecciones individuales y sus relaciones con los procesos organizativos a través de los cuales la formación del estado y el capitalismo han transformado y sido transformados por los desafíos políticos (basados en los  intereses, las oportunidades y las organizaciones). Tilly construyó  un modelo de movilización en el cual, interés, organización y oportunidades determinan la acción colectiva, afectando también el cálculo de los intereses a las oportunidades (o amenazas) políticas para obtener ventajas (o pérdidas) fruto de una determinada acción colectiva.

De acuerdo con éste modelo. Tilly predice la acción colectiva basada en la movilización, oportunidades o amenazas y el poder. Por tanto, para él, la acción colectiva tiene, al menos a nivel organizativo, un propósito racional antes que afectivo o expresivo sin descartar la importancia de las emociones a nivel individual aun cuando considere que los intereses están enraizados en las relaciones sociales antes que en predisposiciones personales.

Tilly presenta a la historia como la causa y el efecto de la acción colectiva. La acción colectiva en un determinado lugar y momento está enraizada en las formas habituales en las que el pueblo protesta contra la injusticia, pero estos repertorios cambian sustancialmente en forma y contenido a lo largo del tiempo. Considera que los actores organizados no disponen de un arsenal ilimitado de recursos para la protesta y que dependen de las  tradiciones culturales heredadas desde dentro  del conflicto, lo que denomina “repertorios de acción colectiva”

No contempla Tilly a la sociedad como reificada en una totalidad diferenciada sino como un fluido en permanente cambio causa y efecto de relaciones y dinámicas complejas imbricadas en distintas escalas tanto a nivel macro como a escala micro. En el campo de esa realidad compleja es posible focalizar los análisis en nudos particulares de entre los intersticios del tejido social para su estudio histórico o sociológico siendo denominados entonces como Estados, organizaciones o grupos sociales que adquieren consistencia diferenciada  por conveniencia analítica siendo sus factores determinantes interacciones y relaciones entre los distintos miembros, individuales y colectivos, de la sociedad.

El cambio social es, más que un proceso, una tendencia única, el fruto de numerosos procesos fragmentarios, magistralmente expuestos y ejemplificados por Tilly a lo largo de los capítulos de su obra “Democracia”, actuando en paralelo, o en direcciones opuestas, convergentes o divergentes, como vectores con fuerza y dirección que actúan sobre la abstracción del campo social, agregando y acumulando sus efectos. Así, si abordamos el análisis de los hechos históricos no nos permiten postular estadios distinguibles de corte determinista en un determinado proceso histórico del mismo modo que pone de relieve que la diferenciación en las sociedaes no puede considerarse como un proceso arquetípico de cambio puesto que lo mismo ocurren procesos de evolución como de involución a nivel organizativo. Un determinado orden social puede surgir a través de mecanismos distintos a los de integración puesto que, en algunos casos, determinadas formas de protesta y/o violencia colectiva son las únicas formas racionales de perseguir los intereses colectivos, del mismo modo que la coerción al servicio del Estado y de la ley puede ser en ocasiones indistinguible del crimen y la delincuencia.

Según Tilly, existen variados procesos de cambio a gran escala como la urbanización, la proletarización, la capitalización, la industrialización o la burocratización, entre otros, que acontecen de forma específica y diferenciada. A lo largo de su obra, ha intentado dar respuesta a la cuestión de cómo el nacimiento del capitalismo y la concentración del poder en el Estado-Nación han influenciado en las formas y el grado de éxito con los que los pueblos luchaban a favor de sus intereses comunes. Ha abordado esta cuestión a través de la inferencia y descripción en cada caso de las grandes transformaciones estructurales promovidas por el desarrollo del capitalismo y la construcción del Estado, el modo en que modifican los intereses, las oportunidades y las organizaciones de distintos grupos sociales lo que a su vez altera los modos de lucha de clases.

A lo largo de su trayectoria académica, el estudio sobre los procesos de democratización, democracia y desdemocratización se ha ido convirtiendo en uno de sus principales ejes analíticos sobre las acciones colectivas. A lo largo de la historia, las democracias han evolucionado a través de intensas luchas sociales siendo, con frecuencia, sacrificada en muchas de ellas.

Tilly puso en evidencia las deficiencias de la sociología clásica del siglo XIX en lo relativo al estudio del cambio social a través de lo que denominó los “ocho postulados perniciosos” que se resumen en la necesidad de abandonar el enfoque evolucionista y determinista, y en la forma de enfocar metodológica y escrupulosamente el estudio del cambio social concluyendo que “no existe cambio social en general” tal y como demuestran las disciplinas complementarias que son la sociología y la historia.

