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NEOPATRIMONIALISMO, un término para describir el funcionamiento político de España y sus 17 Comunidades Autónomas

CapturaEl concepto “Neopatrimonialismo” describe la coexistencia e interacción de instituciones formales e informales, o conductas y procedimientos informales generalizados dentro de un sistema político formal como un Estado moderno. Es un sistema en el que existen dos lógicas y patrones institucionales actuando a la vez y en paralelo: el sistema patrimonial de gobierno personalista, el clientelismo y el patronazgo, junto con el sistema legal-racional del Estado moderno. Además, las dos esferas tienden a fusionarse de modo que  el sistema patrimonial (de gobierno personal) penetra en el sistema legal-racional, tergiversa su lógica, sus funciones y sus actuaciones. Como las instituciones y los comportamientos formales e informales están íntimamente ligados entre sí de diversas maneras y en distintos grados y esta mezcla se institucionaliza. Los sistemas neopatrimonialistas se caracterizan por el clientelismo, que puede describirse como el procedimiento a través del cual los patrones mantienen su status de poder basado en la concesión de favores personales relacionados con la distribución de puestos de trabajo en el sector público o el reparto de los recursos públicos, a través de la concesión de licencias, contratos y proyectos. Así, el clientelismo es una forma de dependencia basada en el poder para distribuir de una forma desigual los recursos relacionados con la gestión de lo público que son usados en beneficio mutuo.Esto va unido a la concentración sistemática del poder político en manos de un pequeño número de individuos que actúan como mecenas. La privatización y la distribución de bienes públicos a sus clientes son factores esenciales para la estabilización y el mantenimiento de su poder.

Sin embargo, esto no impide que las redes de clientelismo puedan cambiar en parte a lo largo del tiempo. Con el Presidente en la parte superior, las redes neopatrimoniales a menudo tienen una estructura piramidal. Esto es debido a que los miembros de alto rango en el aparato estatal tienen la posibilidad de “privatizar” los cargos públicos a cuya designación  tienen acceso nombrando a amigos, socios o miembros de la familia. Con los subordinados en cada nivel reclutando sus propios clientes en los niveles por debajo de ellos, extensas redes emergen. Esto, sin embargo, no significa necesariamente que tales sistemas sean siempre totalmente centralizados. También podría ser que las diferentes redes de poder compitan por el poder, teniendo así capturadas para distintos clanes diferentes instituciones del Estado.

O´Neil distingue cuatro elementos fundamentales (que podríamos resumir en tres) en los estados neopatrimoniales:

  • Hibridación institucional. Las instituciones informales son una característica de todas las sociedades humanas, por lo tanto existen junto a instituciones formales en todos los Estados. Los estados neopatrimoniales se distinguen por la existencia y habitual prevalencia de normas y prácticas patrimoniales informales junto a las normas o instituciones jurídico-racionales formales.
  • Existencia a un tiempo de instituciones patrimoniales y legales-racionales. En los regímenes puramente patrimoniales al estilo de las monarquías absolutas, la cuestión de la legitimidad de las prácticas patrimoniales no se plantea porque no existe ninguna distinción entre la esfera pública y la privada. En los estados neopatrimoniales, sin embargo, las prácticas patrimoniales utilizan e instrumentalizan las instituciones jurídico-racionales propias de las democracias liberales. Por lo tanto, los estados neopatrimoniales se distinguen por la existencia de instituciones racionales-legales formales disfuncionales junto a las normas patrimoniales informales y el compromiso retórico de las élites para la separación de las esferas pública y privada.
  • Importancia relativa de las instituciones formales e informales: Todos los estados modernos muestran prácticas que pueden caracterizarse como patrimoniales. Los estados neopatrimoniales se distinguen por una lógica patrimonial generalizada y, a menudo, predominante sobre la jurídico-racional.
  • Incompatibilidad institucional: En sistemas políticos estables, las instituciones formales e informales rigen generalmente las reglas del juego político de forma complementaria. En los estados neopatrimoniales no sólo se carece de un conjunto común de reglas predecibles, sino que las reglas formales e informales son frecuentemente contradictorias. Esto permite la impugnación de las reglas legítimas del juego y produce incertidumbre acerca de las reglas que prevalecerán y se harán cumplir. En lugar de venir definidos por la ausencia de normas, los estados neopatrimoniales se distinguen por la presencia de múltiples y contradictorias normas o instituciones.

