Etiquetado: Corrupción política

NEOPATRIMONIALISMO, un término para describir el funcionamiento político de España y sus 17 Comunidades Autónomas

CapturaEl concepto “Neopatrimonialismo” describe la coexistencia e interacción de instituciones formales e informales, o conductas y procedimientos informales generalizados dentro de un sistema político formal como un Estado moderno. Es un sistema en el que existen dos lógicas y patrones institucionales actuando a la vez y en paralelo: el sistema patrimonial de gobierno personalista, el clientelismo y el patronazgo, junto con el sistema legal-racional del Estado moderno. Además, las dos esferas tienden a fusionarse de modo que  el sistema patrimonial (de gobierno personal) penetra en el sistema legal-racional, tergiversa su lógica, sus funciones y sus actuaciones. Como las instituciones y los comportamientos formales e informales están íntimamente ligados entre sí de diversas maneras y en distintos grados y esta mezcla se institucionaliza. Los sistemas neopatrimonialistas se caracterizan por el clientelismo, que puede describirse como el procedimiento a través del cual los patrones mantienen su status de poder basado en la concesión de favores personales relacionados con la distribución de puestos de trabajo en el sector público o el reparto de los recursos públicos, a través de la concesión de licencias, contratos y proyectos. Así, el clientelismo es una forma de dependencia basada en el poder para distribuir de una forma desigual los recursos relacionados con la gestión de lo público que son usados en beneficio mutuo.Esto va unido a la concentración sistemática del poder político en manos de un pequeño número de individuos que actúan como mecenas. La privatización y la distribución de bienes públicos a sus clientes son factores esenciales para la estabilización y el mantenimiento de su poder.

Sin embargo, esto no impide que las redes de clientelismo puedan cambiar en parte a lo largo del tiempo. Con el Presidente en la parte superior, las redes neopatrimoniales a menudo tienen una estructura piramidal. Esto es debido a que los miembros de alto rango en el aparato estatal tienen la posibilidad de “privatizar” los cargos públicos a cuya designación  tienen acceso nombrando a amigos, socios o miembros de la familia. Con los subordinados en cada nivel reclutando sus propios clientes en los niveles por debajo de ellos, extensas redes emergen. Esto, sin embargo, no significa necesariamente que tales sistemas sean siempre totalmente centralizados. También podría ser que las diferentes redes de poder compitan por el poder, teniendo así capturadas para distintos clanes diferentes instituciones del Estado.

O´Neil distingue cuatro elementos fundamentales (que podríamos resumir en tres) en los estados neopatrimoniales:

  • Hibridación institucional. Las instituciones informales son una característica de todas las sociedades humanas, por lo tanto existen junto a instituciones formales en todos los Estados. Los estados neopatrimoniales se distinguen por la existencia y habitual prevalencia de normas y prácticas patrimoniales informales junto a las normas o instituciones jurídico-racionales formales.
  • Existencia a un tiempo de instituciones patrimoniales y legales-racionales. En los regímenes puramente patrimoniales al estilo de las monarquías absolutas, la cuestión de la legitimidad de las prácticas patrimoniales no se plantea porque no existe ninguna distinción entre la esfera pública y la privada. En los estados neopatrimoniales, sin embargo, las prácticas patrimoniales utilizan e instrumentalizan las instituciones jurídico-racionales propias de las democracias liberales. Por lo tanto, los estados neopatrimoniales se distinguen por la existencia de instituciones racionales-legales formales disfuncionales junto a las normas patrimoniales informales y el compromiso retórico de las élites para la separación de las esferas pública y privada.
  • Importancia relativa de las instituciones formales e informales: Todos los estados modernos muestran prácticas que pueden caracterizarse como patrimoniales. Los estados neopatrimoniales se distinguen por una lógica patrimonial generalizada y, a menudo, predominante sobre la jurídico-racional.
  • Incompatibilidad institucional: En sistemas políticos estables, las instituciones formales e informales rigen generalmente las reglas del juego político de forma complementaria. En los estados neopatrimoniales no sólo se carece de un conjunto común de reglas predecibles, sino que las reglas formales e informales son frecuentemente contradictorias. Esto permite la impugnación de las reglas legítimas del juego y produce incertidumbre acerca de las reglas que prevalecerán y se harán cumplir. En lugar de venir definidos por la ausencia de normas, los estados neopatrimoniales se distinguen por la presencia de múltiples y contradictorias normas o instituciones.