El cambio general de las protestas locales de la Edad Media a las modernas manifestaciones fue en gran medida debido y posibilitado por la formación del estado y el capitalismo que alteraron significativamente intereses, organizaciones las oportunidades para la acción colectiva. Dos puntos muy importantes clarificados por Tilly son, por un lado, que el repertorio de cambios difiere entre los países tanto como el estado de formación y consolidación del capitalismo, y por el otro, que el repertorio de cambios no está determinado por modificaciones en las instituciones políticas. La acción colectiva no es un simple efecto del cambio institucional aunque éste sea una causa que a él contribuye.

Tilly argumenta en su obra “Carreteras del pasado hacia el futuro” que los cambios políticos son condición necesaria si no suficiente para las situaciones revolucionarias de las cuales emergen el estado y el capitalismo modernos.

Distingue entre “situaciones revolucionarias” donde el control del estado es simplemente cuestionado de los “resultados revolucionarios” que conllevan una transferencia de la autoridad del gobierno a los que cuestionan total o parcialmente el poder del estado. Aunque en su obra Revoluciones Europeas 1492-1992  reconoce que hay una considerable variación entre los distintos episodios revolucionarios según tiempo y lugar argumenta que estas son explicables desde el marco general de su modelo de movilización social.

Tilly define los procesos de movilización como la forma en que los grupos contendientes tienen de reclamar el control y de activar los recursos necesarios para actuar, no la acción misma. La movilización, de acuerdo a su modelo, no es sino uno de los cinco componentes necesarios para que un movimiento social o una campaña de protesta  se produzca: el interés común, organización, movilización, oportunidades , y entonces, la acción colectiva, que se define como la búsqueda común de objetivos comunes y intereses. Hizo especial hincapié en que la capacidad de movilización es una función de la organización e introdujo a otras organizaciones en la ecuación, muy especialmente al Estado y a los grupos de presión, a través de la “oportunidad para actuar juntos”. Concretamente, el Estado y los grupos de oposición encuentran distintas vías en función de cómo sus acciones afectan a la percepción de costes de los actores movilizados o movilizables. Si los costes son muy altos, por ejemplo si los grupos de oposición están inmersos en un Estado con una fuerte tendencia a la represión, la acción colectiva no ocurrirá.

 

Podemos afirmar que el tema principal a lo largo de la obra de Charles Tilly es el cambio social y su relación con la política popular y la formación del Estado. Un sello distintivo de su enfoque, como ya hemos apuntado, es la capacidad de hacer grandes preguntas analíticas, y para generar nuevas fuentes de datos empíricos con los cuales explorar, dando lugar a interpretaciones originales e innovadoras. Este amplio enfoque ha sido utilizado para hacer frente a cuestiones que van desde las razones de los marcados contrastes en las formas de constitución de los Estados europeos, a la explicación de los patrones duraderos de la desigualdad social a través del tiempo. Su trabajo aborda la relación entre estructura social y acción humana como un dinámico, fluidos y complejo conjunto de procesos.

La aproximación de Tilly al concepto de agencia es a través de la sociología política en lugar de la cultural. Las instituciones y la acción organizada importan más que los significados que los individuos y colectivos otorgan a sus acciones.

En su obra, Democracia, Tilly nos ofrece una importante reinterpretación, basada en una amplia comparativa diacrónica y sincrónica de datos históricos,  de los avances y retrocesos de la democracia a nivel mundial. Sobre la base de varias décadas de trabajo e investigación sobre la acción colectiva en las sociedades modernas, Tilly diseña un innovador marco para realizar un seguimiento de los procesos de democratización y des-democratización, a través de los siglos.Pretende explicar no los mecanismos dicotómicos, a modo de lista de comprobación, entre los regímenes democráticos y no democráticos, sino los procesos de cambio a través del tiempo, centrándose en los procesos políticos que alteran las relaciones entre los ciudadanos y el Estado. Su tesis es que las perspectivas de la democracia se articulan en tres procesos a gran escala dentro de un país: la integración de “redes de confianza interpersonal en la política, el aislamiento de la política de las desigualdades económicas y sociales,y la eliminación o neutralización del poder coercitivo de los centros autónomos de poder, como los clanes, los señores de la guerra, o las élites militares. Tilly  ilustra en esta obra la teoría abstracta con la macrohistoria y con  debates empíricos basados en  casos de países tan diversos como Francia, India, Jamaica, Kazajstán y Venezuela – ilustrando las diversas formas y variaciones de la democracia, sus avances y sus retrocesos. En el libro podemos apreciar una descripción de los regímenes estatales en torno a dimensiones como: la capacidad del Estado para dar forma a los recursos y la acción dentro de su ámbito social, la amplitud de la representación en la política, la igualdad de representación a través de la política, la fuerza de la consulta entre los miembros del Estado y la sociedad y la protección de los miembros del sistema político. También se sugieren preguntas sobre el funcionamiento de un régimen y su manera de afectar a la forma y la dinámica de la acción política, Sobre cómo los cambios en el carácter de un régimen influyen en las formas y dinámicas de la acción, o sobre cómo los cambios en los repertorios de acción, tipos de protestas, y partidos opositores afectarán a las trayectorias de los regímenes.