De este modo, el patrimonialismo y la informalidad propias de los estados neopatrimoniales se expresa a través de tres características básicas fundamentales para la comprensión de otros funcionamientos y dinámicas en su seno.

  • Escasa o nula separación de las esferas pública y privada: Esto da lugar a la apropiación privada de lo público y el uso de recursos públicos para, entre otras cosas, la legitimación política. También está íntimamente relacionada con otras prácticas como el clientelismo, el nepotismo, las relaciones de intercambio horizontales y la corrupción.
  • Primacía de los vínculos verticales sobre los horizontales: Combinando la débil separación de las esferas pública y privada con la primacía de la jerarquía vertical se obtiene como resultado el clientelismo sistémico que se ve reforzado también por la naturaleza de suma cero propia de la competencia neopatrimonial por el poder en el Estado. Esto hace que sea imperativo para los patrones y la clientela mantener sus relaciones y la estructura: para los patrones, debido a su necesidad de mantener su posición y su apoyo por parte de las bases; para los clientes, debido a la ausencia de servicios públicos confiables y universales así como mecanismos que actúen como redes de seguridad
  • Personalismo: El personalismo impregna a los estados neopatrimoniales y se expresa tanto en la forma de liderazgo (“presidencialismo”) y en la naturaleza del poder y las relaciones en toda la sociedad. Los estados neopatrimoniales tienden a ser presidencialistas. Esto no se refiere solo al sistema político formal, sino al hecho de que el poder tiende a concentrarse en una sola persona que domina el aparato del Estado y está por encima de sus leyes. Algunos autores se refieren a este fenómeno como el “liderazgo del hombre grande o fuerte” cuyas características tinden a replicarse en todos los niveles y aspectos de la sociedad.

Todo ello da lugar a una lógica política particular: los líderes y sus oponentes utilizan instituciones formales (el Estado) y reglas, normas y prácticas informales, (como el personalismo, el clientelismo, el control centralizado de facto de los recursos del Estado, etc.) para obtener legitimidad y ventaja en una competición de tipo winner-takes-all por el control del Estado.

CONSULTAS:

Anastasios Karasavvoglou • Serdar Ongan •Persefoni Polychronidou Editors.  EU Crisis and the Role of the Periphery

O’Neil,Tam Neopatrimonialism and public sector performance and reform http://www.odi.org/sites/odi.org.uk/files/odi-assets/publications-opinion-files/4393.pdf

REDES CLIENTELARES Y FUNCIONAMIENTO DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Me apetece poner hoy el foco en las redes clientelares uno de los cánceres que junto con el de la financiación opaca de los partidos, corrompe la calidad y legitimidad de nuestro sistema representativo, convirtiendo a los partidos políticos cuya función, entre otras, debiera ser articular la voluntad de la ciudadanía en la dirección de una determinada concepción del Interés General, en una suerte de zoco de intereses particulares o de camarillas, las más de las veces, poco confesables.

Las redes de patrón-cliente están formadas por individuos de diferente estatus social con el objetivo de obtener un provecho mutuo. Los lazos patrón-cliente involucran, en un enfoque simplificado, a dos personas, en relaciones relativamente cercanas, en las que los individuos de mayor estatus social o poder político (los patrones) utilizan sus recursos y poder para otorgar beneficios materiales, cargos relativamente bien remunerados o proporcionar cierto tipo de seguridad a los individuos de menor estatus social o influencia (los clientes). En compensación, los clientes ofrecen apoyo político, votos y servicios de distinta índole además de ciertos trabajos no remunerados  a su patrón.

El reclutamiento y la movilidad ascendente dentro de los partidos políticos suelen llevarse a cabo a través de estas redes jerárquicas de relaciones patrón-cliente, en la que los aspirantes a cargo o sinecura en los diversos niveles organizativos, desde la base hasta la clave de la pirámide jerárquica, rinden servicio como clientela de políticos o cargos con más poder y mejor establecidos, gracias a su vez a prestar y haber prestado apoyos, no siempre confesables, a otros más altos en la jerarquía de la organización partitocrática.