De este modo, el patrimonialismo y la informalidad propias de los estados neopatrimoniales se expresa a través de tres características básicas fundamentales para la comprensión de otros funcionamientos y dinámicas en su seno.

  • Escasa o nula separación de las esferas pública y privada: Esto da lugar a la apropiación privada de lo público y el uso de recursos públicos para, entre otras cosas, la legitimación política. También está íntimamente relacionada con otras prácticas como el clientelismo, el nepotismo, las relaciones de intercambio horizontales y la corrupción.
  • Primacía de los vínculos verticales sobre los horizontales: Combinando la débil separación de las esferas pública y privada con la primacía de la jerarquía vertical se obtiene como resultado el clientelismo sistémico que se ve reforzado también por la naturaleza de suma cero propia de la competencia neopatrimonial por el poder en el Estado. Esto hace que sea imperativo para los patrones y la clientela mantener sus relaciones y la estructura: para los patrones, debido a su necesidad de mantener su posición y su apoyo por parte de las bases; para los clientes, debido a la ausencia de servicios públicos confiables y universales así como mecanismos que actúen como redes de seguridad
  • Personalismo: El personalismo impregna a los estados neopatrimoniales y se expresa tanto en la forma de liderazgo (“presidencialismo”) y en la naturaleza del poder y las relaciones en toda la sociedad. Los estados neopatrimoniales tienden a ser presidencialistas. Esto no se refiere solo al sistema político formal, sino al hecho de que el poder tiende a concentrarse en una sola persona que domina el aparato del Estado y está por encima de sus leyes. Algunos autores se refieren a este fenómeno como el “liderazgo del hombre grande o fuerte” cuyas características tinden a replicarse en todos los niveles y aspectos de la sociedad.

Todo ello da lugar a una lógica política particular: los líderes y sus oponentes utilizan instituciones formales (el Estado) y reglas, normas y prácticas informales, (como el personalismo, el clientelismo, el control centralizado de facto de los recursos del Estado, etc.) para obtener legitimidad y ventaja en una competición de tipo winner-takes-all por el control del Estado.

CONSULTAS:

Anastasios Karasavvoglou • Serdar Ongan •Persefoni Polychronidou Editors.  EU Crisis and the Role of the Periphery

O’Neil,Tam Neopatrimonialism and public sector performance and reform http://www.odi.org/sites/odi.org.uk/files/odi-assets/publications-opinion-files/4393.pdf

ALGUNAS REFORMAS URGENTES EN EL SISTEMA REPRESENTATIVO E INSTITUCIONAL DE ESPAÑA

ImageCualquier ciudadano interesado en obtener unos niveles mínimos de información de su entorno socio político, es consciente de la imperiosa necesidad de relegitimar y reformar en sus aspectos formales y sustantivos nuestro sistema representativo e institucional al tornarse, por diversas circunstancias,  inoperante de facto para articular y representar la voluntad y los intereses de la compleja pluralidad política social y económica del Estado español y sus Comunidades Autónomas.

Mi propuesta de reforma del sistema representativo español resumida y a grandes rasgos para dejar claros los conceptos básicos es:

Incrementar el número de diputados en el Congreso (actual Cámara Baja)  hasta el máximo constitucional de 400 con el fin de aumentar la proporcionalidad representativa de la Cámara y permitir la inclusión de opciones políticas minoritarias lo que, entre otros efectos positivos, redundaría en una mayor pluralidad y un mejor control democrático del Ejecutivo.

Supresión del Senado al haberse demostrado completamente ineficaz para el desempeño de sus funciones teóricas básicas como la promoción de la integración territorial; su labor legislativa y de segunda lectura, y su papel de control e impulso político tanto de la política interior como de la exterior.

De hecho, resulta tristemente conocido que la Cámara Alta ha sido y es destinada de facto a colocar en asientos cómodos y bien remunerados a clientelas partitocráticas; aparcar dinosaurios de diversas procedencias como jubilación de lujo; proporcionar sinecuras a familiares y allegados,  y devolver favores de diversa índole, no siempre confesables, por servicios prestados a los partidos en distintos niveles.