Tilly sostiene que para comprender las diferencias a largo plazo entre los sistemas de partidos es necesario focalizarse en los “constructores de la nación”, las situaciones y crisis que afrontaron y las decisiones que tomaron. Los constructores de la nación pueden convertirse en “constructores del Estado” cuando sus proyectos son más institucionales que culturales.

Para concluir diré que, en mi opinión, Democracia de Charles Tilly es una de esas obras monumentales cuya lectura y análisis son imprescindibles para un sociólogo o un politólogo.

MODELOS MIXTOS DE DEMOCRACIA

Hoy prestaremos atención a la empíricamente perceptible coexistencia de distintos modelos de democracia y a los los rasgos culturales inherentes a ellos o de los cuales son fruto.

1 LA CONEXIÓN POST MATERIALISTA. La cultura política post materialista que, de acuerdo con Inglehart, surgió en Europa Occidental y EE.UU. a partir de los años sesenta trajo consigo una amplia agenda de innovación democrática, integrando, a un nivel concreto, los elementos de la democracia participativa con elementos de la democracia del votante junto con, a un nivel abstracto, trazos de igualitarismo e individualismo. Se trata de un movimiento amplio que abarca expresiones muy diversas pero que, sin embargo, comparten algunas características comunes:

a) Comparten el interés por la personalización, las disposiciones de pequeña escala y la calidad de vida, como reacción contra la lógica de la producción en masa, las disposiciones a gran escala, y la talla única para todos.

b) Comparten un interés por la “Nueva Política” (autogobierno, de abajo hacia arriba, concreta) como reacción contra la “Vieja Política” (manejada por las élites, de arriba hacia abajo, abstracta). Sobre estos puntos, en cualquier caso, hay acuerdo entre los que apoyan la democracia participativa y los que apoyan a la democracia electoral o del votante.

2 LA TERCERA VÍA DEL ASOCIACIONALISMO. En la democracia asociativa, las asociaciones de la sociedad civil que operan intermediando entre el ciudadano y el Estado, también llamado tercer sector o de la tercera vía entre el comunalismo y el estatismo, juegan un papel muy importante. Por lo general, lo que tenemos aquí es un compromiso entre la democracia participativa y la democracia de consenso, o, en un sentido más amplio, entre una relativamente igualitaria y un enfoque relativamente jerárquico de la política y la administración pública. Originariamente, las asociaciones son iniciativas de los ciudadanos para llevar a cabo la integración de sus preocupaciones e intereses a través de la colaboración y deliberación. Sin embargo, en el desarrollo de asociaciones de la sociedad civil, la profesionalización de las prestaciones de atención y servicios a la comunidad que asumen a menudo les conduce a jugar un papel cada vez más dominante. En parte esto se debe a los procesos autónomos de la ampliación de la escala de actuación, la profesionalización y el estatismo, y en parte a una ambigüedad inherente a la sociedad civil, en la que la auto-organización y el paternalismo tienden a mezclarse. En el comunitarismo, que es la filosofía política de la tercera vía, elementos igualitarios y jerárquicos coexisten lado a lado.

3 LA CULTURA CÍVICA MODERADA La moderada “cultura cívica”, que, según Almond y Verba, es crucial para una democracia equilibrada y sostenible, es, en esencia, un compromiso entre un estilo de ciudadanía que se adapta a la democracia pendular (los ciudadanos como simples espectadores y votantes cada cierto tiempo ) y el que se adapta a la democracia de (por y para) los votantes (los ciudadanos como votantes y como jugadores participantes y activos). La cultura cívica moderada , en la que las orientaciones pasivas y activas se complementan y equilibran unas a otras, es, Desde el punto de vista de Almond y Verba, la clave para el éxito de las democracias británica y estadounidense a principios de la posguerra, con la cultura británica inclinándose más hacia la aquiescencia inherente a la democracia pendular y la cultura americana más tendente hacia el activismo inherente a la democracia electoral orientada a una participación más activa del votante.