Los lazos patrón-cliente están construidos tanto por motivos instrumentales como, en algunos casos, por motivos emocionales. Cabe debatir la extensión en la que estos lazos están constituidos en base a cierta norma de reciprocidad en la que los clientes valoran el carácter personal y permanente de la relación y expresan profundos sentimientos de lealtad hacia el patrón o, más bien, basados en el miedo de los clientes a que los beneficios distribuidos por el patrón sean interrumpidos al dejar de bendecir al cliente con su apoyo. Podemos observar, por tanto, que las relaciones entre el patrón y el cliente son a la vez voluntarias y de explotación a causa del carácter asimétrico del nexo de unión y la distribución de información y poder entre ellos.

En contraste con las normas formales de ciudadanía en los regímenes políticos más modernos que subrayan el universalismo y la igualdad en el acceso a la información y los recursos públicos, los lazos entre el patrón y su clientela son altamente personales y particularistas; de hecho, estas relaciones clientelares tienen valor para ellos porque les permiten eludir las normas universalistas de las sociedades modernas permitiéndoles acceder a los recursos públicos de forma ventajosa y opaca.

Estas redes clientelares operan de forma más efectiva allí donde el patrón -sea éste un individuo, una organización o un partido político- puede comprobar que su cliente ha cumplido con su parte del quid pro quo, ya sea votando al candidato pre cocinado y designado por el líder, apoyando a la facción del patrón en las luchas internas de poder o trabajando de diversas formas para su campaña.

El voto secreto, si es realmente confidencial, puede socavar las relaciones clientelares, sin embargo, dado que los patrones suelen tener múltiples clientes – frecuentemente desconocidos unos para otros ya que las relaciones tienden a ser de carácter vertical y diádico- pueden tener modos de comprobar qué clientes en concreto han proporcionado el apoyo requerido.

Las existencia de redes clientelares implican que el apoyo del cliente puede ser comprado de uno u otro modo lo que sugiere que los clientes son relativamente más pobres (ya sea económica, intelectual o jerárquicamente) que sus patrones. Paralelamente, los patrones o los partidos políticos que como tales actúan deben tener acceso a recursos significativos y divisibles para poder distribuir selectivamente según su arbitrio.

Como cualquier conocedor medio de la realidad interna de los partidos políticos puede comprobar, los cargos de designación política que ejercen como patrones en su nivel de influencia, prefieren rodearse de clientelas fácilmente controlables y manipulables ya sea debido a unas capacidades intelectuales y morales reducidas en relación a su patrón o debido a su implicación en casos de corrupción, ilegalidades, fraudes o irregularidades (muchas veces relacionadas con la financiación del partido o encubiertas tras ella) cuya salida a la luz pudiese ocasionarles inconvenientes de diverso tipo y gravedad.

La alta discreccionalidad en la contratación, directa o indirecta a través de empresas ad hoc, de personal laboral o eventual por parte de las distintas administraciones públicas permite a los partidos utilizar estos  empleos públicos  como parte del botín a distribuir entre la clientela en función de los servicios prestados.

Los partidos políticos que se comportan de facto como poco más que un tejido de relaciones clientelares tienden a ser ideológicamente inconsistentes más allá de los clichés genéricos de argumentario, políticamente incoherentes, y dotados de cierto grado de debate interno únicamente cuando al estar en la oposición el botín a repartir entre las diversas clientelas deviene escaso y disputado. Otro mecanismo muy empleado por los partidos políticos que funcionan con un alto grado de clientelismo es la creación de diversos tipos de fundaciones controladas por ellos para producir, distribuir o prestar a través de estas redes ciertos bienes o servicios para poder instrumentalizarlos en lugar de optar por una provisión pública y transparente de estos bienes y servicios.

Os propongo el pasatiempo de encontrar ejemplos que ilustren el contenido de esta entrada en nuestros principales partidos políticos. Con PP, PSOE y CiU (evidentemente no en exclusiva), hay un material inabarcable y bochornoso tanto a nivel local como provincial, autonómico o estatal. Particularmente, en mi caso, no daría a basto para reseñar los ejemplos derivados del conocimiento de algunas de las realidades políticas en Calviá, Baleares, el Consell Insular de Mallorca y el resto del Estado.

¿Y vosotros?