Supresión de Diputaciones y Consejos Insulares cuya auténtica función es idéntica a la real del Senado (dotación de sinecuras a los aparatos de los partidos para su reparto entre las clientelas) descrita en el último párrafo, reforzando al mismo tiempo las capacidades tanto normativas como presupuestarias de los Ayuntamientos y traspasando a las CCAA las escasas competencias reales de las diputaciones que no puedan ser absorbidas por las Entidades Locales.

Transparencia absoluta por imperativo legal de la contabilidad de las formaciones políticas y sus fundaciones al máximo nivel de desglose en los distintos niveles organizativos y publicación trimestral de sus cuentas. Con el objeto de que cualquier ciudadano o entidad pueda fácil y rápidamente fiscalizar la procedencia y uso de cada euro del que disponen los partidos. Ello facilitaría el control de uno de los principales cánceres de nuestro sistema de partidos, trasladado al tejido socio económico, que es la corrupción vinculada directa o indirectamente a su financiación en A y en B.

Disminución del umbral electoral que es la proporción mínima de votos necesarios para que una lista electoral pueda conseguir escaños o representantes en las diversas cámaras legislativas. En España el umbral está situado en el 3% para las elecciones al Congreso y en el 5% para las elecciones municipales. En las elecciones autonómicas el umbral varía según el territorio, así en Cataluña se necesita un 3% mientras que en la Comunidad Valenciana es necesario un 5% de los votos emitidos. El principal objetivo del umbral electoral es evitar la fragmentación parlamentaria reforzando y premiando especialmente a los dos partidos mayoritarios

Rediseño inteligente y actualizado del tamaño de las distintas circunscripciones electorales con el objetivo de obtener resultados más proporcionales y aumentar el pluralismo representativo en las distintas cámaras legislativas. Diversos estudios han confirmado que en las elecciones de 2008 más del 86% de las circunscripciones no tuvieron tamaño suficiente para que la asignación de escaños pudiese considerarse proporcional. Esto significa que aproximadamente dos tercios de los diputados se reparten de manera muy poco o nada proporcional.

Sustitución del método D´Hondt por alguna de las alternativas existentes más compatibles con la proporcionalidad.

Evidentemente, estas reformas, a mi juicio, imprescindibles dada la actual coyuntura histórica en nuestra democracia en la que han resultado patentes los perversos efectos de la cooptación bipartidista en el tejido político, económico y social; chocan frontalmente con los intereses de las camarillas que controlan e instrumentalizan a todos los niveles los dos principales partidos a nivel estatal, PP y PSOE. Siendo realista, no cabe suponer, como la actualidad y las recientes medidas tomadas por el PP corroboran, que ninguna de las iniciativas anteriormente apuntadas o similares sean adoptadas mientras PP y PSOE copen los resortes del poder en las diversas Instituciones. Sin embargo, a día de hoy, todavía no es delito exponer públicamente este tipo de propuestas o leerlas por lo que nada perdemos con realizarlas y mucho podemos ganar todos reflexionando un minuto sobre ellas.

Sobre la corrupción

La corrupción no respeta las reglas de justicia y la equidad  proporcionando privilegios y ventajas a ciertas personas y camarillas que los demás no tienen. Asimismo transfiere recursos desde el común de la ciudadanía hacia las élites que controlan los hilos de partidos políticos e instituciones y, generalmente, desde los más pobres hacia los ricos, actuando como un impuesto extraordinario sobre los ciudadanos que merma los recursos del Erario dejando menos dinero para gasto e inversiones públicas. Los gobiernos corruptos disponen de menos recursos para gastar en sus programas y proyectos presionando a la baja, entre otras cosas, los salarios de los empleados públicos exponiéndolos, en algunos casos, en mayor medida a la tentación de caer en prácticas corruptas de distinto grado. Muchos de los cargos de designación política y empleados del gobierno pueden dedicar más tiempo y esfuerzo en llenar sus bolsillos y/o los de sus partidos y camarillas que sirviendo a los intereses públicos y al Bien Común.

Las raíces de la corrupción se asientan, entre otras cosas, en la distribución desigual de los recursos en una sociedad. La desigualdad económica proporciona un terreno fértil para la corrupción al tiempo que la corrupción conduce a mayores desigualdades estableciendo incentivos y recompensas no para los individuos, empresas y organizaciones más competitivos, eficaces y eficientes sino para aquellos que están dispuestos a corromperse en mayor grado.