4 EL MODELO ALPINO Aunque la democracia electoral y la democracia de consenso son modelos contradictorios en el sentido de que difieren en ambas dimensiones de la tipología, demuestran poder compaginarse bien en algunos casos, como lo hacen, por ejemplo, en Suiza. En Austria y Alemania del Sur, vemos similares, aunque menos prominentes, variantes de un modelo de consenso dominante, complementados con referendos, consultas ciudadanas, iniciativas populares, y otros elementos de la democracia electoral. Debido a su agrupación geográfica, comúnmente se le denomina “modelo alpino” aunque su específica combinación no es endémica a las altas regiones montañosas.
Durante las últimas décadas, el interés en la democracia electoral también ha ido en aumento en otras partes del área del Rin, entre ellos los Países Bajos. En Bélgica y los Países Bajos, están en alza los sondeos informales de votantes y consumidores, mientras que el incremento de los referendos formales no ha sido tan claro. En la década de 1990, las iniciativas ciudadanas y los referéndum se institucionalizaron en los Länder alemanes del norte y el este, que no habían regulado este tipo de democracia directa en las décadas anteriores. En la actualidad, todos los Länder alemanes facilitan la expresión de la democracia electoral, tanto en el nivel local como regional de gobierno. Además, en varias ciudades y regiones una versión alemana de la Nueva Gestión Pública ha sido puesta en marcha adquiriendo fuerza progresivamente..

5 LA ALTERNATIVA LATINA. A veces los referendums son utilizados ad hoc y estratégicamente como un medio para consolidar o reforzar el poder en manos de los que poseen el poder y el liderazgo en la administración. En el pasado reciente, esto era común en América Latina y los países europeos con un sistema presidencial o semipresidencial, o, al menos, un modelo altamente institucionalizado de liderazgo. El empleo de referendos latino no puede simplemente equipararse con la democracia electoral. Por el contrario,debe ser tomado como una instancia más radical de la democracia péndular de un tipo indirecto y agregativo. Es interesante observar que un modelo radicalmente opuesto de democracia – participativa e igualitaria – puede echar raíces al mismo tiempo. En América Latina, es particularmente la teología católica la liberación y el organicismo corporativista los que han demostrado incentivar esos desarrollos. Algunos de los ejemplos más llamativos de la democracia participativa han demostrado prosperar en América del Sur.

6 El MODELO REPRESENTATIVO HÍBRIDO. En algunos casos, la democracia directa juega un papel de menor importancia, mientras que el híbrido sobre todo tiende hacia la democracia representativa. Un ejemplo de ello es el movimiento para la reforma democrática que sacudió el Reino Unido bajo el Nuevo Laborismo. El modelo británico de Westminster se convirtió en menos puro y más híbrido mediante la adición de elementos que eran en realidad más adaptables a la democracia de consenso. Otro ejemplo es el movimiento por la reforma democrática que pretendió hacer de la democracia holandesa menos consensual y más mayoritaria. Si los planes de reforma se llevasen a cabo en realidad, la democracia no mayoritaria de consenso holandesa se mezclaría con elementos que son más propios de la democracia mayoritaria pendular: elementos que deberían provocar elecciones más “emocionantes” en los distritos electorales, competencia electoral más intensa entre un pequeño número de campos de batalla políticos, y un ganador que será premiado con un mayor poder político y administrativo del que ha sido habitual en la democracia de consenso de la antigüedad.

Cuanto más de cerca observamos los sistemas democráticos que existen en la realidad mayores expresiones de coexistencia e hibridación encontramos. Podemos distinguir cuatro modalidades de coexistencia y cohabitación

Demarcación – diferentes modelos tienen un efecto relativamente fuerte en dominios separados: una gran cantidad de democracia de consenso, por ejemplo, en las políticas económicas a nivel nacional, y algunos elementos de democracia participativa en la gestión más cercana a nivel local y regional (como en los Países Bajos)

Alternante los distintos modelos se acentúan en períodos diferentes: un énfasis mayor en la democracia electoral, por ejemplo, en tiempos de austeridad fiscal y un mayor énfasis en la democracia participativa en tiempos de abundancia relativa (por ejemplo la costa oeste americana).

Intercambio – diferentes modelos llegan a un acuerdo en el que se refuerzan mutuamente: la existencia de un referéndum con resultado contundente puede estimular la búsqueda de consensos, que a su vez apoyan la necesidad de esta expresión de la democracia electoral (Suiza es el caso en cuestión).

Confluencia – interpenetran modelos diferentes: elementos de la democracia de consenso y la democracia pendular, por ejemplo, pueden combinarse en un sistema de votación más o menos mezclados (como en Alemania).

En cualquiera de sus múltiples expresiones, la praxis de la democracia es siempre más rica y caprichosa que la ortodoxia doctrinal. Esta última insiste en la pureza y en la reducción de la excepción, la práctica tiende a la impureza y la hibridez. No todos los híbridos, sin embargo, tienen la misma fortuna y resultados.