La relación entre la desigualdad y la calidad del gobierno no es, sin embargo, necesariamente simple. El camino desde la desigualdad hacia la corrupción puede ser indirecto, pero la conexión es clave para entender por qué algunas sociedades son más corruptas que otras. Cuando se confía en la gente, que puede ser incluso de ámbitos diferentes del nuestro, se suele estar más predispuesto a tratarla con honestidad y beneficiarse de la corrupción puede parecer indecoroso. Cuando se desconfía de los extraños, especialmente si pensamos que están tratando de engañarnos, nuestros remordimientos y prevenciones morales contra los comportamientos corruptos son menos convincentes. La inmersión en un ambiente de corrupción y desigualdad puede causar estragos en nuestro sentido de la moral y la ética. Della Porta y Vannucci afirman que la corrupción generalizada hace que la gente esté  menos dispuesta a condenarla como inmoral. Como la corrupción se generaliza, se convierte en profundamente arraigada en la sociedad. La gente empieza a creer que la deshonesta es la única manera de conseguir que las cosas funcionen.

El argumento que conduce desde la desigualdad hacia la corrupción pasando por la desconfianza, retroalimentándose a sí mismo en lo que podemos llamar la “trampa de la desigualdad”, contrasta con el enfoque más común para explicar la corrupción como derivada de instituciones deficientes. Las raíces de la corrupción son no solo institucionales sino, en gran medida, arraigadas en la desigualdad económica y un ambiente y cultura de desconfianza generalizada que a su vez se deriva de una distribución desigual de la riqueza.

La trampa de la desigualdad es muy difícil de romper, planteándose un modelo donde la desigualdad, la desconfianza y la corrupción se refuerzan mutuamente:

desigualdad -> baja confianza -> corrupción -> más desigualdad

Las recetas más tradicionales de la lucha contra la corrupción sugieren que la cura contra el mal es encarcelar a los políticos corruptos, pero si solamente nos limitamos a eso (y por supuesto que debemos hacerlo con mayor severidad) serán reemplazados para cumplir su función por otros corruptos líderes políticos y partidistas en breve lapso de tiempo.

La corrupción no es fácil de erradicar si se basa principalmente en la distribución de los recursos (la desigualdad económica) y la cultura de desconfianza arraigada en la sociedad. Los cambios institucionales no suelen ser fáciles, pero su dificultad es poca en comparación con la remodelación de la cultura de una sociedad o de su distribución de la riqueza y el poder. La corrupción, la desigualdad y la confianza son muy “viscosos”: no cambian mucho con el tiempo.

 

El vínculo entre la desigualdad y la corrupción parece irrefutable. La corrupción es explotación. No toda la corrupción está vinculada a la desigualdad. La “gran” corrupción se refiere a hechos delictivos de gran magnitud perpetrados por los políticos, sus camarillas y sus redes clientelares que se aprovechan de sus posiciones para enriquecerse o incrementar su poder e influencia con fines ajenos al Interés General o una interpretación ética del mismo. La gran corrupción suele estar relacionada con ampliar las ventajas de los ya bien dotados de riqueza y poder. “La pequeña corrupción”, los pequeños sobornos a  médicos, policías y hasta profesores universitarios, muy común en los países ex comunistas de Europa Central y Oriental así como en muchos países pobres es diferente en especie, si no en el espíritu. La corrupción a pequeña escala no enriquece a quienes la practican. Puede depender de una distribución desigual de la riqueza aunque no debería haber necesidad de hacer los pagos “regalo” en una economía de mercado que funcione adecuadamente.

La desigualdad promueve la corrupción de diversas formas. Es perjudicial para la seguridad de los derechos de propiedad y libre competencia legítima, y por lo tanto, para el crecimiento económico, ya que permite a los ricos  y poderosos subvertir las instituciones políticas, reglamentarias y legales de la sociedad para su propio beneficio. Si un determinado individuo es lo suficientemente más rico que otro, y los tribunales son corruptibles o el sistema legal es tan lento y gravoso para los litigantes que los menos ricos no pueden permitirse recurrir a él , entonces el sistema legal favorecerá a los ricos, no a los justos ni a la Justicia. De forma similar, si las instituciones políticas y reguladoras pueden ser controladas por la riqueza o la influencia estas favorecerán a los ya ricos y poderosos no a la eficiencia. Esto a su vez conduce e incentiva a los inicialmente bien situados a emprender  actos socialmente perjudiciales, a sabiendas de que los sistemas jurídicos, políticos y reguladores no los harán responsables.

You y Kaghram afirman: “Los ricos, como los grupos de interés, empresas o individuos pueden emplear el soborno o las conexiones para influir en los procesos de implementación de la ley (la corrupción burocrática) y para comprar la interpretación favorable de la ley (la corrupción judicial).

 

La desigualdad alimenta la corrupción principalmente porque:

1- La mayoría de ciudadanos de a pie para ven el sistema como en contra de ellos,

2-  Provoca un sentido de dependencia de los ciudadanos comunes y un sentido de pesimismo para el futuro, que a su vez socava los dictados morales para tratar su conciudadanos con honestidad, y

3- Distorsiona las instituciones clave de la equidad, la justicia y el imperio de la Ley en la sociedad, los tribunales, donde los ciudadanos ven como sus protectores contra la injusticia, acaban favoreciendo los intereses de los más poderosos.

 

La desigualdad económica crea  líderes políticos que hacen del clientelismo una virtud más que un vicio, ya que proporcionan puestos de trabajo para las camarillas y ciudadanos comunes que sirven a sus intereses. Estos líderes ayudan a algunos de sus electores, pero de manera más crítica y significativa se ayudan a sí mismos. La desigualdad alimenta la corrupción  y la dependencia de los pobres respecto de los líderes políticos que pueden patrocinarlos. La desigualdad lleva al clientelismo – Los líderes se establecen a sí mismos como proveedores monopolísticos de los beneficios para los ciudadanos. Estos líderes no son, de facto, responsables ni fiscalizables ante sus electores como teoría de la democracia nos han hecho creer.

Son muchas, variadas y no siempre evidentes las trampas que se pueden tender a un sistema democrático con elecciones periódicas, de modo que el vínculo entre el gobierno democrático y honesto no puede ser tan fuerte como lo que inicialmente era de esperar. Por ejemplo, el jefe del partido político en el poder está muy arraigado en su posición y en su zona. Los Potenciales opositores no tienen los recursos para montar un verdadero desafío   y, aunque lo intentasen, el jefe del gobierno puede contar con el apoyo de las legiones cuyos puestos de trabajo controla a través de su máquina de patrocinio.

Una riqueza desigual lleva a la gente a sentirse menos limitada por los demás a la hora de hacer trampas y evadir impuestos. Donde la corrupción está muy extendida, las personas se dan cuenta de que no son dueños de su propio destino perdiendo la fe de que su futuro pueda ser brillante. La gente se resigna a su suerte.

Si los ciudadanos sienten que han sido tratados injustamente por la policía o en los tribunales, son lógicamente menos propensos a tener fe en el sistema legal. El sistema de justicia es especialmente importante por dos razones. En primer lugar, un sistema judicial corrupto puede proteger a las élites deshonestas de las represalias. En segundo lugar, los tribunales, más que cualquier otro poder del Estado, se supone que son neutrales e imparciales. Cuando la gente tiene poca fe en la imparcialidad del sistema judicial, existen pocos incentivos para cumplir la ley.

 

La corrupción es el “capital social negativo”. Es vergonzosa y deshonesta, sin duda alguna, pero es más que eso. Explota a los desfavorecidos  por el poder y la riqueza para otorgar más riqueza y poder a las personas que ya tienen una gran cantidad de los mismos. No hay manera fácil de salir de esta trampa de la desigualdad. La lucha contra la corrupción significa abordar la desigualdad, y
las políticas que funcionan mejor para reducir la desigualdad y promover la confianza – políticas universales de bienestar social – también dependen de gobiernos honestos para repartir y redistribuir los bienes y de un pacto social para proporcionar beneficios como educación universal y cuidado de la salud para los ricos y los pobres por igual. Altos niveles de corrupción significan que estos servicios no pueden ser proporcionados y la desigualdad subyacente a la corrupción a gran escala no hará sino aumentar.

 

Sobre la corrupción política

Corrupción política es un término empleado generalmente para describir el empleo y abuso de cargos e instituciones políticas y públicas para obtener ganancias privadas de manera ilegítima. Algunas de las formas más comunes de corrupción se refieren a cuestiones como el  acceso a los legisladores y los miembros de la rama ejecutiva, así como el “patronazgo” o el clientelismo. Se ha argumentado que mientras la corrupción es generalizada y frecuentemente considerada sistémica en muchos sistemas políticos, es solamente en las democracias occidentales donde su denuncia se ha convertido en uno de los pilares de la moderna cobertura mediática de la política, siempre que la trama de intereses que controlan determinados medios de comunicación no puedan evitar su exposición al público: el escándalo político. Los estudiosos del campo de la comunicación política se han interesado en la corrupción especialmente en lo que respecta a tres diferentes áreas: la creciente importancia del dinero en la política en general y en las campañas electorales, en particular como una razón para el aparente aumento de la corrupción, la exposición de la corrupción por los medios de comunicación, y la reacción tras esta exposición por los medios de comunicación y las personas involucradas.

Es  bien sabido que la actividad política hoy representa una mayor carga financiera sobre los actores que nunca con anterioridad. Si bien la corrupción para beneficio personal es, sin duda, no infrecuente, este motivo no es suficiente para explicar el aumento de estas prácticas. Sin embargo, uno de los temas que a menudo se ha relacionado con este incremento de la corrupción es la cuestión de la financiación de la actividad política en la sociedad moderna. El aumento de los costos de las faraónicas campañas políticas en todos los niveles de gobierno son generalmente el resultado de una creciente necesidad de la publicidad multinivel, a la que se le da un protagonismo muy superior al contenido real de los programas, y, como tal, han sido bien documentados.

Es perfectamente conocido que como los actores políticos sienten incrementarse la presión para asegurar altos niveles de financiación con el objeto de sufragar sus campañas y las actividades del partido, un incremento de la corrupción vinculada a la financiación partidista es un resultado más que probable. A cambio de contribuciones financieras, las empresas, particulares y determinados grupos de presión tienen garantizado el acceso a los cargos electos consiguiendo en muchísimos casos que sean tomadas decisiones, que de otro modo no hubieran sido adoptadas en ese sentido, favorables a los intereses de los donantes de recursos.

Otro foco de los investigadores es el papel de los medios de comunicación a la hora de denunciar la corrupción. Esta función de los medios es a menudo descrita como de necesario cumplimiento de su papel como Cuarto Estado o Cuarto Poder, proporcionando control sobre el funcionamiento del gobierno y contribuyendo a remediar las consecuencias de la corrupción. El descubrimiento de de casos de corrupción y sus distintas practicas y aspectos dentro del gobierno son a menudo el resultado de un profundo reportaje de investigación.

Se ha argumentado que en los Estados Unidos, la ejecución por parte de los medios de comunicación de esta función se ha reducido en los últimos años después de su auge durante e inmediatamente después de la era del Watergate. De modo similar esto ha ocurrido también en Europa. La llamada “tabloidizacion”  de los medios de comunicación puede ser en parte culpable ya que el foco de la cobertura informativa se ha ido centrando cada vez más en el terreno personal en lugar del de la política o el sistema. Bajo este modelo, el objetivo de parte  del periodismo de investigación se ha convertido en exponer pecadillos privados de famosos o pseudo-famosos en vez de los abusos de poder y posición. Además, los patrones de propiedad de los medios se han citado como una razón para el declive del periodismo de investigación. Por un lado ,los recursos proporcionados para la recopilación de noticias han disminuido en general en la propiedad corporativa. Por otro lado, los conflictos de interés que pueden inhibir la exposición de los vínculos financieros entre poderosos grupos de interés o de las empresas y los actores políticos también suelen tener una influencia decisiva sobre la naturaleza de las informaciones. Los investigadores también están interesados ​​en lo que ocurre cuando la corrupción se descubre y se hace pública.Theodore Lowi ha definido los escándalos como “corrupción revelada”, y es la prensa quien  es en gran parte responsable de la reacción a estos escándalos. Sea o no un escándalo “el recorrido” es determinado por el interés que los medios de comunicación muestran en él más que por la sustancia de la corrupción subyacente. Mientras que los medios pueden llegar a ser responsables de los cambios en la política e incluso pueden hacer que políticos y cargos públicos  abandonen sus cargos (como fue el caso después de Watergate, por ejemplo), también puede crear una situación en la que es rápidamente olvidado un determinado escándalo debido a un cambio de enfoque en otro asunto más conveniente o, de hecho, el próximo escándalo.

 

Me propongo, en una próxima entrada que no necesariamente va a ser la siguiente a la presente, abordar con detenimiento el interesante tema de los escándalos políticos en cuanto a su tipología, su desarrollo y sus consecuencias.